Facebook Twitter Google + YouTube  Argentina   Argentina 
Editorial SAN PABLO
 
La liturgia cotidiana

La liturgia cotidiana
La Liturgia Cotidiana es una revista mensual que contiene todo lo que la Iglesia conmemora y vive en la Eucaristía: calendario litúrgico, las oraciones de la misa, las lecturas litúrgicas, reflexiones de los textos bíblicos y explicaciones de las fiestas, solemnidades y memorias que se celebran cada día.
Domingo 14/09
Lunes 15/09
Martes 16/09
Miércoles 17/09
Jueves 18/09
Viernes 19/09
Domingo 14 de Septiembre de 2014

La Exaltación de la santa Cruz

Fiesta. Rojo


Colecta Más por menos

Esta fiesta se celebró por primera vez en el año 335 en Jerusalén. En el siglo VII pasó a Occidente. Es un día para reflexionar sobre el sentido de la cruz redentora de Jesucristo. Es usual entre nosotros llevar una cruz colgada al cuello, o poner crucifijos en nuestras puertas o en las habitaciones. Miremos la cruz y recibamos desde allí la salvación.

Antífona de entrada          cf. Gál 6, 14

Debemos gloriamos en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo: en él está nuestra salvación, nuestra vida y nuestra resurrección; por él hemos sido salvados y liberados.

Oración colecta     

Dios nuestro, que has querido que tu Hijo unigénito sufriera el tormento de la cruz para salvar al género humano, concédenos que, después de haber conocido este misterio en la tierra, podamos alcanzar en el cielo el premio de su redención. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

1ª lectura     Núm 21, 4b-9

Lectura del libro de los Números.

En el camino por el desierto, el pueblo perdió la paciencia y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: “¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!”. Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas. El pueblo acudió a Moisés y le dijo: “Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes”. Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le dijo: “Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un mástil. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará sano”. Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un mástil. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba sano.

Palabra de Dios.

Comentario

Cuando el libro de la Sabiduría comenta este pasaje, afirma: “En efecto, aquel que se volvía hacia la serpiente era salvado, no por lo que contemplaba, sino por ti, el Salvador de todos” (Sab 16, 7). Así, ya en esta reflexión sapiencial se anticipa de qué manera un instrumento de muerte puede convertirse en instrumento de vida.


Salmo 77, 1-2. 34-38

R. No olviden las proezas del Señor.

Pueblo mío, escucha mi enseñanza, presta atención a las palabras de mi boca: yo voy a recitar un poema, a revelar enigmas del pasado. R.

Cuando los hacía morir, lo buscaban y se volvían a él ansiosamente: recordaban que Dios era su roca, y el altísimo, su libertador. R.

Pero lo elogiaban de labios para afuera y mentían con sus lenguas; su corazón no era sincero con él y no eran fieles a su alianza. R.

El Señor, que es compasivo, los perdonaba en lugar de exterminarlos; una y otra vez reprimió su enojo y no dio rienda suelta a su furor. R.

2ª lectura     Flp 2, 6-11

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos.

Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: “Jesucristo es el Señor”.

Palabra de Dios.

Comentario

El amor siempre se abaja, porque el amor busca estar cerca. Así es el amor que Dios realizó en su Hijo Jesús: puro anonadamiento para llegar a estar con nosotros. Desde esta realidad terrenal nuestra, él fue levantado y hacia allí nos atrae. Nuestra vocación es estar con él. Puro amor de cercanía: junto a él, viviremos en plenitud.


Aleluya       

Aleluya. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque con tu Cruz has redimido al mundo. Aleluya.

Evangelio     Jn 3, 13-17

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Jesús dijo: “Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan vida eterna. Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él”.

Palabra del Señor.

Comentario

La voluntad de Dios es puro amor. Él sólo quiere compartir con nosotros su vida, la vida plena de lo alto, que es comunión amorosa de la Santísima Trinidad. Jesús, levantado, nos atrae hacia lo alto. Nos despega de lo rastrero, lo bajo y lo ruin. Nos hace levantar los ojos y el corazón. Con los pies en la tierra y la perspectiva en lo celestial, vivamos con alegría este amor de Dios.

Oración sobre las ofrendas        

Te pedimos, Señor, que este sacrificio, ofrecido sobre la cruz para borrar los pecados del mundo, nos purifique de todas nuestras culpas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Jn 12, 32

Dice el Señor: “Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”.

Oración después de la comunión

Señor Jesucristo, alimentados con tu sagrada eucaristía, te pedimos humildemente que lleves a la gloria de la resurrección a los que has redimido en el madero salvador de la cruz. Que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Lunes 15 de Septiembre de 2014

Nuestra Señora de los Dolores

Memoria obligatoria. Blanco


Semana IV del Salterio

Antífona de entrada          cf. Lc 2, 34-35

Simeón dijo a María: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel, será signo de contradicción; y a ti misma una espada te atravesará el corazón”.

Oración colecta     

Dios nuestro, que quisiste que junto a tu Hijo elevado en la cruz estuviera su Madre compartiendo sus padecimientos, concede a tu Iglesia que, unida a María en la pasión de Cristo, merezca participar también de su resurrección. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Heb 5, 7-9

Lectura de la carta a los Hebreos.

Cristo dirigió, durante su vida terrena, súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen.

Palabra de Dios.

Comentario

El texto debe sorprendernos, ya que ante la introducción de una definición del dolor de Cristo nos dice que “fue escuchado”. ¿En qué sentido “fue escuchado”? ¿El Padre lo sacó de la cruz? ¿Lo liberó del dolor? Así nosotros no podemos pretender que el Padre “quite” nuestro dolor, sino que nos ayude a darle sentido, que nos enseñe a transformarlo para que sea salvador.


Salmo 30, 2-6. 15-16.20

R. Sálvame, Señor, por tu misericordia.

Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca me vea defraudado! Líbrame, por tu justicia; inclina tu oído hacia mí y ven pronto a socorrerme. R.

Sé para mí una roca protectora, un baluarte donde me encuentre a salvo, porque tú eres mi roca y mi baluarte: por tu nombre, guíame y condúceme. R.

Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi refugio. Yo pongo mi vida en tus manos: tú me rescatarás, Señor, Dios fiel. R.

Pero yo confío en ti, Señor, y te digo: “Tú eres mi Dios, mi destino está en tus manos”. Líbrame del poder de mis enemigos y de aquellos que me persiguen. R.

¡Qué grande es tu bondad, Señor! Tú la reservas para tus fieles, y la brindas en presencia de todos a los que se refugian en ti. R.

Secuencia      (optativa)

Se encontraba la Madre dolorosa junto a la cruz, llorando, en que el Hijo moría, suspendido.

Con el alma dolida y suspirando, sumida en la tristeza, que traspasa el acero de una espada.

Qué afligida y qué triste se encontraba, de pie aquella bendita Madre del Hijo único de Dios.

Cuánto se dolía y padecía esa piadosa Madre, contemplando las penas de su Hijo.

¿A qué hombre no hace llorar el mirar a la Madre de Cristo en un suplicio tan tremendo?

¿Quién es el que podrá no entristecerse de contemplar tan sólo a esta Madre que sufre con su Hijo?

Ella vio a Jesús en los tormentos, sometido al flagelo, por cargar los pecados de su pueblo.

Y vio cómo muriendo abandonado, aquel, su dulce Hijo, entregaba su espíritu a los hombres.

Madre, fuente de amor, que yo sienta tu dolor, para que llore contigo.

Que arda mi corazón en el amor de Cristo, mi Dios, para que pueda agradarle.

Madre santa, imprime fuertemente en mi corazón las llagas de Jesús crucificado.

Que yo pueda compartir las penas de tu Hijo, que tanto padeció por mí.

Que pueda llorar contigo, condoliéndome de Cristo todo el tiempo de mi vida.

Quiero estar a tu lado y asociarme a ti en el llanto, junto a la cruz de tu Hijo.

Virgen, la más santa de las vírgenes, no seas dura conmigo: que siempre llore contigo.

Que pueda morir con Cristo y participar de su pasión, reviviendo sus dolores.

Hiéreme con sus heridas, embriágame con la sangre por él derramada en la cruz.

Para que no arda eternamente defiéndeme, Virgen, en el día del Juicio.

Jesús, en la hora final, concédeme, por tu madre, la palma de la victoria.

Cuando llegue mi muerte, yo te pido, oh Cristo, por tu madre, alcanzar la victoria eterna.

Aleluya       

Aleluya. Dichosa es santa María Virgen, porque sin morir mereció la palma del martirio junto a la cruz del Señor. Aleluya.

Evangelio     Jn 19, 25-27

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre, con su hermana María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu Hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

Palabra del Señor.

O bien:         Lc 2, 33-35

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”.

Palabra del Señor.

Comentario

“Simeón reserva para María el anuncio de la visión de Israel ante Jesús, ya que solamente ella asistirá al cumplimiento de su profecía. Será un signo de contradicción. Esto quiere decir que si Jesús es salvador para todos, esta salvación deberá ser acogida libremente, pudiendo rechazarla. No nos ofrece la salvación ya realizada, sino que nos llama a ella por la fe” (A. George, "El evangelio según san Lucas", Cuadernos Bíblicos 3).


O bien, lectura continuada

Lectura        1Cor 11, 17-26. 33

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.

Hermanos: No puedo felicitarlos por sus reuniones, que en lugar de beneficiarlos, los perjudican. Ante todo, porque he oído decir que cuando celebran sus asambleas, hay divisiones entre ustedes, y en parte lo creo. Sin embargo, es preciso que se formen partidos entre ustedes, para que se pongan de manifiesto los que tienen verdadera virtud. Cuando se reúnen, lo que menos hacen es comer la Cena del Señor, porque apenas se sientan a la mesa, cada uno se apresura a comer su propia comida, y mientras uno pasa hambre, el otro se embriaga. ¿Acaso no tienen sus casas para comer y beber? ¿O tan poco aprecio tienen a la Iglesia de Dios, que quieren hacer pasar vergüenza a los que no tienen nada? ¿Qué les diré? ¿Los voy a alabar? En esto, no puedo alabarlos. Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: “Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía”. Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva. Así, hermanos, cuando se reúnan para participar de la Cena, espérense unos a otros.

Palabra de Dios.

Comentario

Los primeros cristianos celebraban la “Cena del Señor” compartiendo la mesa como lo había hecho Jesús en la Última Cena. La comida en común debía ser signo de vida en común. Pero si no hay unidad en la comunidad, tampoco hay unidad al momento de celebrar. Este aspecto comunitario de la fe es fundamental para san Pablo. Si no hay cuidado por el hermano, y no se tienen en cuenta sus necesidades, aunque se reúnan y celebren el ritual, eso no es Cena del Señor.


Salmo 39, 7-10. 17

R. ¡Proclamen la muerte del Señor, hasta que vuelva!

Tú no quisiste víctima ni oblación; pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios, entonces dije: “Aquí estoy”. R.

“En el libro de la Ley está escrito lo que tengo que hacer: yo amo, Dios mío, tu voluntad, y tu ley está en mi corazón”. R.

Proclamé gozosamente tu justicia en la gran asamblea; no, no mantuve cerrados mis labios, tú lo sabes, Señor. R.

Que se alegren y se regocijen en ti todos los que te buscan, y digan siempre los que desean tu victoria: “¡Qué grande es el Señor!” R.

Aleluya        Jn 3, 16

Aleluya. Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único; todo el que cree en él tiene Vida eterna. Aleluya.

Evangelio     Lc 7, 1-10

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Jesús entró en Cafarnaúm. Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho. Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a sanar a su servidor. Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: “Él merece que le hagas este favor, porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga”. Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: “Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa; por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque yo –que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes– cuando digo a uno: ‘Ve’, él va; y a otro: ‘Ven’, él viene; y cuando digo a mi sirviente: ‘¡Tienes que hacer esto!’, él lo hace”. Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: “Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe”. Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano.

Palabra del Señor.

Comentario

El centurión, hombre que tiene subordinados, sabe lo que es una voz de mando. Y desde esta experiencia tan humana y cotidiana, toma la dimensión del poder de la voz y la palabra de Jesús. Le basta con que Jesús hable. Sabe que si Jesús pronuncia su palabra poderosa, todo mal será expulsado y volverá la salud. Con esto manifiesta su inmensa fe.

Oración sobre las ofrendas        

Dios misericordioso, acepta las oraciones y ofrendas que te presentamos para alabanza de tu nombre, en la veneración de la santísima Virgen María, que tú nos entregaste como Madre cuando estaba junto a la cruz de Jesús. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

Antífona de comunión        Cf. 1Ped 4, 13

Alégrense de compartir los sufrimientos de Cristo, para que también ustedes se llenen de gozo y alegría cuando se manifieste su gloria.

Oración después de la comunión

Alimentados con el sacramento de la redención eterna, te suplicamos, Padre, que al recordar los dolores de la Virgen María, completemos en nosotros, para el bien de la Iglesia, lo que falta a los padecimientos de Cristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

123
Martes 16 de Septiembre de 2014

Santos Cornelio, papa, y Cipriano, obispo,
mártires

Memoria obligatoria. Rojo


Día internacional de la preservación de la capa de ozono

El Imperio romano fue muy cruel con aquellos que no se sometieran a sus dictámenes. Pese a la famosa pax romana que proclamaban, quien no rindiera culto al emperador era sometido a diversos tipos de castigos. Cornelio fue elegido papa de la Iglesia y murió mártir bajo el reinado de Valeriano, en el año 253. Cipriano, obispo de Cartago (África), fue ejecutado el 14 de septiembre de 258. Pese a la distancia temporal de ambos mártires, su memoria se celebraba ya el mismo día en el siglo IV, en Roma.

Antífona de entrada         

Los santos derramaron su sangre por el Señor, amaron a Cristo en su vida, lo imitaron en su muerte y por eso merecieron la corona de gloria.

Oración colecta     

Dios nuestro, que diste a tu pueblo como pastores solícitos y mártires invictos a los santos Cornelio y Cipriano, por su intercesión fortalece nuestra fe y constancia, y concédenos trabajar generosamente por la unidad de la Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        1Cor 12, 12-14. 27-31a

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.

Hermanos: Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo ?judíos y griegos, esclavos y hombres libres? y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. El cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos. Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo. En la Iglesia, hay algunos que han sido establecidos por Dios, en primer lugar, como apóstoles; en segundo lugar, como profetas; en tercer lugar, como doctores. Después vienen los que han recibido el don de hacer milagros, el don de sanar, el don de socorrer a los necesitados, el don de gobernar y el don de lenguas. ¿Acaso todos son apóstoles? ¿Todos profetas? ¿Todos doctores? ¿Todos hacen milagros? ¿Todos tienen el don de sanar? ¿Todos tienen el don de lenguas o el don de interpretarlas? Ustedes, por su parte, aspiren a los dones más perfectos.

Palabra de Dios.

Comentario

¡Es tan lindo considerar que cada uno hace su propio aporte a la Iglesia! Eso nos hace conocer nuestra limitación, nuestras riquezas y a la vez la fuerza que tiene una comunidad. Entre todos podemos lograr mucho, pero si nos encerramos en nosotros, solo nos alimentaremos de nuestra individualidad.


Salmo 99, 1-5

R. ¡Somos su pueblo y ovejas de su rebaño!

Aclame al Señor toda la tierra, sirvan al Señor con alegría, lleguen hasta él con cantos jubilosos. R.

Reconozcan que el Señor es Dios: Él nos hizo y a él pertenecemos; somos su pueblo y ovejas de su rebaño. R.

Entren por sus puertas dando gracias, entren en sus atrios con himnos de alabanza, alaben al Señor y bendigan su Nombre. R.

¡Qué bueno es el Señor! Su misericordia permanece para siempre, y su fidelidad por todas las generaciones. R.

Aleluya        Lc 7, 16

Aleluya. Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo. Aleluya.

Evangelio     Lc 7, 11-17

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud. Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba. Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: “No llores”. Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: “Joven, yo te lo ordeno, levántate”. El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre. Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: “Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo”. El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina.

Palabra del Señor.

Comentario

“‘No llores’, le dijo a la madre y tocó el dolor. A veces me pregunto si no marchamos, en ciertas circunstancias de la vida de nuestra sociedad, como en un triste cortejo, y si no insistimos en ponerle una lápida a nuestra búsqueda como si camináramos a un destino inexorable, enhebrado de imposibles; y nos conformamos con pequeñas ilusiones desprovistas de esperanza” (Card. Jorge Bergoglio, Te Deum, 25/5/2000).

Oración sobre las ofrendas        

Señor, acepta la ofrenda que tu pueblo te presenta en honor de tus mártires, y así como la eucaristía fortaleció en la persecución a los santos Cornelio y Cipriano, también a nosotros nos alcance la constancia en medio de las adversidades. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Lc 22, 28-30

Dice el Señor: “Ustedes son los que han permanecido siempre conmigo en medio de mis pruebas. Por eso yo les confiero el Reino, y ustedes comerán y beberán en mi mesa”.

Oración después de la comunión

Por estos misterios recibidos te suplicamos, Padre, que nos confirmes con tu espíritu de fortaleza para que, a ejemplo de los santos Cornelio y Cipriano, demos fiel testimonio de la verdad evangélica. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Miércoles 17 de Septiembre de 2014

Misa a elección:

Feria. Verde
San Roberto Belarmino, obispo y doctor de la Iglesia. Memoria libre. Blanco

Roberto nació en Montepulsiano (Italia), en 1542. En 1560 entró a la Compañía de Jesús, y se destacó por su amor a la teología y la defensa en contra de las herejías, lo que le valió el título de “martillo de los herejes”. Su gran cantidad de obras teológicas lo llevó a alcanzar el grado de doctor de la Iglesia.

Antífona de entrada          cf. Ecli 36, 18

Señor, concede la paz a los que esperan en ti, para que se compruebe la veracidad de tus profetas. Escucha la oración de tu servidor y la de tu pueblo Israel.

Oración colecta     

Míranos, Dios nuestro, creador y Señor del universo, y concédenos servirte de todo corazón, para experimentar los efectos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

O bien:          de san Roberto Belarmino

Dios nuestro, que para defender la fe de tu Iglesia otorgaste a san Roberto Belarmino sabiduría y entereza admirables, concede, por su intercesión, que tu pueblo se alegre de profesar íntegramente esta fe. Por nuestro Señor Jesucristo...

Lectura        1Cor 12, 31—13, 13

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.

Hermanos: Aspiren a los dones más perfectos. Y ahora voy a mostrarles un camino más perfecto todavía. Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo para hacer alarde, si no tengo amor, no me sirve para nada. El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor.

Palabra de Dios.

Comentario

Definitivamente debemos seguir apostando por el amor. El amor será siempre “eso” que nos da la verdadera vida y el sentido para vivir. Buscamos ser amados y a la vez necesitamos amar. Sin esa corriente vital perdemos la vida, los proyectos, los ideales, y los sueños, como una muerte en vida.


Salmo 32, 2-5. 12. 22

R. ¡Feliz el pueblo que el Señor se eligió como herencia!

Alaben al Señor con la cítara, toquen en su honor el arpa de diez cuerdas; entonen para él un canto nuevo, toquen con arte, profiriendo aclamaciones. R.

Porque la palabra del Señor es recta y él obra siempre con lealtad; él ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su amor. R.

¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se eligió como herencia! Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti. R.

Aleluya        cf. Jn 6, 63. 68

Aleluya. Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida; tú tienes palabras de Vida eterna. Aleluya.

Evangelio     Lc 7, 31-35

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Dijo el Señor: ¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se parecen a esos muchachos que están sentados en la plaza y se dicen entre ellos: ¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron! Porque llegó Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen: “¡Tiene un demonio!”. Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!”. Pero la Sabiduría ha sido reconocida como justa por todos sus hijos.

Palabra del Señor.

Comentario

Jesús siempre nos exige definirnos. Ante su palabra y su persona, podemos poner excusas para no seguirlo, y seguir sentados, como esperando milagros o anuncios sorprendentes. Y quizás el anuncio sea, justamente, ver al Señor entre los pecadores. ¿Nos escandaliza esto? Probablemente. Por eso sería muy bueno que nosotros, también pecadores, nos acerquemos a experimentar su misericordia en lugar de escandalizarnos.

Oración sobre las ofrendas        

Escucha nuestras súplicas, Señor, y recibe con bondad la ofrenda de tu pueblo, para que los dones presentados en honor de tu nombre sirvan para la salvación de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        cf. Sal 35, 8

¡Qué inapreciable es tu misericordia, Señor! Los hombres se refugian a la sombra de tus alas.

O bien:          1Cor 10, 16

El cáliz de bendición que bendecimos es la comunión con la Sangre de Cristo; y el pan que partimos es la comunión con el Cuerpo de Cristo.

Oración después de la comunión

Te rogamos, Dios nuestro, que el don celestial que hemos recibido impregne nuestra alma y nuestro cuerpo, para que nuestras obras no respondan a impulsos puramente humanos sino a la acción de este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jueves 18 de Septiembre de 2014

De la feria. Verde

Antífona de entrada          cf. Ecli 36, 18

Señor, concede la paz a los que esperan en ti, para que se compruebe la veracidad de tus profetas. Escucha la oración de tu servidor y la de tu pueblo Israel.

Oración colecta     

Míranos, Dios nuestro, creador y Señor del universo, y concédenos servirte de todo corazón, para experimentar los efectos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        1Cor 15, 1-11

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.

Hermanos: Les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano. Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Cefas y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto. Además, se apareció a Santiago y a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto. Porque yo soy el último de los Apóstoles, y ni siquiera merezco ser llamado Apóstol, ya que he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no fue estéril en mí, sino que yo he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios que está conmigo. En resumen, tanto ellos como yo, predicamos lo mismo, y esto es lo que ustedes han creído.

Palabra de Dios.

Comentario

La Buena Noticia, es: ¡Jesús ha resucitado! La muerte ya no domina, es la Vida lo que ha triunfado. Por eso siempre apostamos a lo que nos da vida, a lo que nos eleva por encima de todo fracaso, desilusión y muerte. Así, el cristiano vive de la esperanza. Porque la muerte ya fue derrotada, y ya no nos paraliza.


Salmo 117, 1-2. 16-17. 28

R. ¡Den gracias al Señor, porque es bueno!

¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! Que lo diga el pueblo de Israel: ¡Es eterno su amor! R.

La mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas. No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor. R.

Tú eres mi Dios, y yo te doy gracias; Dios mío, yo te glorifico. R.

Aleluya        Mt 11, 28

Aleluya. “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré”, dice el Señor. Aleluya.

Evangelio     Lc 7, 36-50

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa. Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume. Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: “Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡Una pecadora!”. Pero Jesús le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. “Di, Maestro”, respondió él. “Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?”. Simón contestó: “Pienso que aquel a quien perdonó más”. Jesús le dijo: “Has juzgado bien”. Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no cesó de besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados. Por eso demuestra mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco demuestra poco amor”. Después dijo a la mujer: “Tus pecados te son perdonados”. Los invitados pensaron: “¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?”. Pero Jesús dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Palabra del Señor.

Comentario

El atropello de la mujer genera preguntas, dudas, comentarios, sospechas. A tal punto que Jesús dedica un tiempo especial a aclarar lo que aquí está ocurriendo. Por un momento nos olvidamos de la mujer y la atención se centra en la enseñanza de Jesús. De esta manera, nos queda claro, que esta pecadora perdonada originó preguntas, que podrían llevar también a la salvación del mismo fariseo.

Oración sobre las ofrendas        

Escucha nuestras súplicas, Señor, y recibe con bondad la ofrenda de tu pueblo, para que los dones presentados en honor de tu nombre sirvan para la salvación de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        cf. Sal 35, 8

¡Qué inapreciable es tu misericordia, Señor! Los hombres se refugian a la sombra de tus alas.

O bien:          1Cor 10, 16

El cáliz de bendición que bendecimos es la comunión con la Sangre de Cristo; y el pan que partimos es la comunión con el Cuerpo de Cristo.

Oración después de la comunión

Te rogamos, Dios nuestro, que el don celestial que hemos recibido impregne nuestra alma y nuestro cuerpo, para que nuestras obras no respondan a impulsos puramente humanos sino a la acción de este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes 19 de Septiembre de 2014

Misa a elección:

Feria. Verde
San Jenaro, obispo y mártir. Memoria libre. Rojo

No hay demasiados datos históricos de este mártir, del cual solo puede suponerse que murió en el año 305, durante la persecución del emperador romano Diocleciano. Pero más allá de los inciertos datos, este santo patrono de Nápoles se ha hecho popular por la tradición que se remonta al año 1329, que afirma que su sangre (guardada en un par de ampollas) se licua en varios momentos del año.

Antífona de entrada          cf. Ecli 36, 18

Señor, concede la paz a los que esperan en ti, para que se compruebe la veracidad de tus profetas. Escucha la oración de tu servidor y la de tu pueblo Israel.

Oración colecta     

Míranos, Dios nuestro, creador y Señor del universo, y concédenos servirte de todo corazón, para experimentar los efectos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

O bien:         de san Jenaro

Dios nuestro, que nos permites venerar la memoria de tu mártir san Jenaro; concédenos gozar de su compañía en la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo...

Lectura        1Cor 15, 12-20

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.

Hermanos: Si se anuncia que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo algunos de ustedes afirman que los muertos no resucitan? ¡Si no hay resurrección, Cristo no resucitó! Y si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también la fe de us­tedes. Incluso, seríamos falsos testigos de Dios, porque atestiguamos que él resucitó a Jesucristo, lo que es imposible, si los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampo­co Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes es inútil y sus pecados no han sido perdonados. En consecuencia, los que murieron con la fe en Cristo han perecido para siempre. Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo sola­mente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lásti­ma. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos.

Palabra de Dios.

Comentario

Creer en la resurrección de Jesús nos lleva también a creer en la resurrección de los hombres. Y es lo que justamente confesamos en nuestro Credo. Por eso no entendemos cuando algunos cristianos se acercan a grupos que creen en la “reencarnación” o en la fusión del alma con la naturaleza misma. Nuestra fe nos dice que, aún luego de la muerte, seguiremos siendo humanos, es decir, seremos alma y cuerpo.


Salmo 16, 1. 6-7. 8b. 15

R. ¡Me saciaré de tu presencia, Señor!

Escucha, Señor, mi justa demanda, atiende a mi clamor; presta oído a mi plegaria, porque en mis labios no hay falsedad. R.

Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes: inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras. Muestra las maravillas de tu gracia, tú que salvas de los agresores a los que buscan refugio a tu derecha. R.

Escóndeme a la sombra de tus alas, y por tu justicia, contemplaré tu rostro, y al despertar, me saciaré de tu presencia. R.

Aleluya        cf. Mt 11, 25

Aleluya. Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque revelaste los misterios del Reino a los pequeños. Aleluya.

Evangelio     Lc 8, 1-3

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anun­ciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido sanadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, inten­dente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.

Palabra del Señor.

Comentario

Jesús cambió las costumbres y prácticas religiosas de su pueblo. Ahora las mujeres pueden aprender, pueden caminar al lado de su maestro, pueden ser protagonistas de una nueva historia. Con ellas comienza, entonces, un tiempo de esperanza.

Oración sobre las ofrendas        

Escucha nuestras súplicas, Señor, y recibe con bondad la ofrenda de tu pueblo, para que los dones presentados en honor de tu nombre sirvan para la salvación de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        cf. Sal 35, 8

¡Qué inapreciable es tu misericordia, Señor! Los hombres se refugian a la sombra de tus alas.

O bien:          1Cor 10, 16

El cáliz de bendición que bendecimos es la comunión con la Sangre de Cristo; y el pan que partimos es la comunión con el Cuerpo de Cristo.

Oración después de la comunión

Te rogamos, Dios nuestro, que el don celestial que hemos recibido impregne nuestra alma y nuestro cuerpo, para que nuestras obras no respondan a impulsos puramente humanos sino a la acción de este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Liturgia


Aplicaciones móviles


 
Contacto
Riobamba 230 - C1025ABF
Buenos Aires.
Tel. (011) 5555-2400/2401
Fax (011) 5555-2425
Email: contacto@sanpablo.com.ar

×