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En ocasiones, la Argentina ha causado al viajero el síndrome del “de ja vou **”,originado en el momento de pasear por las distintas ciudades de este país y dudar si anteriormente se había visitado. Es que durante la segunda mitad del siglo XIX y en el transcurso del siglo XX, arquitectos, artistas y paisajistas como Carlos Thays fueron invitados y contratados especialmente para embellecer la nación. La nota de hoy se dedica a este paisajista y urbanista francés que engalanó paseos públicos de las ciudades de Córdoba, Mendoza y Buenos Aires, diseñó los jardines de estancias ubicadas en la Provincia de Buenos Aires y participó en el proyecto para el trazado del Parque Nacional Iguazú en Misiones.
Nacido en París, Carlos Thays fue convocado por el gobierno de Córdoba en el año 1889 con el objeto de dotar a la provincia de un parque colosal. En este caso se trata del Parque Sarmiento, primera obra que concretó. Posteriormente, fue nombrado Director de Paseos y Parques de la Ciudad de Buenos Aires, sitio que eligió para radicarse junto a su familia. Desde ese momento, proyectó y remodeló pintorescos paisajes que en nada envidian a los jardines franceses, así como tampoco a los del estilo inglés o romano.
Al visitar el Parque Sarmiento en la ciudad de Córdoba, el Parque General San Martín en Mendoza y el Parque Tres de Febrero en Buenos Aires, podrá generarse en el turista el síndrome que se mencionaba anteriormente. Es que Thays fue un ferviente amante de la flora autóctona, por lo que en sus diseños incluyó la vegetación de cada provincia y también llevó especies de otros lugares del país. Así, por ejemplo, Buenos Aires puede enorgullecerse de los forasteros jacarandáes, procedentes de las selvas tucumano-salteñas, y de los palos borrachos del norte argentino.
Asimismo, en el diseño de sus parques, Thays incluyó un área para los Rosedales, en donde se concentran las plantaciones de rosas, tal como pueden apreciarse en todos sus colores y aromas en el Rosedal de Palermo o bien, en el Parque Sarmiento de Córdoba.
Y, como si esto fuera poco, el buen gusto de este francés también se reflejó e el arte, por lo que adornó el paisaje natural con objetos artísticos encargados a grandes escultores. Fuentes, grupos escultóricos, monumentos, románticas escalinatas y puentes completan la posibilidad de disfrutar de un “museo al aire libre”.
A propósito, en caso que desee pasear este fin de semana por el Parque Tres de Febrero, se recomienda buscar sobre la Av.Sarmiento una escultura que sorprenderá a muchos y no solamente por su belleza artística. Se trata de “Caperucita y el Lobo”, emplazada durante muchos años en la Plaza Lavalle hasta que se la trasladó donde debía estar... en el bosque, como indica el cuento.
Por último, en los diseños paisajísticos de Thays no podía faltar el elemento agua. Para ello, proyectó grandes lagos artificiales, que no sólo completan la poética escenografía sino que brindan la posibilidad de pasear en botes y biciscafos.
Es así como Thays logró su cometido: crear espacios urbanos para que personas de todas las clases sociales y de cualquier edad puedan disfrutar del ocio al aire libre. Si algún lector aún no tuvo la experiencia de un picnic en estos paseos, pues, aproveche, que es gratis.
1 comentario(s)
Alberto Perales Rubín de Reedley, CA., U.S.A., el 28/09/2007 a las 21.35 hs. escribió:
Los parques
Aunque estuve dos veces en su país, no tuve la oportunidad de visitar estos parques; sin embargo, cada vez que entro a esta página y leo algunos de sus artículos, me hace pensar que debo regresar a la Argentina y conocerla mucho mejor. ¡Es tan grande y hay tanto que ver! Gracias por ofrecerles a los ciudadanos de su país lugares que tal vez han visto pero no detenido a explorarlos.
Atención: aquellos comentarios
que sean envíados por partes no serán publicados.
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