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Editorial SAN PABLO
 
Vida Pastoral

Análisis pastoral

Malestares
y emergencia

Repercusiones del cambio epocal en la vida
pastoral de la Iglesia católica argentina (II)

Autor: Marcelo González

El relevamiento de las repercusiones del cambio epocal y de la conmoción nacional en la vida pastoral de la Iglesia católica argentina había llevado, en la primera parte de esta nota, a destacar una serie de malestares. En este segundo momento se considera otro costado del impacto, el de la emergencia de múltiples brotes pastorales.

Personas y comunidades confrontadas con la crisis y con el Evangelio han gestado una corriente pastoral que podríamos denominar fase de ensayos en las bases de la vida. Se trata de un conjunto multiforme de experiencias creativas y germinales de cristianismo en contacto directo con determinadas situaciones vitales. Su capilaridad, diversidad e incidencia hacen aún muy difícil su visibilidad, se resisten a una mirada que pretenda sintetizarlas y dificultan la posibilidad de un pronóstico sobre su continuación. Proponemos algunas pistas para comenzar a descubrirlas.

La pastoral "ordinaria" conmovida: ¿hacia comunidades con perfil?

Un primer brote es el que surge de la conmoción de la pastoral cotidiana de las comunidades católicas, cuando éstas deciden afrontar las transformaciones, a menudo radicales, que se verifican en determinados sectores de la vida humana y que afectan directamente la acción evangelizadora. La preparación a los sacramentos, la pastoral del alivio (acompañamiento de la enfermedad), las celebraciones litúrgicas, los cambios en los ministerios de conducción, son apenas algunos de los ejemplos. Ante la imposibilidad de analizarlos a todos, optamos por profundizar en algunas experiencias de transformación de la pastoral pre/matrimonial, pero considerándolas como caso/testigo de lo que ocurre, a su modo, en el resto de los campos mencionados. Esto nos permitirá, luego, esbozar algunos rasgos comunes de estos emergentes.

La pastoral pre-sacramental es uno de los momentos de mayor contacto entre las comunidades católicas y el entramado vital de la realidad de las personas y las familias. Este acontecimiento puede resolverse de forma rutinaria o burocrática, o llegar a convertirse en un punto de partida de una transformación profunda, duradera y hasta estructural de la vida pastoral. Este último ha sido el caso de algunas comunidades respecto de la preparación al matrimonio. La dinámica de cambios sociales en la conformación de las parejas (especialmente el aumento de la edad y el crecimiento de la práctica de la convivencia previa), ha desafiado a la pastoral pre-matrimonial, al punto de poner en riesgo su significatividad y viabilidad. Un conjunto de comunidades parroquiales decidieron asumir el compromiso de leer e interpretar estas transformaciones, de acoger a las parejas reales y de volver a las fuentes bíblicas, experienciales, históricas y teológicas del matrimonio cristiano. Esto fue provocando la emergencia de un novedoso itinerario pastoral; progresivo, creativo, audaz y capaz de responder a la gran diversidad de situaciones de las parejas que se acercan. El acompañamiento de sucesivos grupos, fue ampliando el ámbito de la renovación. Por un lado, afianzando la propuesta y ajustándola a partir de la experiencia espiritual, pastoral y organizativa, que obliga a mayores profundizaciones en todos los campos. Además, se fue viendo la necesidad de incorporar estructuralmente los aportes de la psicología, la psicología social, la sociología y el counseling. Por otro lado, ha exigido que el aporte teológico-sacramental de los presbíteros y la preparación inmediata del expediente y la celebración, se inserten en un proceso coherente y más amplio. El resultado no se ha limitado a que muchas parejas encuentren una experiencia significativa del Evangelio en un momento clave de sus vidas, objetivo explícitamente buscado al inicio, sino que además, las mismas parejas comenzaron a pedir alguna instancia de continuidad. Esto comenzó provocando la organización de un encuentro con ocasión del primer aniversario del casamiento, para extenderse luego a la creación de grupos y comunidades matrimoniales, que a su vez involucran a matrimonios más experimentados como coordinadores. La reacción en cadena siguió con la necesidad de comenzar a analizar con más detenimiento las diversas etapas de la vida matrimonial y a imaginar itinerarios de acompañamiento adecuados, lo que terminó derivando en buscar espacios de acompañamiento para familias en crisis (consultorías matrimoniales), divorciados vueltos a casar, familias monoparentales, etcétera. Por fin, esto ha conducido a realizar una sistematización de las experiencias y su puesta por escrito; y a que las comunidades más avanzadas en el proceso se estén convirtiendo en formadoras de los responsables de los cursos prematrimoniales de otras parroquias.

No sería difícil ver cómo, en muchos otros sectores de la pastoral ordinaria, se han estado dando caminos similares como respuesta a la crisis epocal y a la conmoción argentina. Esto nos permite afirmar que este primer tipo de brotes pastorales muestra algunas continuidades que pueden estar marcando una orientación más amplia.

a) Ante todo, muchas comunidades han ido experimentado la necesidad de una cierta "especialización". La pérdida de significatividad de la propuesta pastoral, la complejidad y diversidad de los ámbitos de la vida a los que ésta quiere acompañar, iluminar y responder, parecen haber desembocado en la conclusión de que una comunidad no puede abordar todos los frentes a la vez; que se impone una cierta opción. En los discernimientos orientados a decidir por dónde comenzar, se perfila el descubrimiento de una "atracción" por algún aspecto de la evangelización; sea en razón de que alguna de las áreas o movimientos de la parroquia o colegio tiene más trayectoria o más cuadros formados, sea porque las exigencias de la personas que acuden lo han urgido, sea porque surgen líderes o influencias espirituales o carismáticas que dan una orientación o sensibilidad, o sencillamente porque la comunidad tiene un estilo, una trayectoria o tradición. Este proceso, es lo que un teólogo ha llamado recientemente el surgimiento de comunidades con perfil. Hablando de las transformaciones culturales europeas y de la creciente desafección institucional de muchos, concluye: "La consecuencia será que las personas para las que la fe siga siendo merecedora de una cierta inversión de tiempo, de actividad y de compromiso, preferirán cada vez más acudir allí donde no se sientan infrautilizadas y consideradas como una reserva de emergencia, sino donde puedan saciar su hambre de comunidad viva y de alimento espiritual...Estoy pensando en ciertas comunidades donde se presta una especial atención al mundo de la familia de la infancia, y se celebran misas familiares y juveniles...; pero también en comunidades en las que se practica una liturgia para adultos a la vez entrañable y exigente; o en parroquias y centros con una religiosidad que cultiva la sensibilidad católica tradicional; o en comunidades y grupos de talante carismático; o en comunidades que optan abiertamente por una determinada impronta artística, social o política." (M. KEHL ¿A dónde va la Iglesia? Un diagnóstico de nuestro tiempo, Santander 1997). Esto llevaría a un aumento de la diversidad, a una mayor reciprocidad de dones, talentos y estilos, y a superar la idea de comunidades autoabastecidas y autosuficientes en todos los frentes.

b) Una segunda constante consiste en que, el lanzarse a un tal proceso de maduración, creatividad y audacia, lleva a que las comunidades necesiten realizar nuevas "lecturas" y acercamientos, tanto a la realidad del Evangelio como a la del ámbito hacia el que se orientan. Por un lado, esto implicará la exigencia de una mirada creyente, contemplativa, orante y celebrativa de la acción de Dios a través del aspecto de la evangelización elegido y de las personas y situaciones a las que se dirige; lo que llevará a una profundización en las fuentes bíblicas, en la historia de la Iglesia, la teología y la pastoral. Por otro lado, requerirá un lectura de la realidad respetuosa de la complejidad, forjando un estilo atento a los aportes de ciencias y saberes pertinentes en cada caso. El resultado de un tal lectura, escucha y apertura será que la comunidad, adentrándose en un campo de la evangelización y en un ámbito de la realidad, terminará por encontrarse con el conjunto del Evangelio y de la problemática social, cultural y política de la Argentina.

c) Las comunidades que inician un camino como éste, se vuelven muy atentas a los procesos, a las mediaciones pedagógicas y a la personalización. Se despierta la sensibilidad por evitar la uniformidad de propuestas, por acompañar los caminos de Dios hacia cada persona y grupo cultural, y de éstos hacia la experiencia de Aquel. Esto desemboca en una reflexión acerca de temas tales como las experiencias antropológicas y religiosas fundantes, las etapas de la vida y las crisis vitales; la pedagogía de Jesús y del Espíritu, los itinerarios pastorales para las diversas edades, personas, grupos y ámbitos de la evangelización. Por fin, emergerán la cuestiones relativas a la planificación pastoral, la sistematización de experiencias, la formación de agentes y el tema de los diversos ministerios en la comunidad. Cuando los procesos avancen cada una de estas comunidades podrá convertirse en referencia y foco de irradiación para personas, parroquias y otras instancias de la Iglesia en determinadas vertientes de la evangelización.

Espacios renovados o novedosos

Una segunda línea de brotes pastorales es la constituida por la emergencia de "espacios". Se trata de ámbitos, de lugares vitales donde comienzan a cristalizar experiencias, estilos, vínculos, acciones y respuestas. No tienen la solidez y la contundencia de una institución. Nadie puede saber si están llamados a continuar o si son la primera etapa de un camino en la fragua de nuevos lugares de cristianismo. Algunos son intentos fugaces (pero que en su fracaso permiten corregir el rumbo), otros se van transformando velozmente a partir de su forma primera, otros son hallazgos duraderos. Todos son el resultado de una apuesta por seguir viviendo, volver a vivir, permitir que otros vivan, o hacer posible la vida digna y plena como humanos y cristianos. Son una suerte de primera respuesta pastoral y vital a situaciones nuevas y conmocionantes.

2.1. Espacios en la base de la vida amenazada

Las comunidades católicas han venido participando, acompañando, (en algunos casos creando) en un conjunto de iniciativas de sostenimiento de la vida amenazada, a través de un denso entramado de espacios: de alimentación (comedores, copas de leche, merenderos, distribución de alimentos); de educación formal e informal (creación de colegios en medios populares, apoyos escolares, educación especial, "Fe y Alegría", formación profesional); de acercamiento a emergencias sociales (sin techos, noches de la solidaridad, red solidaria, cartoneros, redes de Cáritas); de acompañamiento de situaciones límites (familiares en duelo, víctimas de la violencia de estado, inundaciones); de iniciativa económica (trueque, banco de los pobres, préstamos populares, microcréditos); de contención, recuperación y disminución del riesgo (comunidades terapéuticas, grupos de desocupados, casas del joven); de protesta y lucha social (acción sindical, piquetera, movimientos de desocupados).

Estos espacios de cruce e intercambio entre comunidades, personas y estructuras de base de la Iglesia católica con las realidades de la vida amenazada, han ido gestando dos procesos. Por un lado, un contacto con la realidad capilar del país que está llevando a un conocimiento existencial de la misma y a una cercanía con las necesidades básicas de los argentinos; lo que provoca que la vertiente social, caritativa y promocional del Evangelio vaya ocupando cada vez más lugar en el conjunto de la vida pastoral; al punto de estar cambiando el rostro visible de la Iglesia católica, cada vez más identificada con este tipo de acciones. Por otro lado, está gestando un estilo de trabajo marcado por una creciente conciencia de la necesidad de una organización y gestión serias, con la incorporación de saberes de las ciencias sociales y económicas. Además lleva a un trabajo en común con otras instancias e instituciones, con voluntarios y agentes que tienen motivaciones y modos de intervención diversos de los eclesiales. Por fin, provoca la emergencia de itinerarios cristianos no tradicionales basados en la sensibilidad social y la lucha por la justicia.

2.2. Espacios alternativos

La crisis en las formas de convivir, tanto en la existencia cotidiana como en la política y la eclesial, han provocado la gestación de una variada gama de experiencias de reunión impulsadas por la dimensión comunitaria del Evangelio de Jesús. Se pueden vislumbrar algunos perfiles:

a) Experiencias de reunión surgidas de cristianos y cristianas disconformes con diversos aspectos de la vida eclesial institucional, que han comenzado a esbozar espacios alternativos de oración, celebración, discernimiento, formación, catequesis, análisis y crítica de la sociedad, condivisión de experiencias de vida matrimonial, comunión de bienes y de misión. Se caracterizan por una decidida autonomía respecto de la institución eclesial, por la búsqueda de una espiritualidad evangélica profunda capaz de dar vida y de relacionarse con la existencia real de los participantes y por la conciencia de ser intentos precarios, en gestación, flexibles, participativos y no hegemónicos.

b) Las comunidades católicas (parroquias y colegios) han creado propuestas de reunión abiertas en el campo de la espiritualidad (jornadas, retiros, preparación a tiempos fuertes); del sostenimiento de la vida económica, social y política (trueque de pago de cuotas escolares por servicios; jornadas de ciudadanía, construcción de la sociedad civil y participación en el control de la gestión política); itinerarios de lectura de la palabra (lectura popular de la Biblia, cursillos sobre determinados libros de la Escritura, círculos bíblicos), formación y producción teológica; experiencias en el campo de la celebración litúrgica (incorporación de prédicas dialogadas, recursos visuales, innovaciones musicales y artísticas, canales celebrativos en orden a elaborar situaciones de crisis psicológica y social).

c) Desde muchos campos de la vida pastoral han estado surgiendo nuevos espacios como fruto de lo que podría llamarse una "fecundación intercarismática". Se trata de una serie de experiencias donde se combinan, de una manera original, estilos evangélicos de vivir y actuar hasta ahora acotados a determinados movimientos, sectores, carismas o estados de vida. Una de sus modalidades es la aparición de comunidades de vida consagrada que combinan el carisma monástico con formas de acompañamiento a la vida laical y a diversas expresiones de la vida diocesana; o de comunidades laicales autónomas que se vinculan a un carisma monástico, manteniendo una estrecha sintonía con la espiritualidad y una clara diferenciación en el modo de vivirla desde la peculiaridad de la propia vocación; lo que se traduce en un estilo laical de contemplación, lectura de la palabra, animación, acción social, vida comunitaria y servicio a la Iglesia (organización de retiros, experiencias de trabajo, acompañamiento de procesos de discernimiento). Un segundo ejemplo son las experiencias denominadas de carisma compartido, en las que se han involucrado, a nivel internacional y local, varias congregaciones religiosas. Se trata de una novedosa participación de los laicos y laicas en la vida, el itinerario, la responsabilidad, y la formación de las respectivas familias religiosas en otro tiempo reservadas a los miembros consagrados. Esto incluye jornadas de formación común entre religiosos/as y laicos, participación en instancias de decisión y, sobre todo, la conciencia de que se trata de formas diversas pero plenas (no derivadas) e integrales (no degradadas) de recepción y desarrollo del carisma. Una tercera vertiente de este proceso son los intercambios de estilos y figuras evangelizadoras entre movimientos y grupos eclesiales. Por ejemplo, un conjunto de particularidades de la renovación carismática, como las formas de oración, la música, la sanación, la formación para ministerios diversificados, han sido asumidos y releídos por muchos sectores de la Iglesia católica. Modalidades propias de las comunidades de base o los Seminarios de formación teológica, como estilos de discernimiento y compromiso, relación con movimientos sociales, ferias, ejercicio de la opinión pública en la Iglesia, están siendo recibidos por parroquias, instituciones y movimientos.

d) Algunos espacios institucionales han comenzado una experimentación de nuevas figuras. Grupos de obispos se reúnen por elección a compartir ámbitos de oración, intercambio, descanso y formación. Se está dando una búsqueda de estilos diferenciados de formación al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada; con experiencias en parroquias, períodos de trabajo no pastoral, pasantías en centros asistenciales, educativos o comunidades terapéuticas; convivencia y vivienda en grupos pequeños y casas no ligadas a la actividad pastoral; interrupción del itinerario formativo en orden a afianzar aspectos vocacionales, de personalidad o de opción. A lo que cabe agregar el afianzarse de escuelas de ministerios eclesiales, orientadas a buscar discernir y acompañar una creciente diversidad de servicios y vocaciones a la evangelización

El impacto de las transformaciones epocales y de la conmoción nacional en la vida pastoral de la Iglesia católica argentina ha sido (y está siendo) muy profundo. Malestares y emergencias son apenas dos cauces para adentrarse en las heridas y los brotes, en el dolor intenso y en el misterio desbordante que brotan de este encuentro.

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