Facebook Twitter Google + YouTube  Argentina   Argentina 
Editorial SAN PABLO
 
Recursos

 

Recursos para reflexionar sobre La Santísima Trinidad
Autor: Jorge A. Blanco
Departamento de Audiovisuales Editorial SAN PABLO
audiovisuales@san-pablo.com.ar

La celebración de la solemnidad de la Santísima Trinidad nos introduce y acerca a uno de los misterios divinos más difíciles de captar y entender por nuestra limitada inteligencia humana. Y si bien, desde temprana edad, hemos aprendido a reconocer, inmediatamente, en la Santísima Trinidad la existencia de tres personas distintas en un único Dios, este dogma de fe no solo se nos hace difícil de comprender, sino también, de ser anunciado, compartido y explicado en nuestra tarea evangelizadora cotidiana. Por ello, incluso, hasta en algunos casos, preferimos evitarlo, o directamente no hablar de el.
 
Para intentar, entonces, acercarles un aporte para reflexionar sobre este misterio de fe en nuestras comunidades, e intentar esbozar algunas sugerencias para trabajar el tema en los ámbitos donde nos movemos, les propongo compartir algunas claves y propuestas, tomadas del periódico Haciendo Eco (SAN PABLO), pero a diferencia de la modalidad habitual, en esta oportunidad, comenzaremos haciéndonos algunas preguntas a nosotros mismos:
 

 
Para responder personal y grupalmente:
 
-¿El de la Trinidad, es un misterio difícil de comprender y aceptar para nosotros? ¿Por qué? ¿Creemos que se trata de un tema dificultoso, desarrollado por teólogos y expertos religiosos, y por ello, lejano a nuestro pueblo?
 
-¿Qué implica, para nosotros, que se trate de un misterio? ¿Es lo mismo que “misterioso”?
 
-También, la Iglesia nos enseña que el de la Trinidad, es un dogma de fe. Expliquemos qué significado tiene esto con nuestras propias palabras.
 
-¿Nos da temor, vergüenza, etc. hablar de este misterio en nuestra tarea evangelizadora? ¿Debido a qué motivos? ¿Cómo lo solemos abordar y anunciar cuando nos referimos a él?
 

 
Para leer:
 
Llamados a vivir en el amor de Dios
 
En esa colaboración, tan íntima, entre el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, percibimos que el uno no existe sin el otro. Los tres forman la Unidad tan profunda, tan inseparable, que los Padres de la Iglesia la han llamado Trinidad. La Trinidad es el misterio más profundo e importante de nuestra fe.
 
Las tres personas divinas se aman mutuamente. El Padre ama a su Hijo, Jesús, y el Hijo ama a su Padre sin reservas. El Espíritu Santo es ese amor mutuo y desbordante que contagia a todos los que se disponen a amar. Por eso, decimos que Dios es amor.
 
La solidaridad entre las personas divinas es tan radical que aquello que le acontece a Jesús afecta también al Padre. Solamente los padres y las madres saben cuanto son capaces de alegrarse o de sufrir con la alegría o el sufrimiento de sus hijos…
 
Muchos pueblos y religiones creen en un Dios único. Nosotros, los cristianos, creemos también en el único Dios. Pero también creemos que el único Dios es Trinidad. Esta fe está llena de consecuencias para nuestra vida en los niveles personales, comunitarios, sociales y universales.
 
Cuando nos abrimos al amor de Dios, abrazamos su proyecto y comenzamos también a amar a las personas con las que nos relacionamos. Pasamos a querer el bien de ellas y a luchar para que eso acontezca. La persona que ama, desea el bien de la persona amada, incluso a costa de la propia vida (Jn 15, 13).
 
El amor de Dios nos invita a esforzarnos para construir nueva sociedad, basada en el amor mutuo, en la justicia y en la solidaridad… ¡tal como existe entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo!
 

 
Para conversar y responder:
 
-¿Como debería ser la comunidad cristiana que desea ser una señal de la Trinidad para este mundo?
 
-¿Qué puede hacer nuestra tarea evangelizadora por las personas que viven solitarias, para que despierten al amor mutuo y desinteresado por los más pequeños?
 

 
Sugerencias para abordar el tema de la Trinidad en la tarea evangelizadora en tres pasos:
 
1-El primer paso es ayudar al creyente a hacer la experiencia del amor de Dios. Sentimos ese amor al contemplar la creación, obra de las manos de él, al experimentar la ternura del padre, de la madre, de los amigos; al sentir la sed de justicia y paz.
 
2-El segundo paso es mostrar señales de la presencia de la Trinidad en la realidad en la que vivimos. ¿Dónde es recordada y vivida hoy la Palabra de Jesús? ¿Dónde está actuando el Espíritu Santo? ¿En qué momentos sentimos la fuerte presencia del Padre en nuestras vidas? Así, el creyente descubre, en su realidad social, las señales del paso de la Trinidad.
 
3-El tercer paso es el de mirar la Historia de la Salvación. ¿Cuál es la misión de Jesús entre nosotros? ¿Quién es el Padre de Jesús? ¿Cómo continúa hoy la misión de Jesús?
 
La Trinidad es un misterio de amor: Por consiguiente, más importante que hablar de ella, es vivirla en las relaciones diarias. En la alegría, en el amor, en la búsqueda de la justicia y la paz.
 
(Tomado de “Haciendo Eco-formación interactiva para la evangelización”, Año I nº 18, SAN PABLO)
 

 
Para profundizar nuestra reflexión:
 
“Hoy contemplamos la Santísima Trinidad, tal como nos la dio a conocer Jesús. Él nos reveló que Dios es amor, "no en la unidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia" (Prefacio): es Creador y Padre misericordioso; es Hijo unigénito, eterna Sabiduría encarnada, muerto y resucitado por nosotros; y, por último, es Espíritu Santo, que lo mueve todo, el cosmos y la historia, hacia la plena recapitulación final. Tres Personas que son un solo Dios, porque el Padre es amor, el Hijo es amor y el Espíritu es amor. Dios es todo amor y solo amor, amor purísimo, infinito y eterno. No vive en una espléndida soledad, sino que más bien, es fuente inagotable de vida que se entrega y comunica incesantemente.
 
Lo podemos intuir, en cierto modo, observando tanto el macro-universo —nuestra tierra, los planetas, las estrellas, las galaxias— como el micro-universo —las células, los átomos, las partículas elementales—. En todo lo que existe está grabado, en cierto sentido, el "nombre" de la Santísima Trinidad, porque todo el ser, hasta sus últimas partículas, es ser en relación, y así se trasluce el Dios-relación, se trasluce en última instancia el Amor creador. Todo proviene del amor, tiende al amor y se mueve impulsado por el amor, naturalmente con grados diversos de conciencia y libertad.
 
"¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!" (Sal 8, 2), exclama el salmista. Hablando del "nombre", la Biblia indica a Dios mismo, su identidad más verdadera, identidad que resplandece en toda la creación, donde cada ser, por el mismo hecho de existir y por el "tejido" del que está hecho, hace referencia a un Principio trascendente, a la Vida eterna e infinita que se entrega; en una palabra, al Amor. "En él —dijo san Pablo en el Areópago de Atenas— vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17, 28). La prueba más fuerte de que hemos sido creados a imagen de la Trinidad es esta: sólo el amor nos hace felices, porque vivimos en relación, y vivimos para amar y ser amados. Utilizando una analogía sugerida por la biología, diríamos que el ser humano lleva en su "genoma" la huella profunda de la Trinidad, de Dios-Amor.
 
(Benedicto XVI, Ángelus en la Solemnidad de la Santísima Trinidad, 7/6/2009, texto completo en www.vatican.va)
 

 
Para rezar:
 
Oración a la Santísima Trinidad
 
Divina Trinidad,
Padre, Hijo y Espíritu Santo,
presente y operante en la Iglesia
y en lo más profundo de mi ser;
yo te adoro, te doy gracias y te amo.
 
Por medio de María, mi madre santísima,
me ofrezco, entrego y consagro
totalmente a ti,
por toda la vida y para la eternidad.
 
A ti, Padre del cielo, me ofrezco,
entrego y consagro como hijo.
A ti, Jesús Maestro, me ofrezco,
entrego y consagro
como hermano y discípulo.
A ti, Espíritu Santo, me ofrezco,
entrego y consagro como "templo vivo",
para ser consagrado y santificado.
 
María, madre de la Iglesia y madre mía,
tú que vives en intimidad
con la Trinidad Santísima,
enséñame a vivir,
por medio de la liturgia y los sacramentos,
en comunión cada vez más profunda
con las tres divinas Personas,
para que toda mi vida
sea un "Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo". Amén. 
 
Beato Santiago Alberione

 



COMENTARIOS

Revista Online



Anteriores
Ediciones

Ir a la Última edición

Foto de la semana

Humor

 
Contacto
Riobamba 230 - C1025ABF
Buenos Aires.
Tel. (011) 5555-2400/2401
Fax (011) 5555-2425
Email: contacto@sanpablo.com.ar

×