Editorial
Francisco
Oscar Campana
Si, como dijo Leonardo Boff, “Francisco no es un nombre, es un programa”, no estaría de más hacer un ejercicio proyectivo sobre el ministerio de Jorge Mario Bergoglio como Obispo de Roma. Gestos y palabras de sus primeros días nos ayudan en esta tarea.
La ironía sobre los aposentos papales (“¡Aquí pueden vivir trescientas personas!”) y la simpleza en la vestimenta y el protocolo, encontraron su mejor definición en su suspiro frente a los periodistas: “¡Ah! ¡Cómo querría una Iglesia pobre y para los pobres!” La exclamación del papa Francisco, que recorrió el mundo, venía a cuento de la elección del nombre, tras las palabras del cardenal –brasilero y franciscano– Claudio Hummes: “No te olvides de los pobres”. En esa misma ocasión, el Papa refirió que Francisco de Asís era “el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y custodia la Creación”.
Acuden a la memoria, entonces, las palabras de Juan XXIII en los albores del Concilio: “Para los países subdesarrollados la Iglesia se presenta como es y como quiere ser, como la Iglesia de todos, en particular como la Iglesia de los pobres” (Radiomensaje del 11 de setiembre de 1962 Ecclesia Christi, 3). En ese mismo mensaje el Papa Roncalli proponía las cuestiones que la Iglesia, reunida en Concilio, debía abordar: la evangelización de los pobres, la justicia social y la paz internacional.
La cercanía de lenguaje y preocupaciones no es, de ningún modo, casual ni anecdótica. A cincuenta años del Concilio Vaticano II y de la muerte de Juan XXIII, la agenda no ha cambiado. Y el reclamo de una Iglesia pobre, de los pobres y para los pobres se hace cada vez más acuciante.
Dios quiera que el ministerio petrino que Francisco comienza a transitar vaya traduciendo en hechos y decisiones los gestos y las palabras que parecen haber devuelto el espíritu profético a la sede de Pedro. No será un camino sencillo ni fácil. Las resistencias a enfrentar serán poderosas. Pero el papa no transitará solo dicho camino. Creyentes y comunidades de América Latina y de todo el mundo estarán dispuestos a recorrerlo. Ya lo vienen haciendo. Desde hace tiempo. Porque nunca dejaron de apostar a la Iglesia que el Concilio soñó y Roma, tantas veces, olvidó.
Aclaración: A excepción de este editorial, el presente número fue gestado con anterioridad a la elección del cardenal Jorge Mario Bergoglio como el papa Francisco. Los tiempos editoriales a veces nos ponen frente a “discronías” insalvables. No obstante, este número dedicado al Cardenal Martini hace honor al momento que vivimos.
COMENTARIOS
|