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Editorial SAN PABLO
 
Recursos Pastorales

 

Prometer y cumplir

Vigésimo sexto domingo durante el año
Autor: Jorge A. Blanco
Departamento de Audiovisuales Editorial SAN PABLO
audiovisuales@san-pablo.com.ar

Una de las mayores críticas que recibimos los cristianos se refiere a nuestra falta de coherencia entre lo que predicamos y lo que posteriormente hacemos; en la diferencia que suele existir entre nuestras palabras y actitudes de vida. El contundente contraste entre el mensaje y los hechos. Incluso hasta convincente y decisivo para algunos, que toman el valor de nuestro ejemplo como factor determinante para seguir creyendo o no.
 
Algo de esto nos recuerda el evangelio de este vigésimo sexto domingo durante el año (Mt 21, 28-32). Ya que en la parábola de Mateo, a través de aquel hijo que inicialmente afirmó cumplir la voluntad de su padre, pero que luego no hizo lo prometido, podemos confrontar nuestra respuesta concreta hacia el Señor y el ejemplo de vida evangélica que estamos dando.
 
Un cuento anónimo que recibí en diversas versiones por internet puede ayudarnos a ilustrarnos y continuar reflexionando, personal y grupalmente, sobre el tema:
 

 
Para leer:
 
Hace años un ministro religioso se mudó para Houston, Texas. Estando allí, poco tiempo después, tomó un autobús para ir al centro de la ciudad. Al sentarse, descubrió que el chofer le había dado una moneda de 25 centavos de más en el cambio.

Mientras consideraba qué hacer, pensó para sí mismo: "¡Ah!, olvídalo, total, son sólo 25 centavos. ¿Quién se va a preocupar por tan poca cantidad? De todas formas, la compañía de autobús recibe mucho de las tarifas y no la echarán de menos. Acéptalo como un regalo de Dios".

Pero cuando llegó a su parada, se detuvo y, pensando de nuevo, decidió finalmente darle la moneda al conductor diciéndole:
—Tome, usted me dio 25 centavos de más.

El conductor, con una sonrisa en sus labios, le respondió:
—Sé que es el nuevo ministro. He pensando regresar a la Iglesia y quería ver qué haría usted si yo le daba demasiado cambio.

El ministro se bajó del autobús sacudido por dentro y dijo: "¡Oh Dios!, por poco vendo a tu Hijo por 25 centavos".
 
Tus acciones son vistas por todos. ¿Qué testimonio das por Cristo?
 

 
Para la reflexión personal y grupal:
 
-Recrear la situación al volver a leer el relato, imaginar cómo son los personajes, etc.
 
-¿Qué le sucedió al ministro religioso en aquel autobús? ¿Qué descubrió?
 
-¿Cuál fue su reacción inicial ante el descubrimiento? ¿Y su reacción posterior? 
 
-¿Qué motivó su decisión de devolver lo que no le correspondía?
 
-Señalemos las impresiones finales del personaje al escuchar las razones del chofer.
 
-¿Nos ha sucedido alguna situación similar a la que nos describe el cuento? ¿Lo acontecido es algo que ocurre frecuentemente? Citemos algunos ejemplos.
 
-¿Cómo hubiésemos actuado nosotros en lugar del ministro? ¿Cómo acostumbramos a obrar en situaciones parecidas? ¿Somos conscientes del valor que tienen nuestras palabras y gestos para los demás?
 
-¿Somos coherentes entre lo que predicamos y lo que vivimos? ¿Confirmamos con hechos lo que proclamamos con nuestra boca? ¿Nos cuesta traducir con ejemplos nuestras palabras? ¿Por qué?
 
-¿Qué respuesta estamos dando al Señor que nos invita nuevamente a trabajar a su viña (Mt 21, 28-32)? ¿Esa respuesta es firme y responsable? ¿La expresamos con gestos concretos y precisos hacia nuestros hermanos?
 
-Decidamos alguna iniciativa que, de manera personal y/o grupal, transmita y nos ayude a vivir el fruto de esta reflexión.
 

 
Para profundizar nuestra reflexión:
 
3. La coherencia evangélica
Hermanos y hermanas en el Señor, la liturgia de la palabra del XXVI domingo del tiempo ordinario nos ha propuesto esta tarde una página del evangelio, que subraya la coherencia cristiana. El evangelista san Mateo afirma claramente que, entre los dos hijos que Jesús pone como ejemplo, el que cumple la voluntad del padre no es el primero que dice "sí" y después no hace nada, sino el que, superado un primer impulsivo rechazo, actúa según la orden recibida (cf. Mt 21, 28-31).
Sobre el deber de coherencia moral, más urgente que nunca también para las conciencias de los hombres de nuestro tiempo, insistieron muchas veces tanto uno como el otro Pontífice. El Papa Pablo VI, por ejemplo, exhortaba a los fieles así: “Nosotros, que tenemos la fortuna y la responsabilidad de ser bautizados, sabremos deducir de este hecho decisivo y maravilloso el estilo y la energía de una vida fuerte y nueva. La austeridad de la cruz no deberá hacernos retroceder ante un compromiso cristiano valiente, sino atraernos al mismo. Eduquemos de nuevo nuestra conducta de acuerdo con el carácter genuino y viril del seguidor de Cristo; de esta forma daremos autenticidad y vitalidad a nuestra profesión cristiana y, con la ayuda de Dios, nos capacitaremos para llevar a nuestro mundo el mensaje renovador y beatificante del reino de Cristo" (Catequesis del 19 de septiembre de 1973: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 23 de septiembre de 1973, p. 4).

Juan Pablo I, en una de las cuatro audiencias generales que presidió, a propósito de la fe, pronunció, entre otras, estas palabras que se hacen eco precisamente del evangelio que acabamos de escuchar:  "Ahí está, no hay que decir:  Sí, pero; sí, luego. Hay que decir: Sí, enseguida, Señor. Esta es la fe, responder con generosidad al Señor. Pero ¿quién dice este sí? El que es humilde y se fía enteramente de Dios" (Catequesis del 13 de septiembre de 1978: 
L'Osservatore Romano
, edición en lengua española, 17 de septiembre de 1978, p. 3).

Sólo quien es coherente a fondo puede ser testigo auténtico de Cristo. Por otra parte, ¿de qué sirve llamarse cristiano, si uno no se esfuerza por serlo verdaderamente? Esta ha sido la enseñanza y el ejemplo constante de los santos. Esto lo repitieron también en diversas ocasiones los dos Papas que hoy conmemoramos. ¿Cómo no citar, por ejemplo, el célebre pasaje de la exhortación apostólica
Evangelii nuntiandi
, donde Pablo VI observa que "el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los testigos que a los maestros o si escucha a los maestros es porque son testigos" (n. 41)?

Las palabras pueden resultar ineficaces si falta el testimonio. Demos gracias a Dios que, en los Pontífices Pablo VI y Juan Pablo I, no sólo dio a su Iglesia luminosos maestros de la doctrina católica, sino también y sobre todo fieles y valientes testigos del Evangelio. Precisamente por eso su recuerdo sigue suscitando la estima, el afecto y la veneración del pueblo de Dios.
 
Cardenal Ángelo Sodano, homilía de la misa en sufragio de los Pontífices Pablo VI y Juan Pablo I, 28/9/2002.
 

 
Para rezar:
 
¿Qué será de la palabra sin los gestos
que la encarnan y la enhuesan, y la ensangran,
y al mostrarla viva en un espaciotiempo,
la confirman, verifican y consagran?

¿Qué será de mi cantar si no atestigua
lo que lucha por gestarse en mi sustancia?
Algo injusto, que promete y no realiza.
Algo absurdo, o infantil, o hasta canalla,

¡Dios de gestos (de Belén hasta la Pascua),
Dios-Palabra que pronuncias lo que actúas,
Esplendor de la verdad, Palabra actuante,
que resuenas y convences y aseguras!

Cohesióname en un cruce de coherencias,
reconcilia mi vida descoyuntada,
balbucea en mí un idioma
hecho de gestos...
¡Repronuncia en mis gestos tu Palabra!

La palabra, si es semilla de los gestos,
germinando corrobora su nobleza.
Si es palabra que es fiel nombre de los hechos
esos hechos la reafirman y resiembran.

Sólo el gesto hace creíble nuestro anuncio.
La verdad solo es verdad en cuerpo y alma.
Y si el
sólo hablar nunca es buena noticia,

nuestro actuar, en cambio, puede ser proclama.

Oh Dios, Cristo es tu Verbo y es tu Gesto,
y su gesta dice y hace “Vida” y “Gracia”.
Nuestra historia es el lugar de tu coherencia:
Verdad que a la vez es
hecha y pronunciada.

Lo que haces es igual a lo que dices.
Lo que dices, al decirlo, queda hecho.
En tu Espíritu es posible la coherencia,
de gestospalabras y palabrasgestos.

¡Pobrecita la palabra sin el gesto!
¡Qué desnuda, estéril y debilitada!
Algo es hueco, irresponsable y deshonesto,
si mi gesto no acompaña a mi palabra.

Es preciso hablar sólo lo necesario.
Decir sólo lo que sangra en mi latido.
Necesito más y más ser de una pieza
.
Siempre ser −intentar ser−
uno y el mismo.

Me conmueve el dolor de los caídos
pero sé que con mi canto no me alcanza;
necesito inclinarme con mi vida...
silente poesía de hombros y de espalda.

Pero ya que nos regalas el milagro
de cantar, comunicándonos las almas,
que el servir le dé coherencia a estas canciones
que el
amar le dé coherencia a estas palabras.
 
Oración por la coherencia, Eduardo Meana, del CD Entrañable, SAN PABLO

 



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