La
guerra, inútil destrucción
Reportaje al Dalai Lama
Dalai
Lama significa “océano de sabiduría”. Tal es el apelativo de Tenzin
Ghiatso, de 66 años, jefe espiritual del pueblo tibetano y máximo
dirigente para millones de budistas en el mundo. En 1989 le fue asignado
el premio Nobel de la paz, a causa de su lucha no violenta por la liberación
del Tibet.
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Santidad, ¿qué piensa sobre el encuentro interreligioso por la paz que
tendrá lugar este mes en Asís?
“Estoy
contento por esta cita. Participé del primer encuentro de Asís y estuve
tan satisfecho que expresé al Papa mi deseo de repetir esa oportunidad de
oración. Le dije al Santo Padre que Asís tenía que ser la primera etapa
de un proceso más prolongado. Lamentablemente esta vez no estaré allí
porque tengo otros compromisos, pero enviaré un digno representante”.
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El mundo, desde Medio Oriente hasta Afganistán, sigue estando perturbado
por las guerras. ¿Cómo vive usted este momento histórico?
“Con
preocupación. Demasiado a menudo no prestamos la debida atención a las
situaciones que pueden derivar en conflictos. A veces se interviene
demasiado tarde, cuando ya las emociones de los pueblos o de las
comunidades involucradas en los conflictos están muy cargadas. Entonces
resulta extremadamente difícil, si no imposible, impedir que una situación
crítica pueda estallar. Este proceso se ha repetido muchas veces. Por lo
tanto, debemos individualizar los signos premonitorios de un conflicto y
tener el coraje de afrontar el problema antes de que alcance el grado de
ebullición”.
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¿Está equivocada también la guerra al terrorismo?
“La
guerra no es el método más eficaz para detener a los terroristas, aun
cuando el terrorismo haya alcanzado ahora manifestaciones verdaderamente
extremas. De todas maneras, creo que es una equivocación seguir usando la
etiqueta de `terroristas musulmanes´. De este modo se define el
terrorismo de manera cultural y religiosa, mientras que, en cambio, los
terroristas pueden ser creyentes de cualquier religión, o bien, no ser
creyentes. Esta no es una guerra de religión, es un choque de
civilizaciones”.
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Pero las grandes religiones pueden degenerar en el fundamentalismo. ¿Cómo
se puede reprimir este peligro?
“De
dos maneras. Primero: los seguidores de las grandes religiones, que
fundamentalmente todas predican la paz, el amor, la compasión, tienen que
vivir su fe con sinceridad y seriedad. Segundo: los creyentes deben
abrirse hacia las otras confesiones, frecuentar a los demás creyentes y
conocer mejor las otras religiones”.
Roberto
Zichittella
(En
Jesus, año XXIV, nº 1, Milán, San Paolo, enero de 2002.
Foto: Periodici San Paolo/ A. del Canale)
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