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Editorial SAN PABLO
 
Vida Pastoral

Ecumenismo

Las diferentes expresiones del luteranismo en Argentina.

La Iglesia Evangélica del Río de la Plata y la Iglesia Evangélica Luterana en Argentina

Autor: Jorge A. Scampini


Como lo señalaba al finalizar mi última nota en Vida Pastoral (ver 287, pág. 23), los cristianos luteranos en Argentina se congregan hoy en cuatro iglesias, con orígenes e historias diferentes en nuestro país. Estas iglesias son: la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP); la Iglesia Evangélica Luterana en Argentina (IELA); el Sínodo Danés; la Iglesia Evangélica Luterana Unida (IELU). A grandes rasgos es posible decir que las dos primeras de esas cuatro iglesias han sido inicialmente de habla alemana; mientras que las restantes han co-rrespondido al luteranismo de habla danesa (Sínodo Danés) y al de otros grupos étnicos o al de aquellos que, sin ser de origen luterano, se incorporaron al luteranismo como fruto del trabajo de misioneros luteranos en nuestro país (IELU). Nos detendremos ahora en la presentación de las dos primeras iglesias.   De la primera presencia luterana a la constitución de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP)   La historia de la IERP, según el autorizado estudio de A. Büntig [La Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP) y la congregación evangélica de Esperanza (Santa Fe): ensayo de ubicación histórico-sociocultural y sociorreligiosa. Pistas de acción pastoral. Resultados de una investigación, Buenos Aires 1973], puede dividirse en cuatro períodos: a) El arraigo; b) La consolidación; c) La institucionalización; d) La nacionalización. a) El arraigo Los primeros testimonios acerca de la presencia de protestantes de habla alemana en el Río de la Plata se remiten a 1821, y se refieren a “residentes” –comerciantes, artesanos, científicos, etc.–, de diversa procedencia, ya que en este entonces lo que hoy es Alemania era una diversidad de pequeños estados. En las décadas posteriores se sumarán a este grupo inicial los primeros contingentes de “inmigrantes”. Hacia 1830, el número de residentes protestantes de habla alemana se calculaba en unos 300 (una cifra semejante se estimaba para los católicos del mismo origen), encontrándose entre ellos luteranos y reformados. Al no contar con cementerio ni templo propio, eran sepultados en el cementerio protestante de habla inglesa, creado en 1821, y participaban en el culto en los templos de las iglesias anglicana (a partir de 1826) o presbiteriana (a partir de 1829). A medida que el grupo de habla alemana fue creciendo en número, se hizo sentir la necesidad de establecer los propios espacios. Así, en 1833, se creó el cementerio, ubicado en las actuales calles Alsina y Pasco. Pocos años más tarde, se estableció una escuela dominical para que los niños pudieran ser formados en la lengua alemana y en la religión cristiana. Estos pasos ayudaron a cristalizar la idea de constituir una congregación alemana que pudiera celebrar el culto de acuerdo a su propia tradición, contando con su propio pastor. Esta idea comienza a realizarse en 1843, con la fundación de la Congregación Evangélica Alemana. Los miembros de la nueva congregación se dirigieron entonces a la Asociación Evangélica de Bremen, solicitando una audiencia en la Iglesia Regional de Prusia, para que ésta enviara un pastor al Río de la Plata. Es importante tener en cuenta este dato, pues ha marcado la identidad de la futura IERP y ha sido un factor importante en su desarrollo histórico. En efecto, la Iglesia Prusiana era, desde 1817, por decisión de Federico Guillermo III, una iglesia unida, es decir que en la misma estructura eclesiástica se congregaban luteranos y reformados; por lo tanto, a nivel confesional, no era una iglesia exclusivamente luterana. La petición recibió una respuesta favorable y fue enviado a Buenos Aires el pastor Ludwig Siegel, de origen reformado. Llegado a su destino, el nuevo pastor fue reconocido oficialmente por el gobierno de Buenos Aires el 18 de octubre de 1843. En los primeros meses Siegel tomó algunas decisiones. Constatando la complejidad confesional de la nueva congregación, integrada por luteranos, reformados y unidos, optó por utilizar la liturgia de la Iglesia de Prusia; decisión aceptada por la Comisión Directiva. En los primeros tiempos, ese culto se celebraba en la iglesia anglicana de san Juan Bautista. En noviembre de 1843, comenzó a funcionar una escuela propia. La construcción del primer templo debió esperar diez años, siendo inaugurado el 11 de febrero de 1853; el mismo se edificó en el solar que aún ocupa: Esmeralda 162. Este templo, construido en antiguo estilo gótico alemán, ha sido reconocido como monumento histórico. En esos primeros años la congregación era urbana, es decir, circunscrita a los límites de la ciudad de Buenos Aires. En las décadas siguientes, con la llegada de los primeros inmigrantes, el panorama cambiará. b) La consolidación Como respuesta a las primeras propuestas que surgían de las políticas inmigratorias, llegan a partir de 1856 los primeros inmigrantes de origen suizo, quienes establecieron diferentes colonias rurales en las provincias de Santa Fe (Esperanza, San Carlos, Roldán), Buenos Aires (Baradero), Entre Ríos y también en Uruguay. Había entre ellos católicos y reformados. En las nuevas colonias buscaron muy pronto celebrar su propio culto y, para ello, edificaron sus templos. En un primer momento llamaron a pastores reformados suizos pero, no habiendo sido esto siempre posible, las comunidades de origen helvético se dirigieron a la congregación de habla alemana de Buenos Aires, pidiendo el auxilio de pastores de la Unión Prusiana. De este modo, las comunidades reformadas suizas establecieron un vínculo con la Congregación Evangélica Alemana de Buenos Aires. El panorama se diversifica más aún cuando, a partir de 1877-1878, comienzan a llegar inmigrantes de habla alemana provenientes de Rusia, descendientes de aquellos alemanes que, atraídos por las promesas de Catalina II, se habían trasladado a la región del Volga en el siglo XVIII. Los nuevos inmigrantes, conocidos como ruso-alemanes o alemanes del Volga, se establecieron inicialmente en la Colonia Alvear y luego en otros lugares de la provincia de Entre Ríos, en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, La Pampa, Santa Fe, Chaco y Uruguay. El nuevo grupo no era homogéneo en materia religiosa, ya que entre ellos había católicos, luteranos y reformados. Como el Sínodo Luterano del Volga, desde sus orígenes, había mantenido relaciones con la Unión Prusiana, al fundarse las nuevas colonias en suelo argentino, solicitaron pastores a Prusia. De este modo, a fines del siglo XIX, la población de habla alemana se había visto fuertemente incrementada, si bien no era una población homogénea, ya que se distinguía entre aquellos que eran de nacionalidad alemana –Reichsdeutsche–, y quienes pertenecían a la cultura germánica –Volksdeutsche–. c) La institucionalización En 1899, a instancias de un miembro de las colonias de habla alemana de Santa Fe, fue convocado un sínodo que reunió a delegados y ministros de once de las trece congregaciones protestantes de habla alemana de Argentina, Uruguay y Paraguay. Como resultado de la asamblea se decidió la fundación de la Confederación de Congregaciones Evangélicas Alemanas de los Estados del Plata, que pronto se convertirá en el Sínodo Evangélico Alemán del Río de la Plata (SEARP). Se trataba de una federación de congregaciones, con sede en Buenos Aires, cuyos estatutos fueron aprobados más tarde por el Consejo de la Iglesia Evangélica de la Unión Prusiana y que incluía a todos aquellos que por lengua, procedencia o vínculos culturales podían pasar por alemanes. El nuevo Sínodo aseguraba una coordinación de las congregaciones establecidas en Argentina y un vínculo formal con el aparato eclesiástico alemán. Desde su nacimiento esta iglesia integró congregaciones de diferentes confesiones: se calcula que en la constitución inicial había un 90% de luteranos y un 10% de reformados. Hacia 1903, había dieciocho pastores contratados. Sin embargo, no era fácil responder a todas las demandas pastorales. En efecto, las condiciones de las nuevas congregaciones rurales eran precarias, a nivel humano y económico. El número de pastores era muy reducido, y se sumaba a ello la escasez de ayuda económica llegada de Alemania. Las dificultades en las comunicaciones hacían prácticamente imposible que unos pocos pastores, primero desde Esperanza y luego desde Colonia Alvear, atendiesen de manera regular a las congregaciones diseminadas en el territorio entrerriano. Esto provocó quejas a causa de la inadecuada atención pastoral; sin estar ausentes los motivos confesionales. Las autoridades del Sínodo no respondieron, y las congregaciones entrerrianas buscaron ayuda, por sus propios medios, en Brasil y Estados Unidos, lugares adonde se habían establecido otros grupos de alemanes del Volga. Esto explica por qué, a partir de 1905, luteranos de una tendencia más ortodoxa y pietista se adhirieron a la Iglesia Luterana que se conoce como Sínodo de Missouri, que se había establecido ya en Brasil. Este fue el origen de la Iglesia Évangelica Luterana en Argentina (IELA), a la que volveremos en esta misma nota. Más tarde (1922), otro grupo, a partir del que se congregaba en Aldea San Antonio (Entre Ríos), también se separará, constituyendo la Iglesia Congregacional. La miseria que padecieron muchos países europeos al concluir la Primera Guerra Mundial, significó la llegada de nuevos contingentes de habla alemana, provenientes de la misma Alemania o de otros países de la Europa Central. Muchos de ellos se establecieron en la provincia de Misiones. Un proceso semejante se viviría décadas más tarde, al terminar la Segunda Guerra Mundial. A estas dos corrientes inmigratorias, se sumará una tercera, proveniente de Brasil, establecida también en Misiones, especialmente durante el régimen de Getulio Vargas. Esta diversidad de grupos, por su procedencia y sus convicciones teológicas, experimentará tensiones a causa de las diferencias políticas y al modo de concebir las relaciones con la “madre patria”. En efecto, el surgimiento del Tercer Reich encontró adeptos también entre los residentes o inmigrantes alemanes en Argentina y sus descendientes, lo que suscitó divisiones en el seno del Sínodo del Río de la Plata. Hitler, como había sucedido ya a inicios del siglo XIX en Prusia bajo el reinado de Federico Guillermo III, procuró tener una única organización eclesiástica protestante en todo el territorio alemán. Con ese propósito, fundó la Iglesia Evangélica Alemana, una especie de federación de todas las iglesias regionales. En 1934, el Sínodo Evangélico Alemán del Río de la Plata dejó de depender de la Iglesia Prusiana y se afilió a la Iglesia Evangélica en Alemania. Esto se tradujo en una fuerte acentuación de la “germanidad”, identificando pertenencia eclesial y etnicidad alemana. Por esa razón algunos abandonaron el Sínodo. d) La nacionalización Finalizada la Segunda Guerra Mun-dial, se reorganizó la iglesia evangélica en Alemania gracias a los cuadros de la “iglesia confesante” –aquellos que en la Declaración de Barmen (1934) se opusieron abiertamente al régimen nazi, declarando que estaba en juego la misma fe–. Esta reorganización se hizo sentir positivamente en el Sínodo del Río de la Plata, que se vio beneficiado por la presencia de nuevos pastores llegados de Alemania. Se priorizó la proclamación del Evangelio como misión eclesial sobre la preservación de la cultura y el idioma alemán. Esto proporcionó una nueva visión acerca de la Iglesia y de su misión en Argentina. En ese contexto, la Iglesia Evangélica de Alemania alentó los deseos de independencia eclesial que comenzaban a manifestarse en el Río de la Plata. Un proceso que se inició en 1956, y culminó en 1965 con la creación de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata –desapareció así el adjetivo “alemana”–, cuyos nuevos estatutos, como asociación civil, fueron aprobados por el gobierno argentino en 1969. Más que interesantes fueron los argumentos presentados en los debates en torno a la introducción del culto en castellano (1959). Para quienes eran favorables a dar este paso se trataba, ni más ni menos, que de evitar reducir la religión al ámbito privado, y buscar comunicarla en la esfera de la vida cotidiana, la escuela, la educación y la vida profesional.   Actual organización de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata   A lo largo de casi 160 años la IERP conoció etapas de crecimiento numérico y de expansión hacia otras regiones de nuestro país. Y también etapas de decrecimiento, por diversas razones: matrimonios mixtos; proceso de secularización; migraciones internas; re-emigración al extranjero; disminución de la natalidad. Actualmente la IERP incluye las congregaciones presentes en Argentina, Paraguay y Uruguay. El número de miembros asciende aproximadamente a 25.000, en 42 congregaciones, conformadas en algunos casos por varias parroquias y comunidades filiales, sumando cerca de 250 lugares de predicación. La Congregación Evangélica Alemana de Buenos Aires es la congregación más grande y está dividida en nueve parroquias: Centro (calle Esmeralda); Villa Ballester; Martínez; Castelar; Florida; Los Polvorines; Belgrano; Olivos; Baradero. Las 42 congregaciones están agrupadas a su vez en 7 distritos: Paraguay, Uruguay, y cinco en Argentina (Metropolitano, Sur, Oeste, Entre Ríos y Misiones). Unos 60 pastores y pastoras, diáconos y diaconisas ordenados ejercen actualmente su ministerio en la IERP; el 95% de ellos recibió su formación teológica en nuestro país, en la ex Facultad Luterana de Teología o, más recientemente, en el Instituto Superior Evangélico de Estudios Teológicos (ISEDET). La diaconía es una dimensión esencial de la proclamación del Evangelio, por eso va íntimamente unida a la misión. Esto explica las numerosas obras que lleva adelante la IERP en los tres países donde se encuentra presente: diecisiete obras para niños (entre hogares y jardines de infantes), de las cuales el primero ha sido el Hogar Germán Frers, en Baradero, fundado en 1909; cinco hogares para ancianos; siete hospitales o casas de salud; lugares para asistir a madres solteras y cooperativas de construcción de viviendas. La IERP es gobernada por una Junta Directiva, que es elegida por una asamblea general. Ésta se celebra cada dos años, y participan en ella un delegado por parroquia y la mitad de los ministros; de esta manera la proporción de laicos y ministros es de por lo menos dos a uno. Junto a la asamblea se celebra el Sínodo con una delegación semejante. La asamblea trata las cuestiones formales y legales relativas al reconocimiento de la IERP por el Estado argentino como institución civil sin fines de lucro, mientras que en el Sínodo se discuten las cuestiones espirituales y las referentes a la misión de la iglesia.   La Iglesia Evangélica Luterana Argentina (IELA): algunos elementos históricos   Como lo hemos señalado previamente, los orígenes de la hoy llamada Iglesia Evangélica Luterana Argentina, se remiten al año 1905, cuando luteranos de Entre Ríos, de una tendencia más ortodoxa y pietista adhirieron a la Iglesia Luterana conocida como del Sínodo de Missouri, establecida ya en Brasil. La historia de la IELA, teniendo en cuenta los momentos de su institucionalización, puede dividirse en tres períodos: a) El inicio del trabajo del Sínodo de Missouri desde Brasil (1905-1928); b) La organización del Distrito Argentina del Sínodo de Missouri (1928-1942); c) El establecimiento de la Iglesia Evangélica Luterana Argentina y el inicio del proceso de nacionalización (desde 1942). Cuando Federico Guillermo III estableció en su reino la Iglesia Unida, algunos de sus súbditos de confesión luterana, descontentos con la unión forzada de luteranos y reformados, y el racionalismo que predominaba, emigraron al nuevo continente, y se establecieron en gran parte en el estado de Missouri; allí constituyeron su propia iglesia, en 1847, la que tomó el nombre del lugar –Sínodo de Missouri–. El lema de la nueva iglesia era: “Ahora y siempre la palabra de Dios y la doctrina de Lutero no se desvanecerán”. La conciencia de ser el verdadero luteranismo y el hecho de participar del movimiento de reavivamiento, propio del protestantismo americano de ese entonces, le dieron al Sínodo de Missouri una fuerte impronta misionera. A este Sínodo se dirigieron luteranos del estado de Río Grande (Brasil), en 1899, disconformes con la que hasta entonces era su iglesia, el Sínodo Evangélico Riograndense –hoy Iglesia Evangélica de Confesión Luterana en Brasil–, que, al igual que el Sínodo Evangélico Alemán del Río de la Plata (SEARP), era una iglesia unida dependiente de la Unión Prusiana. En respuesta a esa petición se constituyó el Distrito Brasil del Sínodo Luterano de Missouri –hoy Iglesia Evangélica Luterana de Brasil–. Cuando se producen los desencuentros en la aldea San Juan-Urdinarraín (Entre Ríos), comunidad hasta entonces perteneciente al SEARP, los disidentes recurrieron al Sínodo de Missouri, considerándolo más acorde con sus convicciones confesionales. Así llegó a Entre Ríos desde Brasil, en 1905, el pastor Mahler, quien acogió la petición de la asamblea congregacional que solicitaba “un pastor fielmente luterano”. El primer pastor designado fue H. Wittrock, al que sucedieron otros pastores que fundaron otras congregaciones en diferentes lugares de la misma provincia, a partir de grupos disidentes del SEARP y de otros inmigrantes luteranos de origen ruso-alemán. En la mayoría de los casos se trataba de lugares que no eran atendidos suficientemente debido a la escasez de pastores. En 1919, estas congregaciones se reconocen como formando parte de la Misión Argentina del Sínodo de Missouri.Desde Entre Ríos se producirá muy pronto la expansión hacia el resto del país y la incorporación, por diversas razones, de nuevos miembros. El primer movimiento será hacia la provincia de Misiones, donde había grupos escasamente atendidos por el SEARP o se hacían presentes nuevos inmigrantes que provenían de Brasil (San Javier, Bonpland y lo que hoy es Leandro N. Alem y Oberá). A partir de1922, se sumará el servicio a ruso-alemanes y eslovacos en el Chaco. Al mismo tiempo, la necesidad de acompañar a quienes se trasladaron del campo a la ciudad, hizo que el Sínodo de Missouri se estableciera en Buenos Aires –primero en Barracas (1920), y más tarde en Belgrano–, y zonas aledañas –especialmente José L. Suárez, donde se instaló un colegio secundario y el seminario teológico–. También se respondió a los requerimientos de las comunidades ruso-alemanas establecidas en el oeste de la provincia de Buenos Aires y este de La Pampa (Guatraché, Villa Iris, Jacinto Aráuz, Winifreda, Alpachiri, Darraguiera, etc.). Entre las dos guerras mundiales, se incorporarán aquellos que, contrarios al régimen Nazi, consideraban al Sínodo de Missouri más apolítico y sano ideológicamente que el Sínodo Alemán. El Sínodo de Missouri se ha caracterizado por el espíritu misionero, sobre todo, intentando reactivar la “fe de los protestantes nominales”, eso explica el hecho de que una vez consolidada su presencia en Argentina haya extendido su labor a Chile, Paraguay y, más recientemente, a Uruguay. En la década del 30, comienza un proceso de nacionalización de los pastores de la IELA, y se introduce progresivamente el castellano en el culto. Este proceso culminará en la década del ’70, cuando el idioma alemán se había convertido en una lengua extraña para las nuevas generaciones nacidas en el país. En 1947 asume el nombre de Iglesia Evangélica Luterana Argentina, aunque sólo en 1986 se constituye como una realidad eclesial independiente del Sínodo de Missouri.   Actual organización de la Iglesia Evangélica Luterana Argentina
La IELA posee hoy 65 parroquias y 252 congregaciones, atendidas por unos 70 pastores, distribuidas en la ciudad de Buenos Aires, y en las provincias de Entre Ríos, Misiones, Buenos Aires, La Pampa, Santa Fe, Chubut, Córdoba, Chaco, Tucumán, Salta y Río Negro. Cuenta aproximadamente con unos 28.000 miembros, encontrándose el mayor número de ellos en el litoral, especialmente en Misiones. Al ministerio de la palabra, ministerio central, se ha sumado el valor de la educación. Por eso la IELA ha fundado 7 colegios en nuestro país. La estructura de la IELA es congregacional, organizada como una confederación de congregaciones autónomas, con una estructura central con un mero carácter administrativo. Al frente de la confederación se encuentra un presidente y una comisión directiva, que son elegidos en asamblea, en la que participan el pastor y un delegado de cada una de las congregaciones. El presidente se elige siempre de entre los pastores y sus funciones son más bien de supervisión del trabajo pastoral, pero sin atribuciones en el ámbito doctrinal o en los asuntos internos de las congregaciones. A nivel de cada congregación se da una estructura análoga. Quienes ejercen el pastorado son llamados por la propia comunidad a ejercer el ministerio de la palabra y de los sacramentos.   Dos visiones del luteranismo, dos modos de relacionarse
Es posible constatar que las dos iglesias que han congregado históricamente a los protestantes de habla alemana, a pesar de los procesos de nacionalización vividos por ambas, han mantenido un perfil propio que, más allá de las diferencias ya señaladas, se manifiesta hoy en diversos aspectos de la vida eclesial. a) La IERP, que por su origen se reconoce como una iglesia unida, ha mantenido siempre relaciones con otras iglesias protestantes del Río de la Plata. A medida que el movimiento ecuménico fue institucionalizándose, la IERP fue incorporándose a esas nuevas estructuras. Así, actualmente, la IERP es miembro de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE); de la Comisión Ecuménica de Iglesias Cristianas en la Argentina (CEICA); del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI); del Consejo Mundial de Iglesias; de la Federación Luterana Mundial y de la Alianza Reformada Mundial. Por convenio ha establecido un vínculo de hermandad con la Iglesia Evangélica en Alemania. Es signataria de la Concordia de Leuenberg (1974), que ha establecido la plena comunión de ambón y de altar entre las iglesias luteranas, reformadas y metodistas, lo que la ha llevado a profundizar sus vínculos, en nuestro país, con la Iglesia Evangélica Luterana Unida, la Iglesia Valdense y la Iglesia Reformada. Es miembro, además, de varias organizaciones ecuménicas de servicio. La IELA, por su parte, ha sido siempre una defensora de su identidad confesional. Su doctrina, que es el legado de la ortodoxia luterana, la ha llevado a no claudicar de su adhesión a los textos normativos: los símbolos de la fe de la Iglesia antigua; la Confesión de Augsburgo; la Apología de la Confesión de Augsburgo; los Artículos de Esmalcalda; los dos Catecismos de Martín Lutero; la Fórmula de Concordia. La lectura de esos textos, así como de la Sagrada Escritura, se caracteriza por un cierto fundamentalismo. Esta postura es la que explica el hecho de que hasta hoy la IELA no haya tenido una apertura ecuménica, por lo que sus relaciones con otras iglesias cristianas son escasas, con la única excepción de las iglesias luteranas, de la misma tendencia, que integran la Conferencia Luterana Internacional, y que no forman parte de la Federación Luterana Mundial ni de otros organismos ecuménicos. Para la Iglesia católica ha sido más fácil participar en espacios de diálogo con la IERP, de manera directa o a través del diálogo oficial con la Federación Luterana Mundial; mientras que las relaciones con la IELA están todavía por explorar. Si el diálogo teológico a nivel doctrinal ha permitido clarificar las históricas divergencias doctrinales, aunque no todas hayan sido superadas aún, no se ha podido evitar sin embargo que se creara una distancia en lo relativo a las respuestas a ciertas cuestiones éticas. Y aquí podemos pasar a un segundo ámbito de diferencias. b) La IERP tiene una larga experiencia en el ámbito del servicio social y ha jugado un rol importante en la defensa de los derechos humanos. Cabe recordar que fue en la sede de esta iglesia, en la calle Esmeralda, donde fue fundada en 1975 la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos. En las cuestiones de la moral sexual, sus declaraciones oficiales, fundadas en otros presupuestos, han estado marcadas en los últimos tiempos por una clara divergencia respecto a la posición católica. El caso más reciente ha sido la declaración relativa a la aprobación de la así llamada ley de matrimonio de personas del mismo sexo. La IERP, al señalar su distancia respecto al más amplio espectro del mundo evangélico, ha afirmado: “Que el contrato matrimonial es una institución exclusivamente de orden civil, sujeta desde sus inicios a cambios y transformaciones a partir de la situación histórica y específica de las sociedades en que se desarrolló. Dicha institución debe permanecer abierta a las modificaciones que garanticen el mejor marco de convivencia saludable para los contrayentes que la integran, así como para los hijos que sean educados en su seno. De acuerdo con nuestra ética evangélica también la comunidad matrimonial y familiar encuentra su fundamento y guía en el triple mandamiento del amor a Dios, al prójimo y a sí mismo (ver Mateo 22:34-40). (…) reconocemos al Estado su legítima potestad de legislar con la finalidad de asegurar la igualdad de derechos y deberes de todos los ciudadanos, en vistas a afianzar una convivencia basada en la justicia y la paz. En ese sentido valoramos positivamente toda iniciativa tendiente a reparar situaciones de injusticia y discriminación sufridas por minorías en nuestra sociedad. Según nuestro punto de vista este es el caso del proyecto de ley que está en tratamiento en el parlamento argentino sobre la institución del matrimonio entre personas de un mismo sexo” (Declaración de la IERP y de la IELU, 31 de mayo de 2010). La IELA, por su parte, fundada en la enseñanza de la Sagrada Escritura, ha reafirmado las verdades esenciales acerca del matrimonio: “La Iglesia Evangélica Luterana Argentina expresa su desacuerdo con la modificación de la Ley de matrimonio. Desaprueba toda ley que habilite la posibilidad de contraer matrimonio a personas del mismo sexo. La Iglesia Evangélica Luterana Argentina sostiene: 1. Todos somos humanos creados por Dios. No podemos, ni queremos deshumanizar a nadie. 2. Todos somos seres sexuados. Cuando Dios hizo a la raza humana, nos creó varón y mujer. 3. Todos somos pecadores. El pecado ha corrompido también la sexualidad. Nadie a excepción de Cristo, a quien necesitamos para ser salvos, está limpio del pecado sexual. 4. La Biblia sólo contempla el matrimonio como un pacto heterosexual exclusivo entre un hombre y una mujer. ‘Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne’ (Génesis 2:24). Dios no ofrece ni permite otra alternativa” (Declaración de la IELA, mayo de 2010). Estos últimos elementos no sólo manifiestan las divergencias presentes en el luteranismo argentino, sino también la complejidad que implican las relaciones ecuménicas, sobre todo si, desde la propia identidad, estamos atentos a todos los elementos en juego y que, necesariamente, deben ser objeto de diálogo en vista de una unidad más plena.

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