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Editorial SAN PABLO
 
Nota de Color

 

Pascua de Resurrecciķn: apostar a los signos de vida

La Pascua exalta la victoria de la vida sobre la muerte. A veces, esto nos parece más una afirmaciķn teķrica o espiritual que concreta. Sin embargo, a lo largo de nuestra historia personal, encontramos signos que tienen una significaciķn muy profunda y, muchas veces, no tenemos la capacidad para interpretarlos.

La Pascua Judía celebra el paso de Dios para liberar al pueblo. La Pascua de Jesús es el pacto de la Nueva Alianza, y, cuando la celebramos, en la medida en que nuestra vida refleja y actualiza la vida de Jesús, volvemos a firmar el acuerdo que nos habilita para vencer a la muerte.

Hay muchos signos en la sociedad que nos recuerdan los signos de la Pascua:

ˇ El signo de la palabra que nos permite llamar a las cosas por su nombre, en la sociedad y en la Iglesia. El Evangelio solicita que nuestro lenguaje sea verdadero, audaz y valiente, para proclamar la justicia que merecemos, gracias a su pasiķn, muerte y resurrecciķn.

ˇ El signo de la luz que vence a las tinieblas: Jesús es la luz que no se agota, que recibimos, la ofrecemos y la transmitimos a los demás. Solamente la persona que recibe la Luz de Jesús puede iluminar a los demás. ŋQué situaciones de nuestra vida cotidiana necesitamos iluminar? ŋQué situaciones familiares, comunitarias y sociales requieren luz?

ˇ El signo del pan y el vino: compartir una comida es una de las expresiones que más se repite en todos los pueblos como signo uniķn y júbilo. Un plato y un vaso compartidos con las personas a las que se estima, ayuda a crear un ambiente de alegría. Compartir entre nosotros el alimento es un gesto de servicio, de perdķn, de ayuda, de tolerancia y de amistad.

ˇ El signo de ser Pueblo de Dios que tiene una Alianza con él: Está en nosotros descubrir los símbolos en los que la vida nos pide vencer el mal. Los signos de nuestras celebraciones solamente tienen sentido, si los vivimos como pueblo de Dios, como Iglesia, porque somos una comunidad que refleja la vida de Jesús.

Así como hay signos pascuales de vida, hay signos de pecado y muerte: el silencio frente al mal y el no proclamar la Buena Noticia. El signo del individualismo que no nos permite dar y darnos a los otros.

La Pascua, paso de Dios por nuestra vida, se realiza definitivamente en cada uno de nosotros y nos constituye como pueblo de Dios, que trasciende los estrechos límites sociales, políticos y culturales en que nos quieren encerrar.

 



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