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Análisis
Una desaparición que "desangra" la libertad latinoamericana
 

“…Cuando empezaron a desaparecer como el oasis en los espejismos, a desaparecer sin últimas palabras, tenían en sus manos los trocitos de cosas que querían… están en algún sitio allá en el sur del alma, es posible que hayan extraviado la brújula y hoy vaguen preguntando donde queda el buen amor, por que vienen del odio…” Mario Benedetti

Mucho tiempo ha transcurrido desde el 17 de septiembre del 2006, fecha en la que Julio López, que había sido privado de su libertad ilegalmente y torturado durante los oscuros años de la última dictadura militar argentina, fue secuestrado de la vida pública y “democrática” del país.
 
Presumiblemente, este “macabro” hecho fue llevado a cabo por algunos integrantes de los sectores mas favorecidos de la República Argentina que, con manifiesta voluntad de opresión tanto de los mas marginados de nuestras comunidades, como de aquellos que trabajan cotidianamente por su liberación, recurren en ocasiones al uso de la fuerza para reprimir –cf. Medellín, Paz, 5-6– a todos aquellos que conservan en la memoria de su cuerpo las huellas del horror vivido en la década del `70 del siglo pasado, ya que ellos son testigos claves para declarar contra quienes implementaron las políticas de violentación de los derechos humanos y exterminio que, por aquél entonces, la Junta Militar elaboraba.
 
Ahora bien, con profundo dolor debemos reconocer que muchos, con el paso del tiempo, parecen haberse olvidado de este siniestro hecho, y continúan sus vidas como si viviéramos en una democracia plena, en donde ya nadie sufre apremios ilegales o desaparece por sus pensamientos políticos.
 
Es decir, en otras palabras, por desgracia no son pocos los que hoy, además de no actuar en favor de los mas pobres, ni siquiera hablan sobre la desaparición de Julio López quién es una de las tantas personas que, ayer como hoy, entienden que en las condiciones de pobreza por las que atraviesan muchos compatriotas es indispensable participar, en comunión con los demás, a favor de los grupos sociales mas desposeídos de nuestras comunidades, con todas las consecuencias que estas actitudes conllevas en contextos de explotación y “ vejación” social como los que se presentan en muchas zonas de América Latina –cf. Puebla, 327.
 
En este sentido, comprendiendo que hoy en día en Latinoamérica en particular, y en el mundo en general, no se puede amar verdaderamente al hermano, y por ende a Dios, sin comprometerse integralmente con aquellos que viven en una situación de cotidiana humillación e injusticia –cf. 1Jn. 4, 20-, y con quienes son perseguidos y desaparecidos por soñar con un mundo de Luz y Esperanza, es hora de que asumamos todos un claro compromiso social, radical y profundo, para mantener cotidianamente en alto el anhelo, y el reclamo, de aparición con vida de Julio López.
 
Por estos motivos, y a pesar de algunos medios de comunicación social que en muchas ocasiones se empeñan en mantener el “status quo” manipulando la información, callando, alterando o inventando el contenido de la misma –cf. Puebla, 1069 -1070- para causar una especie de “amnesia colectiva” con el fin de que, entre otras cosas, puedan continuar impunemente transitando por las calles aquellos que atentan, y atentaron, contra la dignidad humana, tenemos frente a nosotros la noble tarea de procurar  rescatar de las "penumbras del olvido  social" a todos aquellos que en este momento se encuentran desaparecidos.
 
En síntesis, frente a una desaparición que “desangra” la libertad latinoamericana, todos tenemos el "deber social" de recordar a quienes, como Julio López, ayer y hoy, denuncian a aquellos que viven en un ámbito egoísta de codicia y avaricia, y creen que el compromiso de todo latinoamericano, al vivir en un continente en el que muchos hombres y mujeres transcurren sus días en un contexto de opresión, pasa por actuar a favor de la liberación, humanización y el desarrollo de quienes menos recursos tienen, y luchar por crear sociedades mas justas, solidarias, fraternales e igualitarias –cf. Medellín, Mov. de laicos, 9.

 

 

5 comentario(s)

Javier Trouzzillos el 13/02/2007 a las 22.30 hs. escribió:

Con que seguridad puede una persona hacer lo mismo que Juio Lopez?? Nadie quiere terminar desaparecido o muerto.

Pablo (pablohuasi@hotmail.com) de La Matanza, Argentina, el 13/02/2007 a las 16.45 hs. escribió:

Enorme impotencia me causan estos hechos y un gran dolor en el alma. La desaparición de Julio López nos revienta contra una pared que fuimos aceptando como democracia y que en estos acontecimientos muestra su lado más perverso y más hipócrita. En todo este tiempo nada parece haber cambiado si se repite tan escrupulosamente los mismo hechos que hace 30 años. A veces pienso que deberíamos parar de andar, que nada tiene sentido, que no se puede continuar hasta no haber esclarecido cada desaparición para conocer hasta el último de los culpables. Pero esto no pasa, y seguimos en “la diaria”, y cada cual en lo suyo, y ya, inmediatamente, una nueva noticia para olvidar, para siempre, olvidar.

Atención: aquellos comentarios que sean envíados por partes no serán publicados.
 
 

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