Actualidad

Gran Romano
Autor: Oscar Campana
Director de la revista Vida Pastoral
oscarcamapana@fibertel.com.ar

Nos llega esta noticia y queremos compartirla con nuestros lectores, junto con algunos comentarios:
 
(EFE) “El Vaticano estrenará este jueves un nuevo portal de internet, donde además de incluir informaciones sobre el Estado pontificio, mostrará en tiempo real a través de cámaras web, algunos rincones como la tumba de Juan Pablo II y los jardines, informó un comunicado. El nuevo portal se sumará al ya existente, donde a partir de ahora se podrán consultar las actividades del Papa. Sin embargo, este nuevo sitio web permitirá acceder a la Ciudad del Vaticano y sus servicios, como museos, filmoteca, oficina de correos o la farmacia.
El nuevo portal mostrará, en tiempo real y a través de cinco cámaras web, los bellos jardines vaticanos, casi desconocidos ya que están cerrados al público; la plaza de San Pedro; la Cúpula de la Basílica y la tumba del Papa Juan Pablo II. La cámara sobre la tumba de Juan Pablo II permitirá observar en cualquier momento a las miles de personas que cada día acuden a las grutas vaticanas para rendir homenaje al pontífice. El sitio de internet está dividido en cinco secciones: Gobierno y Estado, Servicios, Otras Instituciones, Monumentos y Tienda, en éste último se permitirá a los usuarios comprar productos numismáticos, filatélicos, tarjetas de teléfono y otra serie de artículos de los Museos Vaticanos”.
 
Bueno. Esto es sólo el comienzo. No demos crédito a quienes ven aquí una variante místico-morbosa de Gran Hermano. Aquí veremos gente rezando. Y gente viendo, por primera vez, lo que estaba oculto y ha sido revelado.
 
Se me ocurren, casi sin esfuerzo, algunas ideas sobre dónde poner estas cámaras web, sin salir del 0,44 km2 al que Garibaldi redujo los Estados Pontificios en 1870 y que hoy constituyen la Ciudad del Vaticano. Pero resisto la tentación de decirlo. Aún así, pienso algunas cosas...
 
Urbi ¿et orbe?
 
Desde hace muchos años la Iglesia coquetea con las “modernidades” sin dialogar, en el fondo y seriamente, con la modernidad y sus consecuencias. Incluso existe todo un discurso sobre los “nuevos areópagos” que olvida lo mal que a Pablo le fue en el viejo Areópago de Atenas (ver Hechos 17).
 
Las más importantes ciudades del mundo, es verdad, han puesto cámaras que permiten ver en tiempo real, por la web, distintos sitios de las mismas. El Vaticano hoy hace lo mismo. Quizás sea una medida interesante. Pero ¿qué sentido tiene ver plazas, palacios y tumbas en una Iglesia que quiere saber y conocer otras cosas? ¿Cómo compatibilizar este muestreo con  el secreto que anida en tantas oficinas romanas, en las que se cocinan decisiones que terminan teniendo un impacto significativo en las iglesias locales de todo el orbe?
 
Hace un tiempo, escribí en un editorial de Vida pastoral:
“Podríamos resaltar un elemento [...] que parece conformar uno de los ejes de la vida concreta de la Iglesia universal y de su ‘administración’: el secreto. [...], refiriéndose a la ‘cultura clerical’, A. M. Rizzuto decía que «es una cultura de poder dominada por el secreto, en la que el ascenso a los cargos eclesiásticos requiere sumisión para llegar a ellos. Esto crea en el clero más joven un gran temor a la autoridad. La autoridad tiene todo el poder y los sacerdotes comunes y los laicos no tiene ni voz ni opinión sobre el gobierno de las estructuras administrativas de la Iglesia. Nadie controla a la jerarquía que tiene poder absoluto. Sus poderes son legislativo, ejecutivo, judicial y litúrgico... Solamente el Papa... puede exigir cuentas al obispo. El pueblo cristiano no tiene derecho. El pueblo no puede ejercer la obligación de hacerse oír prescrita por el Concilio Vaticano II...». Ante el secreto, hay voces que parecen decirnos que "las cosas son así", porque siempre lo fueron. Como si las cosas no pudieran ser de otra manera... Sabemos que las consultas contempladas en el Código de derecho canónico a la hora de cubrir cargos pastorales, son absolutamente discrecionales (ver cánones 377§3; 524; 547). Como sabemos también que la autoridad puede evitarlas o decidir en sentido absolutamente contrario a ellas. Como afirmaba también Rizzuto, «en la cultura clerical la elección de los párrocos y obispos ignora totalmente los deseos, necesidades y legítimas obligaciones de los fieles, a todos los niveles de la jerarquía las designaciones son hechas a través de procedimientos secretos de los obispos y del Papa. El pueblo tiene que aceptarlas y no tiene medio de hacer valer sus derechos».”
 
El camino de la transparencia y el de la construcción de un pueblo de Dios en el que todos somos corresponsables, no se transita con cámaras web sino con el reconocimiento pleno de las iglesias locales, de sus identidades y, porque no, de sus autonomías y derechos vividos en la comunión con toda la Iglesia.
 

Ver y oír

Sí, el pueblo de Dios quiere ver y oír, pero quiere oír y ver otras cosas. Son muchos los que desean habitar una Iglesia alejada tanto de los pactos de silencio, sordamente renovados aquí y allá, como del circo, la puesta en escena y el culto a la personalidad. Por eso acuden a mi memoria las palabras de Ronaldo Muñoz en “La Iglesia que amo”:
 
Pocas catedrales de canto y oro,
muchas capillas de barro y tabla.
 
Pocos ricos adiestrados a la indiferencia,
muchos pobres expertos en pasión compartida.
 
Pocos letrados calculadores y prudentes,
muchos sencillos que saben de fe y de esperanza.
 
Pocos doctores muy seguros de su doctrina,
muchos testigos que escuchan de verdad.
 
Poco poder de fariseos y sacerdotes de carrera,
mucho servicio humilde a los hermanos más pequeños.
 
Pocos proyectos de dólares y marcos,
muchas mingas de sudor y canto.
 
Pocas ceremonias en palacios y cuarteles,
muchas fiestas en aldeas y barrios marginales.
 
Pocas bendiciones de armas, bancos y gobiernos,
muchas marchas de paz, justicia y libertad.
 
Poco temor al Dios del castigo y de la muerte,
mucho respeto al Dios del amor y de la vida.
 
Poco culto de espaldas al pueblo
a Cristo rey eterno en las alturas;
Mucho amor y seguimiento a Jesús el de María,
Compañero, Profeta, Hijo del Padre.
 
Poco, cada vez menos,
mucho, cada vez más.

 



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