En algunos casos −ya sea de manera consciente o involuntaria− solemos atribuir y culpar a terceros por nuestros fracasos y frustraciones personales, grupales, comunitarias, pastorales, familiares, etc. Es que, probablemente, sea más fácil y cómodo echar la culpa a otras personas, a supuestos enemigos y a imaginarios fantasmas −para justificar nuestras falencias, temores e incapacidades y alcanzar determinados objetivos−, que mirar nuestro interior y ejercer valientemente la autocrítica necesaria que nos permita descubrir nuestras debilidades y tomar una postura diferente que nos ayude a crecer.
Un simpático relato titulado Desde dentro y el posterior comentario, pertenecientes al libro Cartas del desierto vol.1, del logoterapeuta mexicano Guillermo Pareja Herrera, nos pueden guiar para reflexionar un poco más sobre el tema planteado y sobre nuestra actitud ante lo referido:
Para leer:
Pasaba el anciano y sabio Afanti junto a la muralla del palacio del jeque, allá en un reino lejano del desierto arábigo.
Afanti observó como una cuadrilla de albaņiles trabajaba bajo el rayo del sol. Afanti entonces les preguntó cuál era el propósito de su trabajo, y le respondieron:
Estamos aumentando la altura de la vieja muralla.
ŋPara qué? preguntó Afanti.
El jeque tiene temor de un ataque de sus enemigos.
Afanti les dijo:
Díganle a mi buen amigo el jeque que no se preocupe tanto por los ataques del exterior; pues los verdaderos enemigos están dentro de su palacio.
Para la reflexión personal y grupal:
-Volvamos a leer el cuento, situándonos, imaginariamente, en el lugar donde transcurre esa escena, figurando y visualizando a los personajes que intervienen en ella.
-ŋQué fue lo que llamó la atención del sabio Afanti? ŋQué lo motivó a dirigir su consulta a los albaņiles?
-ŋCuál era la causa por la que estaban elevando aquél muro? ŋQué tipo de temores, interpretamos nosotros, que sufriría el jeque del relato? Si fuera necesario, indaguemos acerca de lo que era un jeque, sus atribuciones, condiciones, lugar que ocupaba y le correspondía socialmente, etc.
-Centrémonos, finalmente, en la respuesta terminante de Afanti. ŋPor qué suponemos que brindó tal afirmación? ŋA qué tipo de enemigos se referiría en su mensaje al jeque?
-Seņalemos qué enseņanza nos deja esta historia y qué significado le encontramos en este momento de nuestra historia personal, grupal, comunitaria, etc.
- En nuestro caso, ŋcuáles serían los enemigos internos que amenazan e impiden que desarrollemos con eficacia nuestra vida personal, laboral, pastoral, estudiantil, etc.? ŋEn nuestro ámbito grupal, comunitario, parroquial, etc., ocurre lo mismo?
-ŋSentimos temores e imaginamos amenazas que nos llevan, con frecuencia, a levantar altas murallas en nuestra vida y labor cotidiana?
-ŋNos estamos haciendo cargo de nuestro propio destino y de los errores, conflictos y desaciertos que solemos vivir y cometer, tanto personal como grupalmente? ŋO preferimos depositar la culpa en otras causas y personas −incluso imaginarias o ficticias− cuando no logramos alcanzar lo deseado?
-ŋTenemos autocrítica? ŋCómo la definiríamos? ŋSomos capaces de generar espacios privados o comunitarios para sincerarnos con nosotros mismos, corregir lo necesario y madurar? ŋQué nos lo impide? ŋEl ego, el orgullo, los prejuicios, etc.?
-Proponernos alguna iniciativa, personal o grupal, para comenzar a vivir a partir de esta semana, conforme a lo que hemos reflexionado.
Para profundizar nuestra reflexión:
Este cuento de la sabiduría árabe no ha perdido vigencia. Vale para entender la geopolítica internacional agobiada por la guerra y el terror. También vale para comprender lo que sucede en nuestra patria; en nuestras escuelas; fábricas y hogares.
Cuando escucho hablar de violencia familiar; de golpes; vejaciones; maltratos y violaciones; suelen provenir del interior del hogar. Es raro que alguien extraņo se introduzca en el seno de una familia con esos propósitos. Son los conflictos entre el hombre y la mujer; entre la hija y la madre; entre el hijo y el padre, o los conflictos fraternos que se cocinan dentro de la vida familiar.
Lo mismo sucede en el contexto de los centros de trabajo; de los organismos públicos y gubernamentales. El conflicto; rara vez, proviene de afuera: por lo general, surge como producto de las empobrecidas relaciones interpersonales del interior de nuestras vidas.
Por tanto, el limpiar la propia casa, el crear orden y armonía en la propia vida es el primer paso. En medio de los muros humeantes del polvo y de los seres adoloridos, surgirá una forma de vida que hará honrar nuestra condición de humanos, y las murallas perderán sentido y razón de ser.
(Desde dentro, Guillermo Pareja Herrera en Cartas del desierto vol.1, SAN PABLO)
Para rezar:
ĄDerrama tu Gracia, oh Dios!
Para así poder conocerte,
aceptarte y seguirte.
Anunciando a ti
con palabras y hechos, como Seņor y Salvador.
ĄDerrama tu Gracia, oh Dios!
Permite que te aceptemos,
humildemente, desde el tiempo y lugar
en donde vivimos, cada día, cada momento.
ĄSopla tu Espíritu, Seņor!
Haz que veamos nuestras muchas faltas.
Pedimos, por ellas, tu perdón.
Y que tú, al perdonarnos, nos des
Sabiduría para reparar los errores.
ĄSopla tu Espíritu, Seņor!
Cambia nuestros seres,
libéranos para la Vida en abundancia construida,
desde el Amor, en unidad y comunidad
aun en la diversidad.
Amén.
Inés Simeone, en la Red Clai