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Editorial SAN PABLO
 
Redacciķn abierta

 

La flor de ceibo

La flor de ceibo

Entre las ramas de los ceibos,
los rayos se mezclaban
hiriendo de destellos
los espejos de agua.

Sus flores coloradas,
parecían que sangraban
y caían como lágrimas
sobre la fría correntada.

Se formaban coronas
en los remansos del río
contando las penas
de tantos oprimidos.

Se llenaban de flores
con el dolor de su pueblo
para cambiar en vida
lo que llevábamos muerto.

De tanta belleza
que hay en nuestra tierra
solo hay una planta
que es nuestra reina.

Es genio y figura
de todas nuestras contiendas
y de nuestras amarguras
saca cosas buenas.

Naciķ de la violencia
entre el indio y el conquistador,
mientras Anahí moría
dándonos la liberaciķn.

La ataron a un leņo
creyendo que vencerían,
pero el dolor contenido
se volviķ sabia mientras ardía.

A la maņana siguiente
mientras el humo se disipaba,
la justicia se hizo bandera
para que no pudieran ahogarla.

Estallķ en miles de rubíes
para que pudieran mirarla
y ser la guía de los tristes
que caminan sin la esperanza.

El ceibo es un recuerdo vivo
frente al tirano opresor,
que todo el mal que se haga
lo superará el amor.

La vida se sobrepone
a todas las derrotas
y frente a las injusticias
reclama otra historia.

Sal a la lucha hermano
no te canses de combatir
Anahí se volviķ ceibo
nuestra patria es su jardín.

P. Hernán Pérez Etchepare, ssp.

 

El Ceibo

Muchos de nuestros árboles tienen su leyenda inspirada en los indígenas, el ceibo también tiene su leyenda y su Flor, es la flor Nacional de la República Argentina.

La Leyenda de la Flor de Ceibo

Cuenta la leyenda que esta flor es el alma de la Reina India Anahí, la más fea de una tribu indomable que habitaba en las orillas del Río Paraná.

Pero Anahí tenía una dulce voz, quizás la más bella oída jamás en aquellos parajes, además era rebelde como los de su raza y amante de la libertad como los pájaros del bosque.

Un día fue tomada prisionera, pero valiente y decidida, dio muerte al centinela que la vigilaba.

En ese mismo momento, quedķ sellado su destino para siempre: condenada a morir en la hoguera, la noche siguiente, su cuerpo fue atado a un árbol de la selva, bajo y de anchas hojas.

Lentamente, Anahí fue envuelta por las llamas. Los que asistían al suplicio, comprobaron con asombro que el cuerpo de la reina india tomaba una extraņa forma, y poco a poco se convertía en un árbol esbelto, coronado de flores rojas.

Al amanecer, en un claro del bosque, resplandecía el ceibo en flor.

 


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