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En pleno S XXI América Latina continúa siendo un continente con profundas diferencias sociales.
En tiempos en los que en Latinoamérica la indigencia, el desempleo y la pobreza son moneda corriente, los cristianos con el corazón en el Evangelio y “las manos en el barro" seremos capaces de transmitir esperanza de vida a millones de excluidos sociales.
Hoy en día, primeros años del SXXI, la situación política y económica de la población latinoamericana, lamentablemente no ha mejorado, sino mas bien todo lo contrario: luego de décadas de implementación de las políticas neoliberales, la situación social, en muchos países, es sencillamente dramática. En efecto, en muchas de nuestras sociedades el desempleo ha crecido en forma alarmante y sin control alguno; la brecha que separa a ricos de pobres es cada vez mayor; día tras día aumenta la desigualdad entre los países desarrollados y los países subdesarrollados; las libres fuerzas del mercado, lejos de garantizar el pleno empleo, propiciaron que los ricos acrecienten cada vez mas sus fortunas, y que los pocos que tienen trabajo, al desaparecer las instituciones que defendían sus derechos, se encuentren cada vez mas desprotegidos en la defensa de sus derechos laborales.
En este contexto, los cristianos en particular, y el resto de la sociedad en general, desde la palabra y los actos, debemos realizar acciones concretas y eficaces, que tiendan a mejorar la situación de aquellos que se encuentran en situación de opresión material y espiritual, identificándonos con sus problemáticas, aspiraciones y anhelos de justicia y libertad.
Así mismo, debemos trabajar por una Cultura de Paz a través de la cual se pueda construir sociedades mas justas y solidarias, en donde se promueva el desarrollo humano, y exista plena satisfacción de las necesidades básicas de hombres y mujeres. Ahora bien “... es de augurar que la exaltación del ideal de la paz no favorezca la cobardía de aquellos que temen deber dar la vida al servicio del propio país y de los propios hermanos cuando éstos están empeñados en la defensa de la justicia y de la libertad, y que buscan solamente la huida de la responsabilidad y de los peligros necesarios para el cumplimiento de grandes deberes y empresas generosas: paz no es pacifismo, no oculta una concepción vil y negligente de la vida, sino proclama los más altos y universales valores de la vida: la verdad, la justicia, la libertad, el amor ...” (Pablo VI, Mensaje por la Jornada de la Paz, 1 de enero de 1968).
En resumen, y teniendo en cuenta que en la mayoría de las sociedades de América Latina existe una creciente marginación de sectores cada vez mas amplios de la población, que ven sus necesidades básicas insatisfechas y sus derechos violados, es hora que desde el cristianismo surja un movimiento evangelizador, que traduzca la Palabra del Señor en actos para mejorar la situación de vida de quienes se encuentran excluidos del "ostentoso y obsceno" banquete que disfrutan unos pocos. En este sentido, teniendo el corazón en el Evangelio y las "manos en el barro", los cristianos seremos capaces de asemejarnos cada día un poco mas a Cristo, quién siendo Dios, se convirtió en hombre, compartió las dichas y penurias de los que menos tienen, y trabajó junto a ellos, "codo a codo", por la construcción de sociedades mas justas, solidarias e igualitarias.
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