El Instituto Nacional de Formación de Pastoral de Juventud lleva el nombre de “Cardenal Eduardo Francisco Pironio”, recordando así a aquel Obispo que tanto amó y trabajó por los laicos. Claro que los jóvenes de hoy poco conocen del Cardenal ya que sus últimos veintidós años de vida transcurrieron en el Vaticano y, por otra parte, ya se han cumplido ocho años de su regreso al Padre. Por eso nos parece oportuno presentar brevemente a este gran hombre de Iglesia, que en estos momentos transita el lento proceso de beatificación que, esperemos, lo llevara a los altares mostrándolo como un claro ejemplo de un Sabio Pastor de Nuestro Tiempo.
Mar del Plata, Bogotá, Devoto, Mercedes, Roma… Eduardo Pironio fue un peregrino constante. Eso sí… ¡siempre de la mano de María! Y gracias a su ayuda es que nace el 3 de diciembre de 1920 en Nueve de Julio. Sus padres, José y Enriqueta, eran italianos y Eduardo fue el menor de 22 hermanos.
Caminando junto a seminaristas y sacerdotes. Cursa sus estudios eclesiásticos en el Seminario San José de La Plata y con 23 años recién cumplidos es ordenado sacerdote en la Basílica Nuestra Señora de Luján. Inmediatamente se lo nombra miembro del Seminario Pío XII de Mercedes donde se dedica a la formación de los futuros pastores por 15 años. En el trienio 1953-1955, estudia en Roma, donde obtiene la licenciatura en teología por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino. Su Tesis versa sobre La Paternidad Divina en los escritos de Dom Columba Marmion. A su vuelta de Europa sigue como formador en los seminarios de Mercedes y La Plata, hasta su nombramiento como Vicario General en 1959. Sin embargo, no estará mucho tiempo en esta función. Al año siguiente lo esperaba el Seminario Metropolitano de Villa Devoto, donde se desempeña como profesor y rector; paralelamente, fue miembro y Decano de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina, cargos que ocupa por cuatro años. En este mismo período se desempeña como Visitador Apostólico a las Universidades Católicas del país y es llamado como experto en el Concilio Vaticano II en el período 1962-1964.
Andando los senderos de Argentina y América Latina. El 31 de mayo de 1964 es consagrado Obispo en la Basílica de Luján. Su lema episcopal, “Cristo entre vosotros, la esperanza de la gloria” (Col 1,27), será constante presente en su predicación y escritos. Luego de tres años de auxiliar de La Plata es nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Avellaneda. Ese mismo año se lo elige Asesor Nacional de la Acción Católica Argentina, función que desempeña por un trienio. Su ejercicio episcopal alcanza su mayor expresión en Mar del Plata, la ‘comunidad pascual’ a la que llega el 26 de mayo de 1972. Allí será verdaderamente feliz, aunque experimentará la cruz de la persecución y de las amenazas.
Pero ya desde 1967 su mirada había alcanzado un nuevo horizonte al ser nombrado Secretario General de la Conferencia Episcopal Latinoamericana, cargo que ocupa hasta 1972 cuando es elegido Presidente de la misma. Al ver estas fechas, ustedes pensarán en la Conferencia General de Medellín, ese ‘Pentecostés de la Iglesia latinoamericana’ que se realizó del 24 de agosto al 6 de setiembre de 1968. Mons. Pironio será Secretario General de la misma. Más adelante participaría también de la III y IV Conferencias que tuvieron lugar en Puebla (1979), y en Santo Domingo (1992).
De la mano de los religiosos y laicos. El 20 de setiembre de 1975, Pablo VI lo llama a Roma donde, ocho meses más tarde, es creado Cardenal del título de los Santos Cosme y Damián. Allí se desempeña como Prefecto de la Sagrada Congregación para los Religiosos e Institutos Seculares. Luego de la muerte de su amigo Pablo VI, participa de los dos cónclaves que se celebraron con sólo dos meses de diferencia. Los ocho años entre los religiosos son de intenso trabajo. Acompaña el proceso de cambios que las diversas Congregaciones e Institutos de Vida Consagrada debieron realizar a la luz del Concilio. El 8 de abril de 1984 el Papa Juan Pablo II lo nombra Presidente del Pontificio Concejo para los Laicos. Un año más tarde se realizaba en Roma un Encuentro Internacional de Jóvenes, adhiriéndose Juan Pablo II al Año Internacional de los Jóvenes proclamado por las Naciones Unidas para 1985. Este Encuentro marca el inicio de las llamadas “Jornadas Mundiales de la Juventud” que siguieron realizándose cada dos años. El Cardenal es el responsable de las mismas y acompaña al Santo Padre -¡cómo no recordarlo!- en Buenos Aires (1987), Santiago de Compostela (1989), Czestochowa (1991), Denver (1993) y Manila (1995). En Roma, Pironio fue un trabajador incansable. Participó de todos los Sínodos de Obispos, tanto ordinarios como extraordinarios o especiales. Al momento de su fallecimiento era miembro del Consejo de la Segunda Sección de la Secretaría de Estado, de la Congregación para las Iglesias Orientales, para la Causa de los Santos, para los Obispos, para la Evangelización de los Pueblos, para la Educación Católica, del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos y de la Pontificia Comisión para América Latina.
La vuelta al Padre. Después de una enfermedad de años, el Cardenal muere en Roma el 5 de febrero de 1998. Dos días después se realiza el funeral en la basílica de San Pedro, presidido por el Papa. Sus restos fueron traídos a la Argentina y sepultados el día 13 en la Basílica de Luján.
El Instituto agradece al Padre Marcelo Siri por colaborar con su investigación en la difusión de la vida, personalidad y obra de nuestro querido Cardenal Eduardo Francisco Pironio.
Formación para ASESORES y ACOMPAÑANTES de JÓVENES
Para capacitarnos y reflexionar juntos sobre como acompañar a los jóvenes en estos tiempos que nos tocan vivir, el Instituto “Cardenal Pironio” brinda el programa ACOMPAÑAR, con su modulo “Vocación comunitaria y compromiso transformador”. Se realizará el 19, 20 y 21 de agosto en Buenos Aires.
FORMACIÓN para jóvenes y animadores de comunidades juveniles. TRANSFORMAR, hacia un servicio juvenil solidario.
Este programa se desarrollará los días 19 y 20 de agosto en Buenos Aires, su objetivo es profundizar gradualmente la propuesta del Servicio solidario, como compromiso serio y respuesta juvenil a nuestro deseo de amar a nuestros hermanos como a nosotros mismos.
Intentamos partir de las experiencias personales de solidaridad y proponer profundizarlas con el fin de realzar el aprendizaje presente en toda practica solidaria.