
Casi puede aparecer como una adicción socialmente aceptada. Se la confunde con el juego social pero, a diferencia de éste que se practica para favorecer los vínculos con amigos y familiares, y donde el placer estaría en el encuentro, en la ludopatía prima la soledad y la necesidad.
La adicción al juego, ludopatía o juego compulsivo se considera como el deseo irreprimible hacia los juegos de azar y a las apuestas en general. Juego que implica asumir riesgos económicos con posibilidades de ganancias inmediatas y que facilita la aparición de conductas problemáticas. Pero más allá de esto, no es el resultado del juego lo que moviliza al adicto sino la emoción y la incertidumbre que éste produce además de experimentar un intenso placer que los evade de cualquier problema que exista en su vida. El dinero no es un factor determinante para jugar sino la codicia de arriesgar. Esto los lleva a una dependencia emocional que afecta de forma negativa a sus vidas personales, familiares y profesionales. Es evidente que se utiliza al juego como medio de evasión, para intentar ocultar estados de angustia, ansiedad o depresión.
Es una adicción que, en cuanto a distribución por sexo, está bastante pareja. La diferencia radicaría en el tipo de juego que se eligen. Los hombres se inclinan más por los juegos de competencia como el hipódromo y casinos. Las mujeres por juegos más solitarios como el bingo o las máquinas tragamonedas.
Estudios realizados han demostrado que la dependencia a ese tipo de máquinas ha crecido últimamente a pasos agigantados. La razón estaría dada, por un lado, en la búsqueda de una salida mágica hacia la solución de todos los problemas que se supone el dinero puede resolver. El importe bajo de las apuestas con posibilidad de ganancias proporcionalmente cuantiosas incide en esto. Por otro lado, "la adicción" que producen estas máquinas se debe a una serie de aspectos psicológicos dentro de su funcionamiento: el poco tiempo transcurrido entre la apuesta y el resultado y la manipulación personal de la máquina que genera cierta ilusión de control. Además, las luces, música y tintineo de las monedas al caer generan una gran tensión emocional y activación psicofisiológica" (Prof. Fernando Azor Lafarga Director del Centro de Psiquiatría y Psicología Clínica y Jurídica. España). Mantienen la atención y la tensión del jugador concediendo pequeños premios de vez en cuando. Este cree ejercer cierto control al manejar opciones y palancas, de los premios a recibir. Quienes han diseñado los programas de las máquinas conocen los mecanismos del comportamiento humano. Refuerzan de tal manera la conducta que, quienes padecen alguna debilidad anterior, fácilmente corren el riesgo de convertirse en adictos a ese juego.
El juego se inicia generalmente en la adolescencia, aunque puede ser también antes o después y se pasa de unas primeras apuestas a una falta de control total. Las últimas estadísticas denuncian que el 40 % de los nuevos jugadores que en los últimos cinco años el juego "atrapó" son jóvenes no mayores de 30 años. Una cifra para tener en cuenta a la hora de hacer una campaña de prevención.
Generalmente los jugadores compulsivos tienen una patología de base, tal como, un cuadro depresivo, un trastorno de ansiedad, en estos casos hay que abordar la problemática desde un abordaje multidisciplinario. Isabel Sánchez Sosa afirma que
"es una enfermedad de naturaleza compulsiva que no puede curarse, al menos si controlarse". Algunos ludópatas se excusan asegurando que jugar los libera de tensiones cotidianas, que los divierte, los distrae o les permite albergar la esperanza de un futuro sin problemas económicos.
Al igual que las leyendas impresas en los atados de cigarrillos, anunciar que "el jugar compulsivamente es perjudicial para la salud" no basta. Los juegos de azar tienen una importante presencia en nuestra vida cotidiana. Toda la sociedad, junto con los medios de comunicación, está dando un mensaje de "sálvese" a través de la proliferación de bingos, máquinas tragamonedas o programas televisivos (sobre todo los de madrugada) que alienta este tipo de patología. Un clima apropiado para perder el control y traspasar el umbral entre el juego social y el juego compulsivo, cuando existe una predisposición.
La ludopatía, al igual que otras adicciones, forma parte del universo social y también está dictando un estilo de vida equivocado. Si bien existe en el ludópata una predisposición hacia este tipo de adicción es necesario el estímulo que la despierte. La responsabilidad debe ser compartida haciendo necesario un trabajo mancomunado entre familia, escuela y estado como en toda prevención de adicciones.