Análisis Pastoral

Misionando en la burbuja

Es muy importante reflexionar acerca de los comentarios de los lectores.

Isabel, en la nota anterior, tocķ una tecla que quizás era la que necesitaba para poder cerrar esta serie en la que estuvimos revisando la idea del misionar.

Ella, refutando la imagen de la "parroquia burbuja" (léase: retablo de santidad garantizada), se anima a más y propone un nuevo rumbo: algo así como pensar en una espiritualidad renovada; intento el aporte: espiritualidad realista.

Sinceramente me interpelķ el planteo. Es casi como una invitaciķn a la conversiķn. Conversiķn que sķlo puede pensarse desde la lectura descarnada de nuestra propia realidad, hecha, no con espíritu de crítica "diagnķstica" que tanto nos seduce, sino, mejor, buscando reconocernos tal como somos para anhelar y pedir y rezar el ser transformados.

Somos lo que somos como sociedad.

No quiero cansar, y sin duda podremos intentar explicaciones o razones, pero somos-integramos-construimos una sociedad que excluye, margina, rotula, marca, yerra, discrimina, proscribe, aísla, daņa, somete, promete, desdibuja, incumple, tergiversa, uffff... sociedad difícil. Objetivamente innegable. También hace cosas buenas, pero en líneas generales, lo que duele es el dolor.

Nuestras parroquias, nuestros grupos y nuestras familias no están a salvo; efectivamente, visto desde esta ķptica, no pueden ser burbujas. Fue, de mi parte, un exabrupto de esperanza (por el que me disculpo y alegro a la vez).

La fuerza misionera no puede vencer por sí sola "esa" realidad. Pero hay esperanza. No está dicha la última palabra: el cambio está en el aire. El Espíritu lo viene trayendo y nosotros, como cuando en el viento olfateamos la lluvia, lo vamos comenzando a percibir... pero hace falta más.

Vemos que esta realidad necesita ser transformada, aunque sin embargo, seguimos esforzándonos únicamente por ir a otros lugares (de ser posible, lejanos) a llevar la Buena Noticia.

Quizás tengamos miedo a parecer ridículos. Por ahí nos asusta que no seņalen como bichos raros; sin duda, aterra el comentario latente..."no es este el carpintero"... Es altamente probable que tengamos miedo. Casi natural. Afuera será distinto. Allá no nos conoce nadie. Podremos gritar aquello que aquí nos sentimos obligados a callar.

La ciudad sigue fagocitándose signos del Reino.
Cristo incomoda en Buenos Aires.
Cuestiona.

ŋBurbujas había dicho? Catacumbas tendría que decir.
Casi estamos escapando los cristianos de la ciudad.
Misioneros en fuga.
Mucho romano suelto.
Mucha contra.
Mucha tentaciķn.
Mucho de todo y nosotros, en medio, siendo parte de ese "de todo".

El enemigo no está tan lejos.
Lucha y mil veces gana al convencernos de que nuestro entorno no necesita ningún anuncio; de que yo no necesito revisar nada. De que está "todo bien". Todo vale. ŋTolerancia?... Ąqué terreno escabroso!... ŋTibieza?... (Dios me ayude)... pero volvamos:

ŋBurbujas había dicho? Catacumbas tendría que decir.
Pablo también era romano. Romano y perseguidor.
Conversiķn.
Caer del caballo + ceguera temporal (impotencia) + entrega (dependencia) = conversiķn.

Pablo dejķ de restar y comenzķ a sumar.
Saltķ de la denuncia al anuncio, y volviķ desde el anuncio a la denuncia.

Me gusta soņar con misioneros partiendo desde la realidad real; mirándose a los ojos reconociendo verdaderamente quienes son, quienes somos; cuáles son sus límites, nuestros límites; sus flaquezas, nuestras flaquezas; sus negaciones cotidianas, mis negaciones. Me gusta soņar con verme así. Comenzando la misiķn revisando mi propia vida y pidiendo a Jesús que me ayude a recorrer sus caminos a pie. Soņar con que Jesús me baje del caballo.
Soņar con que pueda salir a misionar a pie.
Soņar con que, andando a pie, viva misionando.

Conversiķn.
Hay mucho por hacer en casa.
      Conversiķn en serio.
Hay mucho por hacer afuera.
      Conversiķn auténtica que me transforme un poco.
Hay mucho por hacer.
      Conversiķn fundante que se haga signo.
Hay que pensar.
Hay que rezar.
Pensemos entre todos.
Recemos entre todos.
Amén.
ĄAmen!

 


*Pablo Muttini naciķ en Buenos Aires en 1963. Es casado, padre de tres hijos y se desempeņa como creativo publicitario. Trabaja desde hace varios aņos como voluntario en Cáritas.



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