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Editorial SAN PABLO
 
Mes de la Biblia

 

La conflictiva sociedad de Jesús

Grupos político-religiosos en el tiempo del Nuevo Testamento

Desde la perspectiva política, en la Palestina de los tiempos de Jesús coexistían grupos con diferentes posturas y prácticas frente a la situación de dominación romana. Las distintas posiciones eran consecuencia, muchas veces, de variadas interpretaciones religiosas de la ley y sus consecuencias prácticas, y del destino de Israel, pueblo elegido por Dios.

Los cuatro grupos más representativos eran los saduceos, los fariseos, los esenios y los zelotes. El origen de estos grupos se remonta a la época de la rebelión de los macabeos, en torno a los años 167 a.C., en adelante.

Los saduceos

Constituían un grupo aristocrático, organizado y conservador, formado por los Sumos Sacerdotes, los Ancianos, y sus familias. El grupo reunía, en consecuencia, a la nobleza sacerdotal y laica. Colaboraban con los romanos para mantener su poder, bastante disminuido en la época de Jesús.

El Sumo Sacerdote era elegido por el poder romano, debiendo soportar cuestionamientos de los fariseos, que tenían mayor respeto delante del pueblo.

Sus ideas religiosas se sustentaban exclusivamente en la lectura del Pentateuco. No aceptaban a leyes de pureza relativas al culto y a los sacerdotes solamente dentro del Templo, por lo tanto no debía cumplirlas el pueblo, ni ellos fuera del Templo. Esto los enfrentó severamente con los fariseos, que extendían esas normas a todos los laicos piadosos, en todo lugar.

Los Fariseos

Constituían un grupo muy importante y de notable influencia en el pueblo, a pesar de su escaso número. Formaban un movimiento laico, organizado en comunidades, cuyo origen se remonta a la crisis de la rebelión macabea. Pertenecían a distintas clases de la sociedad.

Su número, en la época de Jesús, se estima en 6.000, tomando como población judía de Palestina unos 500.00 a 600.000 habitantes.

Se organizaban en comunidades cerradas, con normas para el ingreso y admisión, períodos de prueba, y obligaciones a cumplir. Eran personas muy piadosas y observaban con mucho detalle las normas de la Ley referentes a la pureza y el pago del diezmo. En su interpretación de la Ley se obligaban a cumplir ciertas normas de pureza ritual que debían observar los sacerdotes. Fundamentaban esta actitud en afirmar que ellos constituían el verdadero pueblo de Israel, el pueblo sacerdotal de Dios, el de la salvación. Buscaban constituir la comunidad santa de Israel. Su nombre quiere decir, precisamente, "los santos", "la comunidad santa", "los separados", "el resto".

Su oposición a los saduceos tenía su raíz en esta interpretación. Los fariseos ampliaban el derecho sacerdotal al pueblo en su conjunto (a través de cumplir las mismas obligaciones rituales que los sacerdotes), mientras que los saduceos lo restringían a los sacerdotes y excluían al pueblo.

También se diferenciaban en la aceptación de la ley oral. Un conjunto de tradiciones y normas no escritas, transmitidas desde antiguo, y que eran conocimiento especial de los Escribas. En todo lo relativo a la ley los escribas eran los teólogos, los estudiosos y conocedores de la ley oral y escrita; y los Fariseos, los cumplidores y piadosos practicantes de la ley. Esto explica su relación, y el hecho de que a veces en los evangelios se los nombre juntos, aunque eran grupos distintos. Muchos escribas eran también fariseos.

Los fariseos, por su origen y sus ideas, constituían el partido del pueblo, enfrentado a la aristocracia de los saduceos. El pueblo los respetaba y los reconocía como modelos de las normas que enseñaban los escribas. Era reconocida también su preocupación por la enseñanza y existen testimonios de la organización de un primitivo sistema escolar, para aprender la ley. Sin embargo, su actitud ante el pueblo era de una clara separación (no olvidemos su nombre: "los separados", "el resto"...).

No querían tener relación con el pueblo ignorante, inculto y sin conocimiento de la ley. Frecuentemente lo despreciaban y hasta llegaron a establecer severas limitaciones para relacionarse con el pueblo sencillo o los no-fariseos.

Su gran meta era adquirir los méritos necesarios para la salvación mediante el cumplimiento de las leyes de pureza, el pago del diezmo y otras obligaciones, como la limosna, los tres momentos diarios de oración y el doble ayuno semanal.

Luego de la sublevación judía de los años 66-70 d.C., y la catástrofe posterior, con la caída de Jerusalén y la destrucción del Templo, el judaísmo se reorganizó a partir de grupos de fariseos que se reunieron en la ciudad costera de Yamnia.

Los Zelotes

Este grupo se desarrolló en la zona de Galilea. Sus integrantes eran personas sencillas, muy pobres, de tendencia nacionalista, que buscaban apresurar la llegada del Reino de Dios. Intervinieron en varias revueltas contra los romanos.

Lideraron la rebelión del año 66 d.C., que concluyó con la destrucción de Jerusalén y el Templo en el año 70 d.C.

Sus orígenes datan de los tiempos de la rebelión macabea, pero el movimiento terminó de estructurarse con la insurrección surgida en el año 6 d.C., contra el censo promovido por los romanos.

El nombre zelote significa "estar celosos de". Los zelotes guardaban con mucho celo (respeto, cuidado, veneración) la ley, la tierra y las instituciones dadas por Dios a su pueblo. Por lo tanto, se oponían con violencia a quienes transgredían sus creencias. Tenían su centro de actividades en la zona de Galilea, donde se escondían en cuevas, y desde allí promovían sus actividades mesiánicas y antirromanas al resto del país. Solían llegara Jerusalén para las Fiestas de Peregrinación.

Los Esenios

Después de la rebelión macabea del siglo II a.C., un grupo de judíos se retiró a vivir en el desierto. A orillas del mar Muerto se establecieron en la comunidad de Qumran (conocida por los manuscritos descubiertos en el año 1947).

Constituían un grupo cerrado muy estricto en el cumplimiento de las normas de pureza, que vivía alejado del mundo esperando la señal de Dios para pelear por la venida del Reino. Eran menos numerosos y mucho más estrictos que los fariseos, a quienes solían acusar de interpretar con comodidad las leyes.

Vivían separados del resto de la sociedad porque la consideraban corrupta. Incluso se negaban a ir al Templo, pues para ellos había quedado impuro al cambiar la dinastía sacerdotal descendientes de Sadoc (en tiempos de los Macabeos).

Los Herodianos

Son grupos partidarios de los reyes de la dinastía herodiana: Herodes el Grande y luego sus sucesores. Compartían su vida privilegiada. En los evangelios se los nombra como opositores a Jesús.

Movimientos Bautistas

En la Palestina del siglo I aparecieron varios grupos religiosos que predicaban entre el pueblo pobre invitando a la salvación. Se caracterizaron por ser movimientos abiertos y no sectarios, dirigidos a todos, incluso a los pecadores.

Tenían como gesto visible el bautismo de conversión y perdón de los pecados. El grupo reunido en torno a Juan el Bautista permaneció hasta el tiempo de las primeras comunidades cristianas.

Grupos no Judíos

Los samaritanos

Estaba formado por la población de la región de Samaria. Los antagonismos entre judíos y samaritanos tenían un antiguo origen, desde que estos últimos se separaron de la comunidad judía y edificaron su lugar de adoración en la cima del monte Garizín, cercano a la ciudad de Siquem. La hostilidad tenía su fundamento en que los judíos consideraban al pueblo samaritano impuro por su origen mestizo. Recordemos que a la caída del reino del norte, en el año 722 a.C., los asirios deportaron a parte del pueblo y trasladaron a Samaria a pueblos paganos provenientes de la región mesopotámica. Reconocían los libros del Pentateuco y seguían sus normas, pero no reconocían a Jerusalén ni a su Templo.

En los tiempos de Jesús, las relaciones eran muy hostiles. Cuando los judíos de Galilea atravesaban Samaria para llegar a Jerusalén, frecuentemente había problemas.

Jesús no encontró alojamiento en Samaria, cuando la cruzó en viaje, porque se dirigía a Jerusalén, ciudad odiada por los samaritanos. Los judíos los trataban con desprecio, equiparando su posición con los paganos. Les estaba prohibido el acceso al interior del Templo, considerándolos impuros y causantes de impureza.

Los pecadores

No se puede finalizar la presentación y descripción de la composición de la sociedad judía del tiempo de Jesús sin hablar de los pecadores.

Dentro de la sociedad conformaban un grupo de características definidas. Su perfil coincide en muchas características con el pueblo sencillo denominado "pueblo de la tierra", o "ham ha ’ares".

A ellos pertenecía una buena parte del pueblo pobre (que muchas veces encontramos en los evangelios, acudiendo en multitudes anónimas al encuentro de Jesús). Por su ignorancia, falta de instrucción y desconocimiento de la ley, estaban permanentemente expuestos a transgredir alguna norma o prescripción relativa a las leyes de pureza, que los convertía en pecadores. El aumento de los mandamientos había sido tan exorbitante que muy pocos alcanzaban a conocerlos.

Existían 613 mandamientos (365 prohibiciones, de las cosas que no se podían o debían hacer; y 248 prescripciones). Sólo los que accedían a la instrucción (aprendizaje de la Ley), que, por supuesto, no eran la mayoría del pueblo, llegaban a conocer bien todas las normas. El seguimiento rígido de las mismas separaba a los "cumplidores" (minorías) de los "pecadores" (mayorías). La aversión hacia estos últimos era tal que llegaba al extremo de aconsejarse no entablar relaciones con ellos, ni comerciar ni aceptar nada de su parte.

También existían listas de oficios y profesiones consideradas despreciables y con diverso grado de impureza. Por lo tanto, quienes las ejercían pasaban a integrar el conjunto de pecadores. Entre estas profesiones encontramos:

• Oficios relacionados con los transportes (cuidador-guía de asnos, o de camellos, marinero, cochero). Podían llegar a robar algo de las mercancías o equipaje transportado.

• Pastores. Se decía que llevaban los rebaños a pastar a campos ajenos, y que robaban parte de los productos del rebaño.

• Publicanos. Se enriquecían engañando a los demás.

• Y también ladrones, prostitutas, jugadores, usureros.

En los evangelios encontramos muchas citas en las que se asocia a estas profesiones con el rótulo de pecadores.

Y existían otras más. Se conservan diversas listas, no siempre coincidentes. Integraban el grupo también los enfermos. En la forma de pensar de la época, era común asociar la enfermedad con el pecado, ya sea del mismo enfermo o de sus antepasados.

La enfermedad o discapacidad de muchos se relacionaba con estar poseído por un espíritu malo. La mentalidad oriental asociaba la conducta de una persona al espíritu que la habitaba. Los evangelios nos describen, con detalle, varios casos de personas habitadas por espíritus malos.

Los pecadores podían tener diferencias en cuanto al origen de su pecado, pero compartían la marginación del resto de la sociedad.

Eran excluidos de la vida social al punto de no poder compartir la sinagoga. Para muchos era imposible escapar a su condición, pues si bien era factible la purificación mediante el arrepentimiento y sacrificios de expiación, todo significaba un desembolso de dinero. Y como su dinero era impuro, no lo podían utilizar. ¿De qué manera podrían arrepentirse y purificarse? Estaban condenados a la exclusión social.

En este complejo entramado social nació, vivió y predicó el reino Jesús de Nazareth. Sin tener en cuenta el contexto histórico (la realidad geográfica, política, económica, social y religiosa) de su tiempo, corremos el riesgo de leer la Biblia sin asumir los compromisos y opciones que Jesús nos señaló con sus enseñanzas y su práctica.

Ante una sociedad en conflicto (como la nuestra hoy, y como cualquier sociedad en un tiempo histórico determinado), Jesús tomó partido y anunció el Reino desde posiciones claras y categóricas. Ello le valió la incomprensión y el rechazo, y hasta la muerte en la cruz. Para el hombre no creyente, Jesús puede ser un estimable, acaso único, modelo de lucha por la justicia y el bien de los demás. Pero su utopía de vida concluye son su muerte violenta a manos del poder religioso, económico y político de su tiempo. Para el hombre de fe, la vida de Jesús y su práctica histórica (sus opciones concretas ante la realidad de su tiempo) han sido confirmadas por el Dios de la Vida como el camino a seguir. La resurrección de Jesús es la plena y definitiva palabra de Dios sobre cómo y por qué hay que vivir. El estilo de vida, las enseñanzas, las opciones, la práctica de Jesús, que conocemos a través del texto evangélico, se constituyen en la "norma" a seguir. Palabra de Dios que nos apunta la dirección y el camino para anunciar y construir el Reino.

En este sentido, Jesús hace historia. Desde su propia vida (sus acciones, opciones, palabras...) construye la historia que podemos continuar.

Conocer la realidad del tiempo que vivió Jesús es importante, necesario e imprescindible para entender sus opciones. Y es una invitación y un desafío a conocer también la realidad que vivimos en nuestros días.

A través del conocimiento de la compleja realidad que nos toca vivir (política, económica, social, cultural y religiosamente) podremos discernir con mayor claridad qué opciones son las que permiten vivir con mayor fidelidad la fe en Jesús y la construcción de su Reino, esperanza y utopía que comenzó acá en la tierra y es nuestra tarea.

 


(Material perteneciente al Curso de Formación de Animadores Bíblicos de SOBICAIN)


La SOCIEDAD BÍBLICA CATÓLICA INTERNACIONAL es una Institución fundada en 1924 por el P. Santiago Alberione, fundador de la Sociedad de San Pablo, proponiéndose dar un servicio a la Iglesia unversal mediante la difusión de la Palabra de Dios.

Promueve el encuentro personal y comunitario del Pueblo de Dios con la Biblia, su estudio y meditación.

www.san-pablo.com.ar/sobicain



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