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Editorial SAN PABLO
 
Nota de Color

 

La familia como primera Institución educativa

Una realidad innegable, cuyos alcances parecieran no terminarse de entender

ŋQuién puede negar que la familia sea la base primordial de la educación? Nadie, seguramente. Sin embargo, parecería ser que no siempre entendemos la magnitud del rol protagónico que ésta alcanza. No sólo porque constituye el cimiento, como ya dijimos, sino porque, también representa el presente y la proyección hacia el futuro.
 
La familia, además de contener afectivamente al niņo y proporcionarle un hogar, abrigo, salud, comida, lo educa en todos los sentidos.
 
En primera instancia, lo educa como persona, forma al ser humano, lo moldea o deforma, según sea el modelo familiar. Asimismo, lo educa socialmente, pues, en la intimidad familiar, aprenderá cómo relacionarse con todos los demás.
 
La familia educa siempre, con la palabra y sin ella. Con o sin consejos. Puede hacerlo bien o puede hacerlo mal, pero su rol protagónico no se niega.
 
El concepto de familia como educadora es más que amplio. No se reduce a enseņar a nuestros hijos a que saluden, digan gracias y por favor, tengan buenos modales en la mesa y fuera de ella también. Un papá, una mamá, o quien está en la casa, educa las veinticuatro horas del día. Con su conducta, con su ejemplo, con sus actitudes hacia la vida y las personas; con los permisos y los límites.
 
Aunque creamos que nuestros hijos no están atentos a ciertos comportamientos nuestros, estoy segura de que no es así. De cada uno de nuestros actos, alguna impronta les ha de quedar. Cuando nuestros hijos son muy niņos, daría la impresión de que lo que toman como norma es la palabra, tal vez, el reto o el castigo. Sin embargo, en algún lugar de ellos mismos, nuestros actos están siendo registrados y servirán, a posteriori, de modelos para imitar o no, según su criterio.
 
Los papás asumimos un papel protagónico en la educación del niņo, por eso creo que es tan difícil ser padre y exige mucha responsabilidad. Uno debe ser siempre responsable de sus acciones, pero, más aún, cuando alguien depende de nosotros y está aprendiendo a vivir a nuestro lado.
 
La familia también es fundamental en la educación académica del niņo, en su inserción en el sistema educativo y en su relación con el colegio como institución.
 
En el caso de la escolaridad de los niņos, los papás debemos sostenerlos, ayudarlos y alentarlos, pero no hacer las cosas por ellos. Hay que fomentarles la responsabilidad, pero no convertirnos en sus agendas.
 
Tenemos que enseņarles a defenderse, hacerse respetar, a transitar la frustración, el “fracaso”, la consecuencia de una mala acción, pues esto también es parte de la vida.
 
El tema de los límites resulta siempre delicado, tanto en casa, como en la escuela. Justamente, estos dos espacios -pilares fundamentales en la vida de un niņo- deberían armonizar en ese aspecto.
 
La familia es, sin duda, la primera institución educativa, pero no la única. En el seno familiar, debemos preparar, a nuestros hijos, para que se desenvuelvan en las otras instituciones. Pues, desde la familia, se sale al mundo, y el mundo, para ellos, empieza por el colegio.
 
Cada uno en su lugar, la familia y la escuela, deben trabajar en conjunto, con el fin de brindar, al niņo, una educación amplia y completa.
 
Si el niņo recibe, en la casa, la educación que merece, seguramente, le será mucho más fácil transitar su escolaridad.
 
“El corazón” de la educación de un niņo es la familia. Si los padres “hacemos bien la tarea”, sin duda alguna, nuestros hijos recorrerán el camino con menos escollos y llegará a la meta deseada.

 



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