Facebook Twitter Google + YouTube  Argentina   Argentina 
Editorial SAN PABLO
 
Recursos Pastorales

 

Un cuento sobre... la fe
Autor: Jorge A. Blanco
Departamento de Audiovisuales Editorial SAN PABLO
audiovisuales@san-pablo.com.ar

Probablemente hayamos escuchado, y hasta repetido, en varias oportunidades, la expresión "la fe mueve montañas". A partir de nuestra experiencia personal, ¿podemos decir que contamos con una fe inquebrantable en Dios, capaz de mover o superar "montañas" de problemas y dificultades que nos complican la vida y nos ponen a prueba en lo cotidiano?

El evangelio del vigésimo séptimo domingo durante el año (Lc 17, 3-10) nos invita a que reflexionemos sobre la fuerza de la fe. Como hacemos habitualmente, les dejo un cuento para continuar la reflexión personal y grupal sobre el tema:

"Después de zarpar del Puerto de Lisboa, con rumbo a San Pablo, Brasil, el María América se vio enfrentado a un temporal en medio del Océano Atlántico.

La travesía duraba 35 días entre Portugal y Brasil. Y, si bien es cierto, en 1917, María América era una nave de otra generación, las acomodaciones destinadas a los pasajeros eran bastante satisfactorias. La compañía armadora que lo administraba intentaba demostrar a los accionistas que no era necesario deshacerse de la nave. Señalaban que aún podía ser rentable su navegación si enfocaban las ventas de sus boletos a pasajeros más bien de clase social media y baja. Ese era el rango de mercado al cual deberían postular si la intención era continuar con las travesías. Porque los pasajeros adinerados viajaban en los grandes transatlánticos que eran verdaderos hoteles de cinco estrellas, donde el lujo parecía no tener límites, cosa que no sucedía con aquellos que pagaban boletos de segunda o de tercera categoría. Para ellos, el trato era más bien denigrante.

En el María América, en cambio, la convivencia era la misma para el que viajaba en primera o segunda. De hecho, solo existían estas dos categorías de pasajes. La cubierta era para todos por igual y al cabo de unos días de navegación, los pasajeros constituían una comunidad.

Estando en plena navegación de su viaje, 99 grados suroeste, el María América se vio atrapado en un temporal que no esperaban las proyecciones náuticas para los días de verano. Fue tan violento el encuentro que parecía que la nave había chocado con un muro de concreto.

Fueron dos largos días de vaivenes: crujidos de su armadura, gritos, agua, viento y frío. Ese sí que era un infierno en el mar. Pero, como dice el refrán, después de la tempestad viene la calma, y fue precisamente lo que ocurrió. Las nubes se retiraron y el sol inundó la esfera azul del Océano Atlántico.

La cubierta se llenó de pasajeros ojerosos y desaliñados, buscando un lugar donde descansar, sintiendo la caricia del buen sol y el sosiego de una cálida brisa. Después de un sueño reparador y de alimentarse hasta quedar satisfechos, la gente solicitó hablar con el Capitán. La idea era volverse. Quedaba mas de la mitad del viaje y lo mas seguro era que si los atrapaba otro temporal, no tenían la seguridad de que el María América soportara otro embate de las olas.

El Capitán, para calmar los ánimos, respondió que el temporal que acababa de pasar era "parte de la rutina de navegación que no tenía mayor importancia" y que la nave estaba en perfectas condiciones para continuar su viaje.

Los ánimos se calmaron, pero no del todo. Vieron en los ojos del Capitán un brillo de inseguridad.

La comisión volvió un par de veces a ratificar la propuesta, al punto tal que el Capitán tuvo que dar un golpe de autoridad a fin de poner orden.

Una mañana los pasajeros organizaron una novena donde le pedían a Santa Rita que los llevara a buen destino. El desaliento se apoderó de la situación. Y por más que el Capitán y la tripulación intentaban animar a los pasajeros, estos no hacían más que maldecir el momento en que decidieron embarcarse en tamaña aventura.

Alguien de la tripulación propuso un cuento, el cual afirmaba que en medio del Océano Atlántico existía una boya que hacía las veces de correo, y que se podían depositar las cartas a fin de que otro navío, con rumbo contrario, las hiciera llegar a destino, que en ese caso era Europa.

Tal boya, contaron, estaba a tres o cuatro días de navegación. Así que se les sugería a los señores pasajeros escribir las cartas que quisieran, porque cuando divisaran la boya, harían solo una rápida detención.

-¡Y qué vamos a hacer con las cartas! –decía el Capitán-.

Son los sueños, esperanzas y sentimientos de personas confiadas que le escribe a sus seres queridos.

-¡Bueno, Capitán! Si no inventamos una distracción efectiva, seguramente vamos a tener un motín a bordo...Luego veremos qué hacer con las cartas.

Al cabo de tres días se llenó una valija con cartas de todos los tipos y tamaños.

¡Cuantas historias se iban a escribir, para bien o para mal, sin la entrega efectiva de dichas cartas!, pensaba inquieto el Capitán.

En una melancólica reacción le escribió una carta a su esposa, diciéndole lo mucho que lo amaba y que lamentaba no habérselo dicho más seguido.

Firmó la carta con "Tu querido Capitán" y la depositó en la valija junto con las demás, como haciendo un acto de Mea Culpa.

Pero la idea parecía haber surtido efecto, porque las visitas de la comisión terminaron y no se habló más de volver a Lisboa. Le dirían a los pasajeros que en la noche del tercer día encontraron la boya y que la operación fue en extremo rápida.

Posteriormente, en San Pablo, enviarían la valija con las cartas en la primera nave que zarpara de vuelta con rumbo a Europa.

Parecía todo solucionado. Hasta que a la hora del crepúsculo del tercer día, el Capitán fue interrumpido por una algarabía que brotaba de cubierta. Los pasajeros y tripulantes estaban mirando por estribor e indicaban a un objeto flotando en el agua. Era una boya de color rojo, con un gran letrero en el que se leía con todas sus letras la palabra "CORREO".

En el puente de mando, los oficiales se quedaron mirando sin entender lo que pasaba.

El Capitán dio la orden de bajar la bolsa con las cartas, depositarlas en la boya y alejarse lo más rápido posible de ese lugar.

El viaje continuó sin contratiempos, llegando a San Pablo semanas después.

Cuando el Capitán volvió de regreso a su hogar a Europa, su esposa lo abrazó amorosamente y le susurró a su oído: "Mi querido Capitán".

La carta la había recibido en perfectas condiciones y a tiempo.

Dicen que la fe mueve montañas. Parece que también pone boyas de correo en medio del océano"

(de "Historias que me contaron", José Miguel Irrazával, SAN PABLO Chile)

Para la reflexión personal y grupal:

-Enumerar las características del buque de nuestro cuento: qué lo caracterizaba, cómo era, de qué se diferenciaba de otros, etc.

-Centrar nuestra atención en los personajes que navegaban en aquél vapor: definirlos y diferenciarlos. ¿Cuáles han sido las diferentes reacciones de estos el siniestro temporal?

-¿Qué significó la boya del correo para la tripulación?

-¿Cuál fue la actitud de fe de los distintos integrantes del vapor?

-¿Qué mensaje nos deja este relato?

-¿Cómo definiríamos la fe?

-¿Qué significado tiene, para nosotros, la frase "la fe mueve montañas"?

-¿De qué manera estamos profesando y testimoniando nuestra fe en los ámbitos donde nos movemos (casa, familia, escuela, trabajo, etc...)?

-¿Qué propósito podemos proponernos para fortalecer nuestra fe en Dios?

No dejes de compartir con nosotros el fruto de tu reflexión.

Hasta la próxima....

 



COMENTARIOS

Revista Online



Anteriores
Ediciones

Ir a la Última edición

Humor

 
Contacto
Riobamba 230 - C1025ABF
Buenos Aires.
Tel. (011) 5555-2400/2401
Fax (011) 5555-2425
Email: contacto@sanpablo.com.ar

×