Cuánto nos reconforta que nos saluden con un "ĄDios te bendiga!". El deseo de bien se convierte en una oraciķn en nuestra presencia, y por la mente nos pasan en procesiķn todas las cosas para las que necesitamos una bendiciķn.
Es una realidad natural de toda persona establecer una relaciķn con la fuerza espiritual, para conseguir bienes sobre las necesidades inmediatas de todos los días. Pero, lamentablemente, no siempre recurrimos a los medios adecuados, tal vez, por desconocimiento. Me refiero a todos esos amuletos y supersticiones llenos de fantasías.
Es bueno conocer aquellos signos y símbolos que nos ayudan a realizar, de hecho, una comuniķn espiritual; como los son el agua bendita y las velas, dos elementos muy comunes y significativos.
Jesús, durante su vida terrena, usķ el lenguaje de los gestos simbķlicos (palabras, acciones, contactos, etc.) en su actuaciķn salvadora. De la misma manera, lo sigue haciendo la Iglesia, instituida por Jesús para conferirnos la gracia necesaria para nuestra salvaciķn y santificaciķn. Los canales por los cuales recibimos esa gracia son: la Santa Misa, los sacramentos, la oraciķn.
El agua bendita y las velas son dos sacramentales, es decir, son signos sagrados que, imitando a los sacramentos, expresan efectos sobre todo espirituales, estos y otros sacramentales santifican muchos momentos de las familias, de las personas y de las comunidades.
La diferencia, entre sacramentos y sacramentales, está en que los primeros son instituidos por Cristo para otorgar gracia, y los segundos lo son por la Iglesia, con la autoridad que él le dio para cumplir su misiķn. Entonces, si los fieles nos disponemos a recibirlos, los acontecimientos de nuestra vida serán santificados por la gracia divina que deriva del Misterio Pascual de Cristo, de quien reciben su poder todos los sacramentos y sacramentales.
Sabemos, por ejemplo, que el agua es una realidad polivalente: sacia la sed, limpia, purifica, es fuente de vida, etc.; es el tesoro más preciado de nuestro planeta Tierra. Tiene la capacidad de saciar la sed material de los hombres y, simbķlicamente, también se refiere a sus deseos más profundos: felicidad, libertad, amor y verdad. Al mismo tiempo que limpia y purifica a la pureza interior.
Todos estamos totalmente habilitados para usar el agua bendita como un sacramental para nuestra vida. Podemos pedirla en nuestras parroquias, y tenerla en casa, para santiguarnos con ella antes de emprender cualquier tarea, o cuando lo creamos conveniente. El agua es un elemento esencial para el Bautismo, por eso, cada vez que la usamos, nos trae a la memoria este sacramento, que nos dio el perdķn del pecado original, la nueva vida en Cristo, la gracia de ser hijos de Dios y de pertenecer a su Pueblo Santo.
Las velas, decíamos, también son un sacramental que se emplea en la Liturgia y en la religiosidad popular. Es común que los catķlicos las encendamos en las procesiones, ante las imágenes de Cristo, la Virgen María y los Santos; queriendo expresar con ello una ofrenda espiritual de nuestra devociķn, comuniķn y amistad, que van más allá de esta dimensiķn terrenal. En la Liturgia, se las utiliza para la administraciķn de los sacramentos, la santa misa, la exposiciķn del Santísimo, etc. Para el tiempo pascual encendemos el cirio pascual, que representa a Cristo, porque la cera simboliza su cuerpo, y la luz, su naturaleza divina. De allí, que, en los bautismos se encienda una vela con el fuego del Cirio pascual, y se la entregue al recién bautizado o padres, como símbolo de la luz de Cristo que debe brillar en su vida.
Nuestro caminar es una continua experiencia pascual, por eso, dejarnos alumbrar por esa luz bendita, es para que ella aclare nuestra mente y corazķn, nuestro interior y nuestra vida. Esta luz pasa a otro lado (nos traspasa), y comienza a brillar en nuestras tinieblas interiores, generando vida, fe, alegría y esperanza.
Nuestra vocaciķn cristiana nos reviste con el sacerdocio bautismal, y nos capacita a todos los fieles a administrar estos sacramentales, para ser signos de alabanza y bendiciķn para los demás.
El Padre celestial, en Cristo y por la Iglesia, nos proporciona estos medios para caminar en este mundo, bendecidos e iluminados, llevando, a nuestra quebrantada realidad social, agua que purifica y luz que disipa las tinieblas.
Porque somos bendecidos, en Cristo, con toda clase de bienes espirituales, deseo que: El Seņor te bendiga y te proteja; haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia; te descubra su rostro y te conceda la paz (cfr. num. 6, 24-26).
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