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Todos hemos experimentado, y seguro más de una vez, esa emoción única que nos provoca una canción o una melodía. Muchos recuerdan momentos importantes en sus vidas, asociadas a alguna canción.
Suelo preguntarles a los amigos sacerdotes con quienes converso si recuerdan el día de su ordenación. Por supuesto, todos responden que sí. Y aunque ninguno recuerda qué dijo el obispo ese día (¡algunos no recuerdan quién era el obispo!), aún no encontré a ningún sacerdote que no recuerde la canción que se cantaba cuando entraban al templo en tan importante día.
Alguien dijo alguna vez que aunque el corazón humano ansía la verdad porque sólo en ella encuentra verdadera liberación, la primera reacción de los seres humanos ante la verdad es de hostilidad. Por eso, Jesús utilizaba el relato, para eludir la oposición de sus oyentes. Contaba cuentos, narraba historias, de tener a mano una cítara (instrumento parecido a la guitarra de la época) sin duda hubiera cantado canciones. Él sabía que las palabras más fascinantes son "había una vez..." y todos los que tenemos hijos sabemos lo que esas palabras "mágicas" logran en los chicos. También sabía que es muy fácil oponerse a una verdad, pero es imposible resistirse a un relato. Es más, me sumo a aquellos que creen que si alguien escucha con atención una canción, no vuelve a ser el mismo. Es que la canción se mete en el corazón y va destruyendo los obstáculos que nos impiden ser más humanos, mejores personas y también acercarnos a lo divino.
La música cuenta historias, habla a los sentimientos, invita a participar haciendo palmas, repitiendo estribillos, bailando, etc. Se dirige a la persona integral, que no es sólo razón, sino también sentimientos, un cuerpo que se expresa. La música, además de transmitir contenidos, crea un clima en el que uno puede comulgar con la vida y sentir esa comunión con otras personas que cantan lo mismo.
Ahora llegó el momento de preguntarnos: ¿Porqué siendo la música un lenguaje privilegiado para comunicar, en la Iglesia le damos tan poco espacio?
Es cierto que en la mayoría de nuestras comunidades existen músicos, solemos llamarlos "animadores" (¿será que necesitamos animadores, porque nuestras comunidades están desanimadas?) pero la experiencia de la mayoría de los ministerios de música de las parroquias es que los invitan a participar en momentos muy puntuales: por ejemplo, cuando el retiro está aburrido ("dale, canten algo"), para que la gente se de cuenta que empezó la reunión ("canten así vienen..."), para que dejen de conversar, etc. Una vez hecho silencio y captada la atención... ("ya pueden callarse, ahora voy a hablar..."). Las cosas importantes también pueden decirse con música y, probablemente, se entiendan mejor.
Suele escucharse que el mejor momento de la reunión es cuando el ministerio de música empieza a cantar. Incluso en reuniones donde el clima está tenso, empiezan las canciones y algo comienza a cambiar. Por eso creo que la función del músico en la Iglesia es muy importante y estratégica. Por que no tengo dudas de que en muchas de nuestras comunidades, hay gente que sólo ora y se conecta con Dios por medio de los cantos del ministerio de música, del coro o del solista que anime la reunión o la misa. Ni más ni menos. Aunque la homilía sea estupenda, es probable que mucha gente ni siquiera le preste atención. Pero esa misma gente estará cantando (¡y orando!) con la canción de meditación y, tal vez, sea el único momento de oración que muchos tengan en la semana. Suelo encontrarme con chicos y chicas que me dicen... "yo no hago mucho, sólo animo la misa de diez en mi parroquia", "yo sólo canto en la reunión de mi comunidad" y suelo responderles, ¿se dan cuenta que las canciones que cantan son un vínculo privilegiado que hay entre sus comunidades y Dios?
Por eso amigo músico, tu función es estratégica, importantísima y tenemos que tratar de cumplir nuestra misión cada vez mejor.
Carlos Alberto Seoane nació en Buenos Aires, el 17 de noviembre de 1960 y está casado con Angie con quien tiene dos hijos, Cristian y Lucas. Desde su adolescencia estuvo relacionado con grupos parroquiales que le permitieron ir descubriendo gradualmente el rostro de Jesús y la vida en comunidad de la Iglesia. Así, en 1984, formó con algunos amigos e integrantes de su comunidad de oración, el grupo Koinonía; el mismo grupo que en 1987 graba "La Misa Joven Latinoamericana" y participa en la animación musical en el acto central de la segunda visita de Juan Pablo II a la Argentina.
Esos intensos momentos de actividad apostólica fueron seguidos de una etapa de formación e interiorización que lo condujo a su presentación como solista y ya en el año 1995 aparece su producción, "Historias sin historias."
Su desempeño en encuentros, seminarios y festivales en la Argentina y algunas invitaciones a conciertos fuera de su país lo llevan a grabar "La mañana de aquel día" junto con el cantautor peruano Luis Enrique Ascoy (1996). Le siguen numerosas producciones tales como los álbumes "Instrumento de Paz" (1997) y "Canciones con historias" (1997).
Ya en 1998 tratando de responder a los desafíos de la Nueva Evangelización emprende un camino de realización de encuentros y conciertos junto con el conocido escritor y catequista Juan Carlos Pisano que aporta monólogos y cuentos a la presentación de los temas musicales. Ambos dejan grabados "Mosaico" (1998); "Grito del Corazón: canciones para la familia" (1999); y el reciente espectáculo "Por el humor de Dios" (2000), una forma diferente de evangelizar con una sonrisa. Y "HUMOR DE LOS HUMORES" (2001). Disco que sigue con la tematica del anterior pero esta vez con un hilo conductor a modo de obra conceptual, reflejando con humor la vida dentro de una parroquia.
Actualmente se desempeña como coordinador de la COM.AR.CA (Comunidad de Artistas Católicos de Argentina), es el conductor del programa radial "¿Qué hacemos con estos músicos?", emisión semanal en F.M. 105.1 Radio Parroquial (Arzobispado de Buenos Aires) y responsable, junto a Luis Enrique Ascoy del Área de Formación de la Red Magníficat (Red Americana de Músicos y Productores Católicos).
Para más información: http://www.carlosseoane.com.ar
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