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Editorial SAN PABLO
 
La liturgia cotidiana

La liturgia cotidiana
La Liturgia Cotidiana es una revista mensual que contiene todo lo que la Iglesia conmemora y vive en la Eucaristía: calendario litúrgico, las oraciones de la misa, las lecturas litúrgicas, reflexiones de los textos bíblicos y explicaciones de las fiestas, solemnidades y memorias que se celebran cada día.
Jueves 26/03
Viernes 27/03
Sábado 28/03
Domingo 29/03
Lunes 30/03
Martes 31/03
Jueves 26 de Marzo de 2015


V de Cuaresma

Morado

Antífona de entrada          cf. Heb 9, 15

Cristo es el mediador de la nueva alianza a fin de que, por su muerte, los que son llamados reciban la herencia eterna que ha sido prometida.

Oración colecta     

Escucha, Señor, nuestras súplicas, y protege con bondad a quienes esperamos en tu misericordia, para que, limpios de pecado, perseveremos en una vida santa y lleguemos a heredar tus promesas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Gn 17, 1-9

Lectura del libro del Génesis.

Cuando Abrám tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo: “Yo soy el Dios Todopoderoso. Camina en mi presencia y sé irreprochable. Yo haré mi alianza contigo, y te daré una descendencia muy numerosa”. Abrám cayó con el rostro en tierra, mientras Dios le seguía diciendo: “Esta será mi alianza contigo: Tú serás el padre de una multitud de naciones. Y ya no te llamarás más Abrám: En adelante tu nombre será Abraham, para indicar que yo te he constituido padre de una multitud de naciones. Te haré extraordinariamente fecundo: De ti suscitaré naciones, y de ti nacerán reyes. Estableceré mi alianza contigo y con tu descendencia a través de las generaciones. Mi alianza será una alianza eterna, y así yo seré tu Dios y el de tus descendientes. Yo te daré en posesión perpetua, a ti y a tus descendientes, toda la tierra de Canaán, esa tierra donde ahora resides como extranjero, y yo seré su Dios”. Después, Dios dijo a Abraham: “Tú, por tu parte, serás fiel a mi alianza; tú, y también tus descendientes, a lo largo de las generaciones”.

Palabra de Dios.

Comentario

Con estas palabras de Dios queda inaugurado un pueblo, una historia y un proyecto. Dios se presenta como Padre de todos, y como quien espera que todos vayamos hacia él.


Salmo 104, 4-9

R. El Señor se acuerda de su Alianza.

¡Recurran al Señor y a su poder, busquen constantemente su rostro; recuerden las maravillas que él obró, sus portentos y los juicios de su boca! R.

Descendientes de Abraham, su servidor, hijos de Jacob, su elegido: El Señor es nuestro Dios, en toda la tierra rigen sus decretos. R.

Él se acuerda eternamente de su Alianza, de la palabra que dio por mil generaciones, del pacto que selló con Abraham, del juramento que hizo a Isaac. R.

Versículo     cf. Sal 94, 8a. 7d

No endurezcan su corazón, sino escuchen la voz del Señor.

Evangelio     Jn 8, 51-59

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Jesús dijo a los judíos: “Les aseguro que el que es fiel a mi palabra no morirá jamás”. Los judíos le dijeron: “Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: ‘El que es fiel a mi palabra no morirá jamás’. ¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?”. Jesús respondió: “Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman ‘nuestro Dios’, y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: ‘No lo conozco’, sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría”. Los judíos le dijeron: “Todavía no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?”. Jesús respondió: “Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, yo soy”. Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Palabra del Señor.

Comentario

Estos hombres no podían entender a Jesús. No podían aceptar sus palabras. Por eso les resulta ofensivo que Jesús le hable de la vida eterna, cuando ellos apenas pueden asomar sus cabezas en “esta” vida.

Oración sobre las ofrendas        

Mira complacido, Señor, los dones que te presentamos; que sirvan para nuestra conversión y alcancen la salvación al mundo entero. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        cf. Rom 8, 32

Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros; por eso nos concederá con él toda clase de favores.

Oración después de la comunión

Saciados con el don de la salvación, imploramos, Padre, tu misericordia, para que, alimentados en la tierra con este sacramento, nos hagas participar de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo       (Facultativa)

Sé propicio a tu pueblo, Señor, para que de día en día rechace lo que te disgusta, y encuentre la alegría en tus mandatos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Viernes 27 de Marzo de 2015


Misa a elección:

Viernes V de Cuaresma. Morado

Santa María junto a la cruz

Memoria libre. Blanco

Antífona de entrada          Jn 19, 25

Junto a la cruz de Jesús, estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.

O bien:         cf. Bar 4, 12

Que nadie se alegre al verme viuda y abandonada por muchos. Estoy desolada por los pecados de mis hijos, porque se desviaron de la ley de Dios.

Oración colecta     

Dios nuestro, tú quisiste que la Virgen Madre estuviera junto a la Cruz de tu Hijo participando de su Pasión; protege y acrecienta en tu familia los frutos de este sagrado misterio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

O bien:        

Dios nuestro, que por un misterioso designio has dispuesto completar la Pasión de tu Hijo con los sufrimientos y los dolores de los hombres, te pedimos que, así como has querido que la Virgen Madre estuviera junto al Hijo moribundo para participar de sus dolores, también nosotros, imitando a la Virgen, acompañemos generosamente a tantos hermanos que sufren, para llevarles tu amor y tu consuelo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo...

Lectura        Rom 8, 31b-39

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma.

Hermanos: Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos concederá con él toda clase de favores? ¿Quién podrá acusar a los elegidos de Dios? “Dios es el que justifica. ¿Quién se atreverá a condenarlos?”. ¿Será acaso Jesucristo, el que murió, más aún, el que resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros? ¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? Como dice la Escritura: “Por tu causa somos entregados continuamente a la muerte; se nos considera como a ovejas destinadas al matadero”. Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a Aquel que nos amó. Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Palabra de Dios.

Comentario

¡Con qué seguridad escribe san Pablo estas líneas! Es la experiencia de quien puede atestiguar cómo Dios ha estado presente en su vida. Ese vínculo fuerte, esa comunión de amor no podrá ser destruida ni por los sufrimientos ni por los peligros. Que el Espíritu Santo suscite y renueve en nosotros esta convicción.


Salmo 17, 2-3. 5-7. 19-20

R. En mi angustia invoqué al Señor y él me escuchó.

Yo te amo, Señor, mi fuerza; Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador, mi Dios, el peñasco en que me refugio, mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte. R.

Las olas de la muerte me envolvieron, me aterraron los torrentes devastadores, me cercaron los lazos del abismo, las redes de la muerte llegaron hasta mí. R.

Pero en mi angustia invoqué al Señor, grité a mi Dios pidiendo auxilio, y él escuchó mi voz desde su templo, mi grito llegó hasta sus oídos. R.

Ellos me enfrentaron en un día nefasto, pero el Señor fue mi apoyo: Me sacó a un lugar espacioso, me libró, porque me ama. R.

Secuencia     (optativa)

Se encontraba la Madre dolorosa junto a la cruz, llorando, en que el Hijo moría, suspendido.

Con el alma dolida y suspirando, sumida en la tristeza, que traspasa el acero de una espada.

Qué afligida y qué triste se encontraba, de pie aquella bendita Madre del Hijo único de Dios.

Cuánto se dolía y padecía esa piadosa Madre, contemplando las penas de su Hijo.

¿A qué hombre no va a hacer llorar, el mirar a la Madre de Cristo en un suplicio tan tremendo?

¿Quién es el que podrá no entristecerse de contemplar tan sólo a esta Madre que sufre con su Hijo?

Ella vio a Jesús en los tormentos, sometido al flagelo, por cargar los pecados de su pueblo.

Y vio cómo muriendo abandonado, aquél, su dulce Hijo, entregaba su espíritu a los hombres.

Madre, fuente de amor, que yo sienta tu dolor, para que llore contigo.

Que arda mi corazón en el amor de Cristo, mi Dios, para que pueda agradarle.

Madre santa, imprime fuertemente en mi corazón las llagas de Jesús crucificado.

Que yo pueda compartir las penas de tu Hijo, que tanto padeció por mí.

Que pueda llorar contigo, condoliéndome de Cristo todo el tiempo de mi vida.

Quiero estar a tu lado y asociarme a ti en el llanto, junto a la cruz de tu Hijo.

Virgen, la más santa de las vírgenes, no seas dura conmigo: que siempre llore contigo.

Que pueda morir con Cristo y participar de su pasión, reviviendo sus dolores.

Hiéreme con sus heridas, embriágame con la sangre por él derramada en la cruz.

Para que no arda eternamente defiéndeme, Virgen, en el día del Juicio.

Jesús, en la hora final, concédeme, por tu Madre, la palma de la victoria.

Cuando llegue mi muerte, yo te pido, oh Cristo, por tu Madre, alcanzar la victoria eterna.

Versículo     

María, Reina del cielo y señora del mundo, estaba junto a la cruz de nuestro Señor Jesucristo en el más profundo dolor.

Evangelio     Jn 19, 25-27

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre, con su hermana María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

Palabra del Señor.

Comentario

“A medida que sobre estas tierras se realizaba el mandato de Cristo, a medida que con la gracia del bautismo se multiplicaban por doquier los hijos de la adopción divina, aparece también la Madre. En efecto, a ti, María, el Hijo de Dios y a la vez Hijo tuyo, desde lo alto de la cruz indicó a un hombre y dijo: ‘He ahí a tu hijo’. Y en aquel hombre te ha confiado a cada hombre, te ha confiado a todos. Y tú abrazas a todos, te acercas a todos, buscas maternalmente a todos. Perseveras de manera admirable en el misterio de Cristo, tu Hijo Unigénito, porque estás siempre dondequiera están los hombres sus hermanos, dondequiera está la Iglesia” (Juan Pablo II en la Basílica de Guadalupe, 27/01/1979).

Oración sobre las ofrendas        

Recibe, Señor, los dones de tu familia y conviértelos en el sacramento de la salvación humana, con la que colaboró generosamente la Virgen María, en el sacrificio de la cruz. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Col 1, 24

Ahora me alegro de poder sufrir por ustedes y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo para bien de su cuerpo, que es la Iglesia.

Oración después de la comunión

Señor, después de recibir el anticipo de la salvación, te pedimos humildemente que derrames sobre toda la humanidad el Espíritu Santo presente en plenitud en tu Iglesia, y que Cristo, sumo sacerdote, nos mereció en el sacrificio de la cruz al que fue asociada su Madre. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo       (Facultativa)

Protege, Señor, a tu pueblo que recuerda con amor a la santísima Virgen María junto a la cruz, y acompáñalo con la abundancia de tu gracia: que sea maduro en su fe, solícito en la caridad de Cristo y fuerte en la esperanza. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Sábado 28 de Marzo de 2015


V de Cuaresma

Morado

Antífona de entrada          Sal 21, 20.7

Señor, no te quedes lejos; tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme. Yo soy un gusano, no un hombre; la gente me escarnece y el pueblo me desprecia.

Oración colecta     

Dios nuestro, que hiciste de todos los renacidos en Cristo un linaje escogido y un sacerdocio real, concédenos desear lo que mandas y ponerlo en práctica, para que tu pueblo, llamado a la vida eterna, sea uno en la fe y en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo...

Lectura        Ez 37, 21-28

Lectura de la profecía de Ezequiel.

Así habla el Señor: "Yo voy a tomar a los israelitas de entre las naciones adonde habían ido; los reuniré de todas partes y los llevaré a su propio suelo. Haré de ellos una sola nación en la tierra, en las montañas de Israel, y todos tendrán un solo rey: Ya no formarán dos naciones ni estarán más divididos en dos reinos. Ya no volverán a contaminarse con sus ídolos, con sus abominaciones y con todas sus rebeldías. Los salvaré de sus pecados de apostasía y los purificaré: Ellos serán mi Pueblo y yo seré su Dios. Mi servidor David reinará sobre ellos y todos ellos tendrán un solo pastor. Observarán mis leyes, cumplirán mis preceptos y los pondrán en práctica. Habitarán en la tierra que di a mi servidor Jacob, donde habitaron sus padres. Allí habitarán para siempre, ellos, sus hijos y sus nietos; y mi servidor David será su príncipe eternamente. Estableceré para ellos una alianza de paz, que será para ellos una alianza eterna. Los instalaré, los multiplicaré y pondré mi santuario en medio de ellos para siempre. Mi morada estará junto a ellos: Yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo. Y cuando mi santuario esté en medio de ellos para siempre, las naciones sabrán que yo soy el Señor, el que santificó a Israel".

Palabra de Dios.

Comentario

Ezequiel comparte con gran parte del pueblo la situación de exiliado. Fuera de su tierra, está convencido de que Dios volverá a reunirlos para que, juntos, reconstruyan la nación desmantelada por los enemigos.


[Sal] Jer 31, 10-12ab. 13

R. El Señor nos cuidará como un pastor.

¡Escuchen, naciones, la palabra del Señor, anúncienla en las costas más lejanas! Digan: “El que dispersó a Israel lo reunirá, y lo cuidará como un pastor a su rebaño”. R.

Porque el Señor ha rescatado a Jacob, lo redimió de una mano más fuerte que él. Llegarán gritando de alegría a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor. R.

Entonces la joven danzará alegremente, los jóvenes y los viejos se regocijarán; yo cambiaré su duelo en alegría, los alegraré y los consolaré de su aflicción. R.

Versículo     Ez 18, 31

Arrojen lejos de ustedes todas las rebeldías y háganse un corazón nuevo y un espíritu nuevo.

Evangelio     Jn 11, 45-57

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Al ver que Jesús había resucitado a Lázaro, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él. Pero otros fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron un Consejo y dijeron: “¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchos signos. Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación”. Uno de ellos, llamado Caifás, que era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: “Ustedes no comprenden nada. ¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?”. No dijo eso por sí mismo, sino que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir por la nación, y no solamente por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos. A partir de ese día, resolvieron que debían matar a Jesús. Por eso él no se mostraba más en público entre los judíos, sino que fue a una región próxima al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y allí permaneció con sus discípulos. Como se acercaba la Pascua de los judíos, mucha gente de la región había subido a Jerusalén para purificarse. Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: “¿Qué les parece, vendrá a la fiesta o no?”. Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno conocía el lugar donde él se encontraba, lo hiciera saber para detenerlo.

Palabra del Señor.

Comentario

Los miembros del Sanedrín (el tribunal de justicia de los judíos), querían proteger el Templo, el lugar de reunión del pueblo de la impureza y la idolatría. Sin embargo, son capaces de matar a quien quiere reunir a todos los hijos dispersos, sean o no de Judá, el Templo, para ellos, vale más que la vida de un hombre.

Oración sobre las ofrendas        

Acepta, Señor, el ofrecimiento de nuestro ayuno; que al purificarnos nos haga dignos de tu gracia, y nos conduzca a los bienes prometidos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        cf. Jn 11, 52

Cristo se entregó a la muerte, para congregar en la unidad a los hijos de Dios que están dispersos.

Oración después de la comunión

Padre, humildemente te pedimos que, así como nos alimentas con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo nos hagas partícipes de la naturaleza divina. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo       (Facultativa)

Padre, ten compasión de tu Iglesia suplicante, y atiende a quienes se inclinan de corazón ante ti; no permitas que los redimidos por la muerte de tu Hijo unigénito sean esclavos del pecado ni sean vencidos en las adversidades. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Domingo 29 de Marzo de 2015


Domingo de Ramos de la Pasión del Señor

Rojo


Jornada mundial de la juventud.

La liturgia de hoy tiene dos momentos. El primero es la procesión de ramos donde recordamos la entrada de Jesús en Jerusalén, cuando sus discípulos lo aclamaron como el Esperado. Una vez que Jesús entra en Jerusalén se agudiza el conflicto con los jefes religiosos, que decidirán su muerte. A lo largo de la Semana Santa, las lecturas del evangelio irán desarrollando esos últimos días de Jesús en Jerusalén. El segundo, luego de la procesión de ramos, en la Misa escucharemos el relato de la pasión y muerte de Jesús, mientras aguardamos con esperanza la resurrección.

Antífona      Mt 21, 9

¡Hosanna al Hijo de David! Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel. ¡Hosanna en las alturas!


Oración colecta     

Dios todopoderoso y eterno, tú mostraste a los hombres el ejemplo de humildad de nuestro Salvador, que se encarnó y murió en la cruz; concédenos recibir las enseñanzas de su Pasión, para poder participar un día de su gloriosa resurrección. Él que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

1ª Lectura    Is 50, 4-7

Lectura del libro de Isaías.

El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo. El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían. Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado.

Palabra de Dios.

Comentario

Ante la agresión de los que quieren la caída del servidor de Dios, este hombre reconoce que su fuerza está en la Palabra de Dios, que él recibe y que también transmite.


Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Los que me ven, se burlan de mí, hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo: “Confió en el Señor, que él lo libre; que lo salve, si lo quiere tanto”. R.

Me rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores; taladran mis manos y mis pies. Yo puedo contar todos mis huesos. R.

Se reparten entre sí mi ropa y sortean mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme. R.

Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea: “Alábenlo, los que temen al Señor; glorifíquenlo, descendientes de Jacob; témanlo, descendientes de Israel”. R.

2ª Lectura    Flp 2, 6-11

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos.

Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: Al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: “Jesucristo es el Señor”.

Palabra de Dios.

Comentario

Este canto, uno de los más antiguos del cristianismo, recorre la vida de Jesús. Y en ese proceso resalta su humanidad que no ve la muerte como un final sino como un paso a la vida gloriosa.


Aclamación   Flp 2, 8-9

Cristo se humilló por nosotros hasta aceptar por obediencia la muerte, y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre.

Evangelio     Mc 14, 1—15, 47

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

Buscaban la manera de arrestar a Jesús con astucia, para darle muerte

C. Faltaban dos días para la fiesta de la Pascua y de los panes Ácimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban la manera de arrestar a Jesús con astucia, para darle muerte. Porque decían:

S. “No lo hagamos durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto en el pueblo”.

Ungió mi cuerpo anticipadamente para la sepultura.

C. Mientras Jesús estaba en Betania, comiendo en casa de Simón el leproso, llegó una mujer con un frasco lleno de un valioso perfume de nardo puro, y rompiendo el frasco, derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús. Entonces algunos de los que estaban allí se indignaron y comentaban entre sí:

S. “¿Para qué este derroche de perfume? Se hubiera podido vender por más de trescientos denarios para repartir el dinero entre los pobres”.

C. Y la criticaban. Pero Jesús dijo:

+. “Déjenla, ¿por qué la molestan? Ha hecho una buena obra conmigo. A los pobres los tienen siempre con ustedes y pueden hacerles el bien cuando quieran, pero a mí no me tendrán siempre. Ella hizo lo que podía; ungió mi cuerpo anticipadamente para la sepultura. Les aseguro que allí donde se proclame la Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo”.

Prometieron a Judas Iscariote darle dinero

C. Judas Iscariote, uno de los Doce, fue a ver a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, ellos se alegraron y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba una ocasión propicia para entregarlo.

¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?

C. El primer día de la fiesta de los panes Ácimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús:

S. “¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?”.

c. Él envió a dos de sus discípulos, diciéndoles:

+. “Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: “¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?”. Él les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario”.

C. Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.

Uno de ustedes me entregará, uno que come conmigo

C. Al atardecer, Jesús llegó con los Doce. Y mientras estaban comiendo, dijo:

+. “Les aseguro que uno de ustedes me entregará, uno que come conmigo”.

C. Ellos se entristecieron y comenzaron a preguntarle, uno tras otro:

S. “¿Seré yo?”.

C. Él les respondió:

+. “Es uno de los Doce, uno que se sirve de la misma fuente que yo. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquél por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!”.

Esto es mi Cuerpo. Ésta es mi Sangre, la Sangre de la alianza.

C. Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

+. “Tomen, esto es mi Cuerpo”.

C. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella. Y les dijo:

+. “Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos. Les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios”.

Antes que cante el gallo por segunda vez, me habrás negado tres veces

C. Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos. Y Jesús les dijo:

+.“Todos ustedes se van a escandalizar, porque dice la Escritura: ‘Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas’. Pero después que yo resucite, iré antes que ustedes a Galilea”.

C. Pedro le dijo:

+. “Aunque todos se escandalicen, yo no me escandalizaré”.

C. Jesús le respondió:

+. “Te aseguro que hoy, esta misma noche, antes que cante el gallo por segunda vez, me habrás negado tres veces”.

C. Pero él insistía:

+. “Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré”.

C. Y todos decían lo mismo.

Comenzó a sentir temor y a angustiarse

C. Llegaron a una propiedad llamada Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos:

+. “Quédense aquí, mientras yo voy a orar”.

C. Después llevó con él a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir temor y a angustiarse. Entonces les dijo:

+. “Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí velando”.

C. Y adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, de ser posible, no tuviera que pasar por esa hora. Y decía:

+. “Abbá –Padre– todo te es posible: aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

C. Después volvió y encontró a sus discípulos dormidos. Y Jesús dijo a Pedro:

+. “Simón, ¿duermes? ¿No has podido quedarte despierto ni siquiera una hora? Permanezcan despiertos y oren para no caer en la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil”.

C. Luego se alejó nuevamente y oró, repitiendo las mismas palabras. Al regresar, los encontró otra vez dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño, y no sabían qué responderle. Volvió por tercera vez y les dijo:

+. “Ahora pueden dormir y descansar. Esto se acabó. Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar”.

Deténganlo y llévenlo bien custodiado

C. Jesús estaba hablando todavía, cuando se presentó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado esta señal:

S. “Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo y llévenlo bien custodiado”.

C. Apenas llegó, se le acercó y le dijo:

S. “Maestro”.

C. Y lo besó. Los otros se abalanzaron sobre él y lo arrestaron. Uno de los que estaban allí sacó la espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja. Jesús les dijo:

+. “Como si fuera un bandido, han salido a arrestarme con espadas y palos. Todos los días estaba entre ustedes enseñando en el Templo y no me arrestaron. Pero esto sucede para que se cumplan las Escrituras”.

C. Entonces todos lo abandonaron y huyeron. Lo seguía un joven, envuelto solamente con una sábana, y lo sujetaron; pero él, dejando la sábana, se escapó desnudo.

¿Eres el Mesías, el Hijo del Dios bendito?

C. Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote, y allí se reunieron todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas. Pedro lo había seguido de lejos hasta el interior del palacio del Sumo Sacerdote y estaba sentado con los servidores, calentándose junto al fuego. Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un testimonio contra Jesús, para poder condenarlo a muerte, pero no lo encontraban. Porque se presentaron muchos con falsas acusaciones contra él, pero sus testimonios no concordaban. Algunos declaraban falsamente contra Jesús:

S. “Nosotros lo hemos oído decir: ‘Yo destruiré este Templo hecho por la mano del hombre, y en tres días volveré a construir otro que no será hecho por la mano del hombre’”.

C. Pero tampoco en esto concordaban sus declaraciones. El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie ante la asamblea, interrogó a Jesús:

S. “¿No respondes nada a lo que éstos atestiguan contra ti?”.

C. Él permanecía en silencio y no respondía nada. El Sumo Sacerdote lo interrogó nuevamente:

S. “¿Eres el Mesías, el Hijo del Dios bendito?”.

C. Jesús respondió:

+. “Sí, yo lo soy: y ustedes verán ‘al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir entre las nubes del cielo’”.

C. Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó:

S. “¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban de oír la blasfemia. ¿Qué les parece?”.

C. Y todos sentenciaron que merecía la muerte. Después algunos comenzaron a escupirlo y, tapándole el rostro, lo golpeaban, mientras le decían:

S. “¡Profetiza!”.

C. Y también los servidores le daban bofetadas.

Se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre del que estaban hablando

C. Mientras Pedro estaba abajo, en el patio, llegó una de las sirvientas del Sumo Sacerdote y, al ver a Pedro junto al fuego, lo miró fijamente y le dijo:

S. “Tú también estabas con Jesús, el Nazareno”.

C. Él lo negó, diciendo:

S. “No sé nada; no entiendo de qué estás hablando”.

C. Luego salió al vestíbulo y en ese momento cantó el gallo. La sirvienta, al verlo, volvió a decir a los presentes:

S. “Este es uno de ellos”.

C. Pero él lo negó nuevamente. Un poco más tarde, los que estaban allí dijeron a Pedro:

S. “Seguro que eres uno de ellos, porque tú también eres galileo”.

C. Entonces él se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre del que estaban hablando. En seguida cantó el gallo por segunda vez. Pedro recordó las palabras que Jesús le había dicho: “Antes que cante el gallo por segunda vez, tú me habrás negado tres veces”. Y se puso a llorar.

¿Quieren que les ponga en libertad al rey de los judíos?

C. En cuanto amaneció, los sumos sacerdotes se reunieron en Consejo con los ancianos, los escribas y todo el Sanedrín. Y después de atar a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Éste lo interrogó:

S. “¿Eres tú el rey de los judíos?”.

C. Jesús le respondió:

+. “Tú lo dices”.

C. Los sumos sacerdotes multiplicaban las acusaciones contra él. Pilato lo interrogó nuevamente:

S. “¿No respondes nada? ¡Mira de todo lo que te acusan!”.

C. Pero Jesús ya no respondió a nada más, y esto dejó muy admirado a Pilato. En cada fiesta, Pilato ponía en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había en la cárcel uno llamado Barrabás, arrestado con otros revoltosos que habían cometido un homicidio durante la sedición. La multitud subió y comenzó a pedir el indulto acostumbrado. Pilato les dijo:

S. “¿Quieren que les ponga en libertad al rey de los judíos?”.

C. Él sabía, en efecto, que los sumos sacerdotes lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes incitaron a la multitud a pedir la libertad de Barrabás. Pilato continuó diciendo:

S. “¿Qué quieren que haga, entonces, con el que ustedes llaman rey de los judíos?”.

C. Ellos gritaron de nuevo:

S. “¡Crucifícalo!”.

C. Pilato les dijo:

S. “¿Qué mal ha hecho?”.

C. Pero ellos gritaban cada vez más fuerte:

S. “¡Crucifícalo!”.

C. Pilato, para contentar a la multitud, les puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.

Hicieron una corona de espinas y se la colocaron

C. Los soldados lo llevaron dentro del palacio, al pretorio, y convocaron a toda la guardia. Lo vistieron con un manto de púrpura, hicieron una corona de espinas y se la colocaron. Y comenzaron a saludarlo:

S. “¡Salud, rey de los judíos!”.

C. Y le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando la rodilla, le rendían homenaje. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto de púrpura y le pusieron de nuevo sus vestiduras. Luego lo hicieron salir para crucificarlo.

Condujeron a Jesús a un lugar llamado Gólgota y lo crucificaron

C. Como pasaba por allí Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que regresaba del campo, lo obligaron a llevar la cruz de Jesús. Y condujeron a Jesús a un lugar llamado Gólgota, que significa: “Lugar del Cráneo”. Le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó. Después lo crucificaron. Los soldados “se repartieron sus vestiduras, sorteándolas” para ver qué le tocaba a cada uno. Ya mediaba la mañana cuando lo crucificaron. La inscripción que indicaba la causa de su condena decía: “El rey de los judíos”. Con él crucificaron a dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo

C. Los que pasaban lo insultaban, movían la cabeza y decían:

S. “¡Eh, tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, sálvate a ti mismo y baja de la cruz!”.

C. De la misma manera, los sumos sacerdotes y los escribas se burlaban y decían entre sí:

S. “¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es el Mesías, el rey de Israel, ¡que baje ahora de la cruz, para que veamos y creamos!”.

C. También lo insultaban los que habían sido crucificados con él.

Jesús dando un gran grito, expiró

C. Al mediodía, se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde; y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz:

+. “Eloi, Eloi, lemá sabactaní”.

C. Que significa:

+. “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

C. Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron:

S. “Está llamando a Elías”.

C. Uno corrió a mojar una esponja en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña le dio de beber, diciendo:

S. “Vamos a ver si Elías viene a bajarlo”.

C. Entonces Jesús, dando un gran grito, expiró.

Aquí todos se arrodillan, y se hace un breve silencio de adoración

C. El velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó:

S. “¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!”.

C. Había también allí algunas mujeres que miraban de lejos. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé, que seguían a Jesús y lo habían servido cuando estaba en Galilea; y muchas otras que habían subido con él a Jerusalén.

José hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro

C. Era un día de Preparación, es decir, víspera de sábado. Por eso, al atardecer, José de Arimatea –miembro notable del Sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios– tuvo la audacia de presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato se asombró de que ya hubiera muerto; hizo llamar al centurión y le preguntó si hacía mucho que había muerto. Informado por el centurión, entregó el cadáver a José. Éste compró una sábana, bajó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en ella y lo depositó en un sepulcro cavado en la roca. Después hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. María Magdalena y María, la madre de José, miraban dónde lo habían puesto.

Palabra del Señor.

Comentario

“De nada hubiera servido una redención política como la esperaban muchos contemporáneos de los que salieron a encontrar a Jesús el Domingo de Ramos. Una liberación del yugo de Roma no hubiera sido la libertad verdadera porque hubieran caído bajo otros yugos. Los pueblos parecen no aprender la lección de estarse dominando y explotando unos de otros. Solo hay un verdadero libertador: Dios que nos ha traído la liberación del pecado, donde tiene su raíz todo el malestar de los hombres. Por eso hay que comprender a Cristo identificándose con la humanidad doliente. Sintamos ahora mucha simpatía por él y cuando lo vayamos a acompañar con su cruz a cuestas, sudando sangre, llorando con lágrimas de un dolor casi sin esperanza en lo humano, pensemos en la situación misma nuestra, pero con una esperanza divina como la que Cristo quiere inspirarnos” (Mons. O. Romero, 8/4/1979).

Oración sobre las ofrendas        

Por la Pasión de tu Hijo unigénito danos, Señor, tu perdón y aunque no lo merecen nuestras obras, haz que lo recibamos de tu misericordia por este único sacrificio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Mt 26, 42

Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad.

Oración después de la comunión

Alimentados con tus sagrados dones, te pedimos, Padre, que así como por la muerte de tu Hijo nos haces esperar lo que creemos, por su resurrección lleguemos a la gloria que anhelamos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo    

Padre, dirige tu mirada sobre esta familia tuya, por la cual nuestro Señor Jesucristo no dudó en entregarse a las manos de los verdugos y sufrir el suplicio de la cruz. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

Lunes 30 de Marzo de 2015


Lunes Santo

Misa propia. Morado

Antífona      cf. Sal 34,1-2; Sal 139, 8

Combate, Señor, a los que me atacan, pelea contra los que me hacen la guerra. Toma el escudo y la armadura, levántate y ven en mi ayuda, Señor, mi ayuda poderosa.

Oración colecta     

Dios todopoderoso, concede a quienes desfallecemos a causa de nuestra fragilidad, ser confortados por la Pasión de tu único Hijo. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Is 42, 1-7

Lectura del libro de Isaías.

Así habla el Señor: “Este es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones. Él no gritará, no levantará la voz ni la hará resonar por las calles. No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente. Expondrá el derecho con fidelidad; no desfallecerá ni se desalentará hasta implantar el derecho en la tierra, y las costas lejanas esperarán su Ley. Así habla Dios, el Señor, el que creó el cielo y lo desplegó, el que extendió la tierra y lo que ella produce, el que da el aliento al pueblo que la habita y el espíritu a los que caminan por ella. Yo, el Señor, te llamé en la justicia, te sostuve de la mano, te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas”.

Palabra de Dios.

Comentario

El Señor mira con ternura y esperanza a su Siervo. Le encomienda la misión de liberar a los oprimidos y ser solidario con los que sufren.


Salmo 26, 1-3. 13-14

R. El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿ante quién temblaré? R.

Cuando se alzaron contra mí los malvados para devorar mi carne, fueron ellos, mis adversarios y enemigos, los que tropezaron y cayeron. R.

Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no temerá; aunque estalle una guerra contra mí, no perderé la confianza. R.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor, en la tierra de los vivientes. Espera en el Señor y sé fuerte; ten valor y espera en el Señor. R.

Aclamación  

¡Salve, Rey nuestro! Sólo tú te has compadecido de nuestros errores.

Evangelio     Jn 12, 1-11

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado. Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales. María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: “¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?”. Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella. Jesús le respondió: “Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre”. Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado. Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él.

Palabra del Señor.

Comentario

El evangelio contrapone la delicadeza y el silencio de esta mujer amiga de Jesús, a las palabras grotescas y la preocupación materialista de quien luego lo entregará. La mujer prepara a Jesús para su sepultura con su amor, y Judas lo llevará hacia ella con su traición.

Oración sobre las ofrendas        

Mira con bondad, Señor, los sagrados misterios que celebramos, y lo que tu amor providente instituyó para destruir nuestro pecado, produzca en nosotros frutos de vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        cf. Sal 101, 3

No me ocultes tu rostro en el momento del peligro; inclina hacia mí tu oído, respóndeme pronto, cuando te invoco.

Oración después de la comunión

Visita a tu pueblo, Padre, y protege a quienes has santificado por estos sagrados misterios, para que conserven los auxilios de la salvación eterna que han recibido de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo       (Facultativa)

Te pedimos, Padre, que asistas a los humildes y protejas a quienes confían en tu misericordia, para que no sólo celebren las fiestas pascuales con la observancia penitencial, sino que sean renovados con un alma pura. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Martes 31 de Marzo de 2015


Martes Santo

Misa propia. Morado



(Día del comportamiento humano).

Antífona de entrada          Sal 26, 12

No me entregues, Señor, a la furia de mis adversarios, porque se levantan contra mí testigos falsos, hombres que respiran violencia.

Oración colecta     

Dios todopoderoso y eterno, concédenos celebrar de tal manera los misterios de la Pasión del Señor que merezcamos alcanzar tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Is 49, 1-6

Lectura del libro de Isaías.

¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos! El Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre. Él hizo de mi boca una espada afilada, me ocultó a la sombra de su mano; hizo de mí una flecha punzante, me escondió en su aljaba. Él me dijo: “Tú eres mi Servidor, Israel, por ti yo me glorificaré”. Pero yo dije: “En vano me fatigué, para nada, inútilmente he gastado mi fuerza”. Sin embargo, mi derecho está junto al Señor y mi retribución, junto a mi Dios. Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el vientre materno para que yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a él y se le reúna Israel. Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza. Él dice: “Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra”.

Palabra de Dios.

Comentario

El siervo de Dios aquí se identifica con el pueblo de Israel. Un pueblo que ha sido llamado por Dios desde sus inicios, desde cuando era aún un grupo de familias que deambulaban entre Egipto y Palestina. Pero ahora, en su madurez, será luz de todas las naciones.


Salmo 70, 1-4a. 5-6ab. 15. 17

R. Mi boca anunciará tu salvación, Señor.

Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca tenga que avergonzarme! Por tu justicia, líbrame y rescátame, inclina tu oído hacia mí, y sálvame. R.

Sé para mí una roca protectora, tú que decidiste venir siempre en mi ayuda, porque tú eres mi Roca y mi fortaleza. ¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío! R.

Porque tú, Señor, eres mi esperanza y mi seguridad desde mi juventud. En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre; desde el vientre materno fuiste mi protector. R.

Mi boca anunciará incesantemente tus actos de justicia y salvación, aunque ni siquiera soy capaz de enumerarlos. Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud, y hasta hoy he narrado tus maravillas. R.

Aclamación  

Salve, Rey nuestro, obediente al Padre, fuiste llevado a la crucifixión, como un manso cordero a la matanza.

Evangelio     Jn 13, 21-33. 36-38

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.

Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente: “Les aseguro que uno de ustedes me entregará”. Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería. Uno de ellos –el discípulo al que Jesús amaba– estaba reclinado muy cerca de Jesús. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: “Pregúntale a quién se refiere”. Él se reclinó sobre Jesús y le preguntó: “Señor, ¿quién es?”. Jesús le respondió: “Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato”. Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: “Realiza pronto lo que tienes que hacer”. Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto. Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: “Compra lo que hace falta para la fiesta”, o bien que le mandaba dar algo a los pobres. Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche. Después que Judas salió, Jesús dijo: “Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: ‘A donde yo voy, ustedes no pueden venir’”. Simón Pedro le dijo: “Señor, ¿a dónde vas?”. Jesús le respondió: “Adonde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás”. Pedro le preguntó: “¿Señor, por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti”. Jesús le respondió: “¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces”.

Palabra del Señor.

Comentario

Uno que no sabe, otro que recibe la revelación, otro que traiciona, y otros que ni siquiera entienden lo qué está pasando. Diferentes actitudes de cada uno de los amigos de Jesús. Claro, nos quedamos con la actitud de Pedro, que busca conocer sea del modo que fuere, o con la del discípulo amado, que en la oración busca la intimidad y la revelación. Crezcamos, entonces, en estas actitudes no solo en esta Semana Santa, sino durante toda nuestra vida.

Oración sobre las ofrendas        

Señor nuestro, mira con bondad la ofrenda de tu familia y a quienes invitas a participar de tus sagrados dones concédeles llegar a su plenitud en la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Rom 8, 32

Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros.

Oración después de la comunión

Saciados con el don de la salvación, imploramos, Padre, tu misericordia, para que, por este mismo sacramento con el que sostienes nuestra vida temporal, nos hagas partícipes de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre el pueblo       (Facultativa)

Tu misericordia, Dios nuestro, libre a tu pueblo de la antigua malicia del pecado y le haga abrazar la novedad de la vida santa. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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