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Editorial SAN PABLO
 
Psicología

 

Nomofobia

Tecno-adicción o tecno-estrés
Autor: Joaquín Rocha
Psicólogo especialista en Educación para la Comunicación
joacorocha05@yahoo.com.ar

Es común ver, en nuestro entorno, a personas, no importa la edad, pendientes del teléfono celular. Esto, sumado al uso de  Internet, a través de las redes sociales, promueve un discurso diferente, volviendo obsoleta aquella definición clásica de comunicación interpersonal que se establece, en forma directa, entre dos o más personas que se hallan físicamente próximas y construyen significados por medio de los mensajes que reciben.
 
Al decir de varios estudiosos del tema, estamos viviendo un nuevo fenómeno que han dado en llamar “infomanía”. Dejando a un lado el gasto económico que supone renovar las tecnologías, en continua evolución, esta afición se convierte en adicción cuando el impulso irrefrenable de conseguir estos aparatos interfiere en la esfera personal, social o laboral.
 
Desde los niņos hasta los adultos, son afectados por este nuevo tipo de “obsesión”, que, según psicólogos británicos, reduce el coeficiente intelectual de un individuo. No lo podemos asegurar, pero sí comprobar que el lenguaje escrito sufre serias deformaciones. Ya no “estoy”, ahora “toy”. La inmediatez vuelve a causar estragos.
 
La cosa es más seria de lo que parece. Como toda adicción aceptada socialmente pasa inadvertida, sin embargo, hoy ya se puede hablar de los primeros síntomas que conlleva el uso desmedido de las nuevas tecnologías tales como: inquietud, cambios repentinos de carácter, irritabilidad, angustia y aislamiento; disfuncionalidad en lo cotidiano, pérdida de concentración, etc.
Los adolecentes, en gran medida, también se ven afectados por esta manía, cuya consecuencia inmediata es la baja de calidad en sus estudios y las distracciones en la hora clase.
 
Resulta evidente que el mal uso de la tecnología soporta la aparición de conflictos con los vínculos que implican una responsabilidad, generando, así, un quiebre comunicacional fluido en el  área laboral, escolar y familiar. "Es daņina si se convierte en una obsesión. Por ella, se empobrecen los intercambios comunicacionales cara a cara. Cuando esto sucede, se crea una modalidad de comunicación que se torna paradójica, en tanto que crea la ilusión de estar hipercomunicado, cuando, en realidad, se está aislado", sostiene el psicoanalista Enrique Novelli, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).
 
Entre las personas que poseen un móvil, existe, en un alto porcentaje, la “compulsión” a responder, de forma inmediata, a los mensajes de texto, msn y e-mails, aunque, para ello, tenga que interrumpir cualquier tipo de actividad por más importante que sea. Aquellos que no los contestan no pueden superar la tentación de mirar quién los envía.
 
Todo esto ha dado paso a otro nuevo trastorno la "nomofobia". El nombre del trastorno proviene del inglés: "nomo" que es la abreviatura de "no mobile", lo cual significa "sin móvil". Este aparece entre los adictos que se angustian por no poder comunicarse a través del celular.
 
Según una investigadora especializada, “las seņales de un trastorno de ansiedad se pueden observar en conductas como cuando la persona regresa a casa solo a buscar su móvil o cuando, al estar sin el móvil, siente palpitaciones y se pone nerviosa”.
 
Los niņos no son ajenos a estas conductas. Ellos también se obsesionan con la posesión de equipos de telefonía móvil y suelen padecer estados de ansiedad, si no logran poseerlos. Se trata más de una ostentación que de una necesidad. Algunos niņos han reconocido que lo utilizan para aliviar su soledad, dado que pasan la mayor parte de su tiempo lejos de sus padres. A su vez, estos lo utilizan para monitorear qué hacen sus hijos en su ausencia.
 
"Si el celular es un instrumento al servicio de la persona, es útil. Si la persona es un instrumento al servicio del celular, es un problema. La clave radica en encontrar el equilibrio", afirma Novelli.
 
Solo hay que recordar que la tecnología es para servirnos y no para que nosotros la sirvamos a ella.

 



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