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Editorial SAN PABLO
 
En diálogo

 

La misiķn profética de la Iglesia

Profeta es quien anuncia la palabra de Dios y quien denuncia todo aquello que no se vive de acuerdo con ese anuncio. El profeta no "adivina" el futuro, pero puede decir lo que va a ocurrir porque "lo ve" en el presente. No es un mago ni tiene poderes paranormales; sķlo "ve" lo que puede ocurrir cuando analiza, precisamente, lo que ocurre.

La situaciķn actual de la Iglesia en el mundo nos exige volver a asumir la misiķn profética que tenemos los cristianos.

Se trata de ser profetas poniendo la mirada en el mundo y en la Iglesia sin vanidades ni soberbia; con humildad, pero sin renunciar a las convicciones que nacen de la reflexiķn acerca de la voluntad de Dios para con su creaciķn y el sentido de la vida.

Mantener el equilibrio entre la crítica y la autocrítica. Saber decir lo que vemos mal fuera de la Iglesia y saber seņalar aquello que no nos permite ser coherentes con el mensaje de Jesús o nos muestra infieles a su palabra.

(...) muchos se alejan de Cristo, en la tendencia a un secularismo sin Dios. Pero ŋno deberíamos pensar también en lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia? En cuántas veces se abusa del sacramento de su presencia, y en el vacío y maldad de corazķn en donde entra a menudo. ĄCuántas veces celebramos sķlo nosotros sin darnos cuenta de él! ĄCuántas veces se deforma y se abusa de su Palabra! ĄQué poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras vacías! ĄCuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ĄCuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!

Este párrafo, durísimo en sí mismo, y más duro aún, si lo analizamos detenidamente, lo he puesto en cursiva, con el fin de proponer una suerte de juego: ŋa quién atribuiría estas palabras y esta consideraciķn acerca de la Iglesia? Quizás, algunos pensarán que este articulista se "ha pasado". Otros, quizás, creerán que es un párrafo de un autor ajeno a la Iglesia...

El texto está tomado de la reflexiķn en torno a la novena estaciķn del Vía Crucis 2005 celebrado en Roma, en la última Semana Santa. El autor es Benedicto XVI, en aquel momento, todavía cardenal Joseph Ratzinger.

En ese mismo escrito, el propio Ratzinger sugiere como oraciķn de profundizaciķn del camino de Jesús hacia la cruz:

Seņor, frecuentemente, tu Iglesia nos parece una barca a punto de hundirse, que hace aguas por todas partes. Y también, en tu campo, vemos más cizaņa que trigo. Nos abruman su atuendo y su rostro tan sucios. Pero los empaņamos nosotros mismos. Nosotros quienes te traicionamos, no obstante los gestos ampulosos y las palabras altisonantes. Ten piedad de tu Iglesia: también en ella Adán, el hombre, cae una y otra vez. Al caer, quedamos en tierra, y Satanás se alegra, porque espera que ya nunca podremos levantarnos; espera que tú, siendo arrastrado en la caída de tu Iglesia, quedes abatido para siempre. Pero tú te levantarás. Tú te has reincorporado, has resucitado y puedes levantarnos. Salva y santifica a tu Iglesia. Sálvanos y santifícanos a todos.

Es cierto; frecuentemente la Iglesia nos parece una barca a punto de hundirse, que hace aguas por todas partes. Desencuentro entre hermanos, sectores en pugna, escándalos a montones... Sin embargo, al mismo tiempo, reconocemos las semillas del Verbo que nos permiten tener esperanza. Cristianos pujantes, llenos del amor del Espíritu, que se preocupan y se ocupan de los más necesitados y de construir un mundo mejor.

Vemos más cizaņa que trigo; es verdad. Pero la cizaņa puede quitarse, y el trigo fortalecerse. Hoy día, la misiķn profética de la Iglesia puede vivificarse, simplemente, retornando a la única fuente: Jesús y su mensaje. 

 



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