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Editorial SAN PABLO
 
La liturgia cotidiana

La liturgia cotidiana
La Liturgia Cotidiana es una revista mensual que contiene todo lo que la Iglesia conmemora y vive en la Eucaristía: calendario litúrgico, las oraciones de la misa, las lecturas litúrgicas, reflexiones de los textos bíblicos y explicaciones de las fiestas, solemnidades y memorias que se celebran cada día.
Lunes 03/08
Martes 04/08
Miércoles 05/08
Jueves 06/08
Viernes 07/08
Sábado 08/08
Lunes 03 de Agosto de 2015

De la feria
Verde

Antífona de entrada          cf. Sal 69, 2. 6

Líbrame, Dios mío. Señor, ven pronto a socorrerme. Tú eres mi ayuda y mi libertador; no tardes, Señor.

Oración colecta     

Derrama, Padre, tu misericordia sobre tu pueblo suplicante, y ya que nos gloriamos de tenerte por Creador y Señor, renueva en nosotros tu gracia y consérvala en tu bondad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Núm 11, 4b-15

Lectura del libro de los Números.

Los israelitas dijeron: “¡Si al menos tuviéramos carne para comer! ¡Cómo recordamos los pescados que comíamos gratis en Egipto, y los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos! ¡Ahora nuestras gargantas están resecas! ¡Estamos privados de todo, y nuestros ojos no ven nada más que el maná!”. El maná se parecía a la semilla de cilantro y su color era semejante al del bedelio. El pueblo tenía que ir a buscarlo; una vez recogido, lo trituraban con piedras de moler o lo machacaban en un mortero, lo cocían en una olla, y lo preparaban en forma de galletas. Su sabor era como el de un pastel apetitoso. De noche, cuando el rocío caía sobre el campamento, también caía el maná. Moisés oyó llorar al pueblo, que se había agrupado por familias, cada uno a la entrada de su carpa. El Señor se llenó de una gran indignación, pero Moisés, vivamente contrariado, le dijo: “¿Por qué tratas tan duramente a tu servidor? ¿Por qué no has tenido compasión de mí, y me has cargado con el peso de todo este pueblo? ¿Acaso he sido yo el que concibió a todo este pueblo, o el que lo dio a luz, para que me digas: ‘Llévalo en tu regazo, como la nodriza lleva a un niño de pecho, hasta la tierra que juraste dar a sus padres’? ¿De dónde voy a sacar carne para dar de comer a todos los que están llorando a mi lado y me dicen: ‘Danos carne para comer’? Yo solo no puedo soportar el peso de todo este pueblo: mis fuerzas no dan para tanto. Si me vas a seguir tratando de ese modo, mátame de una vez. Así me veré libre de mis males”.

Palabra de Dios.

Comentario

El alimento, como producto del trabajo y el esfuerzo, compite con las dádivas recibidas y las comidas adquiridas sin esfuerzo. Cuando preferimos que nos “regalen” la vida antes que “trabajar por ella”, seguimos optando por la esclavitud.


Salmo 80, 12-17

R. ¡Escuchemos la voz del Señor!

Mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no me quiso obedecer: por eso los entregué a su obstinación, para que se dejaran llevar por sus caprichos. R.

¡Ojalá mi pueblo me escuchara, e Israel siguiera mis caminos! Yo sometería a sus adversarios en un instante, y volvería mi mano contra sus opresores. R.

Los enemigos del Señor tendrían que adularlo, y ese sería su destino para siempre; yo alimentaría a mi pueblo con lo mejor del trigo y lo saciaría con miel silvestre. R.

Aleluya        Mt 4, 4

Aleluya. El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Aleluya.

Evangelio     Mt 14, 13-21

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Al enterarse de la muerte de Juan el Bautista, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, sanó a los enfermos. Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: “Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos”. Pero Jesús les dijo: “No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos”. Ellos respondieron: “Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados”. “Tráiganmelos aquí”, les dijo. Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

Palabra del Señor.

Comentario

Seguramente, la muerte de Juan afectó a Jesús. ¡Tantas veces lo habría escuchado y conversado con él para compartir las experiencias de Dios y de la vida! El Señor necesitó apartarse, tomarse un tiempo para el duelo, dejar que su espíritu y su cuerpo expresen el dolor causado por la pérdida física de su amigo.

Oración sobre las ofrendas        

Santifica los dones que te presentamos, Señor, y, al aceptar este sacrificio espiritual, conviértenos en ofrenda eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Sab 16, 20

Nos diste, Señor, el pan del cielo, que tiene un sabor incomparable; satisface todos los gustos.

O bien:         cf. Jn 6, 35

Dice el Señor: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre, y el que cree en mí jamás tendrá sed”.

Oración después de la comunión

Acompaña y protege siempre, Señor, a quienes has renovado con este don celestial, y ya que nos reconfortas constantemente concédenos participar de la redención eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Martes 04 de Agosto de 2015


San Juan María Vianney, presbítero

Memoria obligatoria. Blanco


Día del Párroco.

Juan María Vianney es más conocido como “el santo cura de Ars”, un pequeño pueblo de Francia donde ejerció su ministerio pastoral. Nació en 1786. Siempre se consideró un indigno representante de Dios. Su fecunda tarea en la parroquia de Ars hizo que los miembros del pueblo abandonaran una vida licenciosa para dedicarse a vivir cristianamente. De quien se dudaba que pudiera ser capaz de confesar, se convirtió, por gracia de Dios, en maestro de conciencia y director espiritual. Murió a los 73 años, y fue canonizado por Pío XI.

Antífona de entrada          cf. Sal 131, 9

Tus sacerdotes, Señor, se revistan de justicia y tus fieles exulten de alegría.

Oración colecta     

Dios de poder y misericordia, que hiciste admirable al presbítero san Juan María por su entrega pastoral, concédenos, a ejemplo suyo y con su intercesión, que procuremos, con la caridad, llevar hacia Cristo a los hermanos y alcanzar junto con ellos la gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Núm 12, 1-13

Lectura del libro de los Números.

En aquellos días, Miriam y Aarón se pusieron a murmurar contra Moisés a causa de la mujer cusita con la que este se había casado. Moisés, en efecto, se había casado con una mujer de Cus. “¿Acaso el Señor ha hablado únicamente por medio de Moisés?, decían. ¿No habló también por medio de nosotros?”. Y el Señor oyó todo esto. Ahora bien, Moisés era un hombre muy humilde, más humilde que cualquier otro hombre sobre la tierra. De pronto, el Señor dijo a Moisés, a Aarón y a Miriam: “Vayan los tres a la carpa del encuentro”. Cuando salieron los tres, el Señor descendió en la columna de la nube y se detuvo a la entrada de la carpa. Luego llamó a Aarón y a Miriam. Los dos se adelantaron, y el Señor les dijo: “Escuchen bien mis palabras: Cuando aparece entre ustedes un profeta, yo me revelo a él en una visión, le hablo en un sueño. No sucede así con mi servidor Moisés: él es el hombre de confianza en toda mi casa. Yo hablo con él cara a cara, claramente, no con enigmas, y él contempla la figura del Señor. ¿Por qué entonces ustedes se han atrevido a hablar contra mi servidor Moisés?”. Y lleno de indignación contra ellos, el Señor se alejó. Apenas la nube se retiró de encima de la Carpa, Miriam se cubrió de lepra, quedando blanca como la nieve. Cuando Aarón se volvió hacia ella y vio que estaba leprosa, dijo a Moisés: “Por favor, señor, no hagas pesar sobre nosotros el pecado que hemos cometido por necedad. No permitas que ella sea como el aborto, que al salir del seno materno ya tiene consumida la mitad de su carne”. Moisés invocó al Señor, diciendo: “¡Te ruego, Dios, que la sanes!”.

Palabra de Dios.

Comentario

El autor de este texto nos habla claramente de una preferencia de Dios hacia Moisés. Así lo ha entendido siempre la tradición del pueblo de Dios. Moisés ha vivido una intimidad con Dios incomparable con la de cualquier otro profeta. No ha sido Moisés quien se arrogó este privilegio, por eso no se lo puede cuestionar, sino al mismo Dios. Por esta razón, Aarón se arrepintió de sus murmuraciones.


Salmo 50, 3-7. 12-13

R. ¡Piedad, Señor, porque pequé contra ti!

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! ¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado! R.

Porque yo reconozco mis faltas y mi pecado está siempre ante mí. Contra ti, contra ti solo pequé e hice lo que es malo a tus ojos. R.

Por eso, será justa tu sentencia y tu juicio será irreprochable; yo soy culpable desde que nací; pecador me concibió mi madre. R.

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu. R.

Aleluya        Jn 1, 49b

Aleluya. Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Aleluya.

Evangelio     Mt 14, 22-36

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Después de la multiplicación de los panes, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. “Es un fantasma”, dijeron, y, llenos de temor, se pusieron a gritar. Pero Jesús les dijo: “Tranquilícense, soy yo; no teman”. Entonces Pedro le respondió: “Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua”. “Ven”, le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: “Señor, sálvame”. En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”. En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: “Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios”. Al llegar a la otra orilla, fueron a Genesaret. Cuando la gente del lugar lo reconoció, difundió la noticia por los alrededores, y le llevaban a todos los enfermos, rogándole que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y todos los que lo tocaron, quedaron sanados.

Palabra del Señor.

Comentario

Jesús nos da seguridad de que estará siempre con nosotros. Quizá tengamos la experiencia de hundirnos o de no ver sus proyectos claramente, pero, aun en medio de las tormentas, su voz sigue sonando: “No temas”. Él nos tiende su mano para mostrarnos su presencia.

Oración sobre las ofrendas        

Recibe, Señor, la ofrenda que presentamos en tu altar en la conmemoración de san Juan María, y así como a él lo glorificaste por estos misterios, concédenos a nosotros tu bondadoso perdón. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona      cf. Mt 24, 46-47

Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, lo encuentre velando; les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes.

Oración después de la comunión

Te pedimos, Dios todopoderoso, que la participación en la mesa celestial robustezca y aumente las fuerzas espirituales de quienes celebramos la fiesta de san Juan María; para que guardemos con integridad el don de la fe y recorramos el camino que él nos señaló. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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Miércoles 05 de Agosto de 2015


Misa a elección:

Feria. Verde
Dedicación de la Basílica de Santa María. Memoria libre. Blanco

La Basílica de Santa María es uno de los templos más antiguos que se encuentran en Roma. Fue construida por el papa Liberio y un noble romano a mediados del año 300. Fue levantada sobre un antiguo templo pagano y, a lo largo de los siglos, remodelada y modificada en sucesivas ocasiones. Se conservan en ella partes de su estructura original.

Misa de la memoria


Antífona de entrada          cf. Sal 69, 2. 6

Líbrame, Dios mío. Señor, ven pronto a socorrerme. Tú eres mi ayuda y mi libertador; no tardes, Señor.

Oración colecta

Señor Dios nuestro, perdona los pecados de tus hijos, y, ya que no podemos agradarte con nuestras obras, concede que seamos salvados por la intercesión de la Madre de tu Hijo. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Apoc 21, 1-5a.

Lectura del libro del Apocalipsis.

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más. Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo. Y oí una voz potente que decía desde el trono: “Esta es la morada de Dios entre los hombres: él habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y el mismo Dios estará con ellos. Él secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó”. Y el que estaba sentado en el trono dijo: “Yo hago nuevas todas las cosas”.

Palabra de Dios.

Salmo Jdt 13, 18bcde. 19

R. ¡Tú eres el insigne honor de nuestra raza!

Que el Dios altísimo te bendiga, hija mía, más que a todas las mujeres de la tierra; y bendito sea el Señor Dios, creador del cielo y de la tierra. R.

Nunca olvidarán los hombres la confianza que has demostrado y siempre recordarán el poder de Dios. R.

Aleluya        Cf. Lc 1, 28

Aleluya. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres. Aleluya.

Evangelio     Lc 11, 27-28

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Cuando Jesús terminó de hablar a la gente, una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo: “¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!”. Jesús le respondió: “Felices más bien los que escuchan la palabra de Dios y la practican”.

Palabra del Señor.

Oración sobre las ofrendas  

Santifica los dones que te presentamos, Señor, y, al aceptar este sacrificio espiritual, conviértenos en ofrenda eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Sab 16, 20

Nos diste, Señor, el pan del cielo, que tiene un sabor incomparable; satisface todos los gustos.

O bien:         cf. Jn 6, 35

Dice el Señor: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre, y el que cree en mí jamás tendrá sed”.

Oración después de la comunión

Acompaña y protege siempre, Señor, a quienes has renovado con este don celestial, y ya que nos reconfortas constantemente concédenos participar de la redención eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Jueves 06 de Agosto de 2015


La Transfiguración del Señor

Fiesta. Blanco

En los Evangelios, el relato de la Transfiguración se ubica después que Jesús anuncia que debe ir a Jerusalén para morir. La Transfiguración adquiere así el sentido de ser un anticipo de lo que ocurrirá después de su muerte. Con esta Jesucristo manifiesta su gloria, la que tendrá para siempre. Esta fiesta se celebra por iniciativa del papa Calixto III en el año 1497.

Antífona de entrada          cf. Mt 17, 5

En una nube luminosa se apareció el Espíritu Santo, se oyó la voz del Padre: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección, escúchenlo”.

Oración colecta     

Dios nuestro, que en la transfiguración gloriosa de tu Hijo unigénito confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de los profetas y prefiguraste admirablemente la perfecta adopción como hijos tuyos, concédenos que, escuchando la voz de tu Hijo amado, merezcamos ser coherederos suyos. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

1ª Lectura    Dn 7, 9-10. 13-14

Lectura de la profecía de Daniel.

Daniel continuó el relato de sus visiones, diciendo: “Yo estuve mirando hasta que fueron colocados unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestidura era blanca como la nieve y los cabellos de su cabeza como la lana pura; su trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente. Un río de fuego brotaba y corría delante de él. Miles de millares lo servían, y centenares de miles estaban de pie en su presencia. El tribunal se sentó y fueron abiertos unos libros. Yo estaba mirando, en las visiones nocturnas, y vi que venía sobre las nubes del cielo como un Hijo de hombre; él avanzó hacia el Anciano y lo hicieron acercar hasta él. Y le fue dado el dominio, la gloria y el reino, y lo sirvieron todos los pueblos, naciones y lenguas. Su dominio es un dominio eterno que no pasará, y su reino no será destruido”.

Palabra de Dios.

Comentario

La imagen que presenta el texto estimuló la fantasía de múltiples artistas que representaron, a lo largo de los siglos, a Dios como un anciano. Estas caracterizaciones han confundido a muchas personas en el transcurso de la historia, quienes terminaron pensando que Dios era eso que estaban viendo. El texto, sin embargo, no tiene la intención de imponer una imagen de Dios, sino de mostrar las características de Dios como Juez, ante el cual todas las naciones y toda la humanidad deberán rendir cuentas.


Salmo 96, 1-2. 5-6. 9

R. El Señor reina, altísimo por encima de toda la tierra.

¡El Señor reina! Alégrese la tierra, regocíjense las islas incontables. Nubes y tinieblas lo rodean, la justicia y el derecho son la base de su trono. R.

Las montañas se derriten como cera delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra. Los cielos proclaman su justicia y todos los pueblos contemplan su gloria. R.

Porque tú, Señor, eres el Altísimo: estás por encima de toda la tierra, mucho más alto que todos los dioses. ¡El Señor reina! ¡Alégrese la tierra! R.

2ª Lectura    2Ped 1, 16-19

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro.

Queridos hermanos: No les hicimos conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo basados en fábulas ingeniosamente inventadas, sino como testigos oculares de su grandeza. En efecto, él recibió de Dios Padre el honor y la gloria, cuando la gloria llena de majestad le dirigió esta palabra: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección”. Nosotros oímos esta voz que venía del cielo, mientras estábamos con él en la montaña santa. Así hemos visto confirmada la palabra de los profetas, y ustedes hacen bien en prestar atención a ella, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que despunte el día y aparezca el lucero de la mañana en sus corazones.

Palabra de Dios.

Comentario

La experiencia de Pedro se transforma en motivo de predicación. El vio a Jesús, contempló su Gloria y no se guardó esta revelación para sí. ¿No será tiempo de transmitir a los demás nuestra propia experiencia de Dios?


Aleluya        Mt 17, 5

Aleluya. Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo. Aleluya.

Evangelio     Mc 9, 2-10

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas. Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Pedro dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor. Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: “Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo”. De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos. Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos cumplieron la orden, pero se preguntaban qué significaría “resucitar de entre los muertos”.

Palabra del Señor.

Comentario

En algún momento de nuestra vida, se nos da la experiencia de encontrarnos con Jesús, su ternura, su mirada y abrazo. Esos son momentos misteriosos y místicos que Dios nos regala. Pero esto no siempre ocurre de modo cotidiano. Este hecho de estar en su presencia convive con la lucha de todos los días, con las vivencias diarias que muchas veces transcurren en la oscuridad de la fe.

Oración sobre las ofrendas        

Santifica, Señor, las ofrendas que te presentamos en la gloriosa transfiguración de tu Hijo único, y, por el resplandor de su luz, purifícanos de nuestros pecados. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        cf. 1Jn 3, 2

Cuando Cristo se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Oración después de la comunión

Señor y Dios nuestro, que los alimentos celestiales recibidos nos transformen en imagen de tu Hijo, cuyo esplendor quisiste manifestar en su gloriosa transfiguración. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

Viernes 07 de Agosto de 2015


Misa a elección:

Feria. Verde
San Sixto II, papa, y compañeros, mártires. Memoria libre. Rojo
San Cayetano, presbítero. Memoria libre. Blanco

“Junto a san Cayetano rezamos y pedimos la gracia de dejar cada uno sus avivadas y ser hombres y mujeres con sed de justicia, con esa alegría que da pensar cómo ser más justos en nuestras relaciones. En vez de andar pensando en lo que nos deben salimos pensando en lo que debemos nosotros a los demás. Eso hace a la dignidad de una persona: el justo medita cómo ser más justo. Sin que nadie lo obligue, lo hace por el propio honor y el propio gusto que da ser justo, de devolver lo que no es nuestro, de compensar al que hemos despojado” (Card. Jorge M. Bergoglio, 7/8/2011).

Antífona de entrada          cf. Sal 69, 2. 6

Líbrame, Dios mío. Señor, ven pronto a socorrerme. Tú eres mi ayuda y mi libertador; no tardes, Señor.

Oración colecta     

Derrama, Padre, tu misericordia sobre tu pueblo suplicante, y ya que nos gloriamos de tenerte por Creador y Señor, renueva en nosotros tu gracia y consérvala en tu bondad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

O bien:         de san Sixto II

Dios todopoderoso, que diste a san Sixto y sus compañeros mártires la gracia de entregar su vida por amor a tu Palabra y por el testimonio de Jesús, te pedimos que, por la fuerza del Espíritu Santo, nos enseñes a permanecer fieles en la fe y fuertes en la confesión de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo...

O bien:         de san Cayetano

Dios nuestro, que concediste a san Cayetano, presbítero, la gracia de imitar la forma de vida de los apóstoles, concédenos, por su ejemplo e intercesión, confiar siempre en ti y buscar incesantemente tu Reino. Por nuestro Señor Jesucristo...

Lectura        Deut 4, 32-40

Lectura del libro del Deuteronomio.

Moisés habló al pueblo diciendo: Pregúntale al tiempo pasado, a los días que se han precedido desde que el Señor creó al hombre sobre la tierra, si de un extremo al otro del cielo sucedió alguna vez algo tan admirable o se oyó una cosa semejante. ¿Qué pueblo oyó la voz de Dios que hablaba desde el fuego, como la oíste tú, y pudo sobrevivir? ¿O qué dios intentó venir a tomar para sí una nación de en medio de otra, con milagros, signos y prodigios, combatiendo con mano poderosa y brazo fuerte, y realizando tremendas hazañas, como el Señor, tu Dios, lo hizo por ustedes en Egipto, delante de tus mismos ojos? A ti se te hicieron ver todas estas cosas, para que sepas que el Señor es Dios, y que no hay otro dios fuera de él. Él te hizo oír su voz desde el cielo para instruirte; en la tierra te mostró su gran fuego, y desde ese fuego tú escuchaste sus palabras. Por amor a tus padres, y porque eligió a la descendencia que nacería de ellos, el Señor te hizo salir de Egipto con su presencia y su gran poder; desposeyó a naciones más numerosas y fuertes que tú; te introdujo en sus territorios y te los dio como herencia, hasta el día de hoy. Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es Dios –allá arriba, en el cielo y aquí abajo, en la tierra– y no hay otro. Observa los preceptos y los mandamientos que hoy te prescribo. Así serás feliz, tú y tus hijos después de ti, y vivirás mucho tiempo en la tierra que el Señor, tu Dios, te da para siempre.

Palabra de Dios.

Comentario

Para que el pueblo reconozca al Señor y crea en él, Moisés le pide que mire a su alrededor, contemple el presente y ponga sus ojos en la memoria. Sólo el Señor ha estado presente en ella de manera constante, salvando y alimentado a su pueblo. Sería imposible, entonces, ir detrás “de otros dioses”, porque ellos “no son nada”.


Salmo 76, 12-16. 21

R. ¡Recuerdo las proezas del Señor!

Yo recuerdo las proezas del Señor, sí, recuerdo sus prodigios de otro tiempo; evoco todas sus acciones, medito en todas sus hazañas. R.

Tus caminos son santos, Señor. ¿Hay otro dios grande como nuestro Dios? Tú eres el Dios que hace maravillas, y revelaste tu poder entre las naciones. R.

Con tu brazo redimiste a tu pueblo, a los hijos de Jacob y de José. Tú guiaste a tu pueblo como a un rebaño, por medio de Moisés y de Aarón. R.

Aleluya         Mt 5, 10

Aleluya. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el reino de los cielos. Aleluya.

Evangelio     Mt 16, 24-28

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras. Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver al Hijo del hombre, cuando venga en su reino”.

Palabra del Señor.

Comentario

Todo lo que somos y tenemos es don de Dios, y hay que ponerlo al servicio de los demás. Negarse a sí mismo es considerar que esos dones no son solamente para nuestro provecho ni para tener privilegios.

Oración sobre las ofrendas        

Santifica los dones que te presentamos, Señor, y, al aceptar este sacrificio espiritual, conviértenos en ofrenda eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        cf. Jn 6, 35

Nos diste, Señor, el pan del cielo, que tiene un sabor incomparable; satisface todos los gustos.

O bien:         cf. Jn 6, 35

Dice el Señor: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre, y el que cree en mí jamás tendrá sed”.

Oración después de la comunión

Acompaña y protege siempre, Señor, a quienes has renovado con este don celestial, y ya que nos reconfortas constantemente concédenos participar de la redención eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Sábado 08 de Agosto de 2015


Santo Domingo de Guzmán, presbítero

Memoria obligatoria. Blanco

Domingo fue un gran santo. Nació en Burgos (España), en 1170. Siendo canónigo, deseaba reavivar el espíritu apostólico. Gracias a esta motivación, proyectó fundar un grupo de religiosos que no serían necesariamente sacerdotes ni se dedicarían exclusivamente a la contemplación, como los monjes, sino que unirían a ésta el estudio de las ciencias sagradas y la práctica de los ministerios pastorales. Así nació en el año 1216 la orden de los Predicadores, conocidos como Dominicos. Santo Domingo y sus seguidores fueron grandes impulsores del rezo del Santo Rosario. Domingo murió en 1221.

Antífona de entrada          cf. Ecli 15, 5

El Señor lo colmó del espíritu de sabiduría y de inteligencia, y lo revistió de su gloria, para que anunciara su palabra en medio de la Iglesia.

Oración colecta     

Señor Dios nuestro, que santo Domingo ayude a tu Iglesia con sus méritos y enseñanzas, y que este insigne predicador de la verdad interceda bondadosamente por nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Lectura        Deut 6, 4-13

Lectura del libro del Deuteronomio.

Moisés habló al pueblo diciendo: “Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Graba en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy. Incúlcalas a tus hijos, y háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas de viaje, al acostarte y al levantarte. Átalas a tu mano como un signo, y que estén como una marca sobre tu frente. Escríbelas en las puertas de tu casa y en sus postes. Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra que él te dará, porque así lo juró a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob –en ciudades grandes y prósperas que tú no levantaste; en casas colmadas de toda clase de bienes, que tú no acumulaste; en pozos que tú no cavaste; en viñedos y olivares que tú no plantaste– y cuando comas hasta saciarte, ten cuidado de no olvidar al Señor que te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud. Teme al Señor, tu Dios, sírvelo y jura por su Nombre”.

Palabra de Dios.

Comentario

Este texto es conocido bajo el nombre de “Shemá Israel”, que significa “Escucha, Israel” (es decir, las dos primeras palabras pronunciadas por Dios). Se trata de una confesión y una proclamación de la fe en el Señor. Así se manifiesta el amor de Dios y el mandamiento de amarlo con todo el ser y con toda la vida.


Salmo 17, 2-4. 47. 51ab.

R. ¡Yo te amo, Señor, mi fuerza!

Yo te amo, Señor, mi fuerza, Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador. R.

Eres mi Dios, el peñasco en que me refugio, mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoqué al Señor, que es digno de alabanza y quedé a salvo de mis enemigos. R.

¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca! ¡Glorificado sea el Dios de mi salvación! Él concede grandes victorias a su rey y trata con fidelidad a su Ungido. R.

Aleluya        Cfr. 2Tim 1, 10

Aleluya. Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte e hizo brillar la vida, mediante la Buena Noticia. Aleluya.

Evangelio     Mt 17, 14-20

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.

Un hombre se acercó a Jesús y, cayendo de rodillas, le dijo: “Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y está muy mal: frecuentemente cae en el fuego y también en el agua. Yo lo llevé a tus discípulos, pero no lo pudieron sanar”. Jesús respondió: “¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo aquí”. Jesús increpó al demonio, y éste salió del niño, que desde aquel momento, quedó sano. Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le preguntaron en privado: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?”. “Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: ‘Trasládate de aquí a allá’, y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes”.

Palabra del Señor.

Comentario

Jesús no se fastidia por atender al hombre desesperado que busca la curación de su hijo, sino porque el mal sigue activo en medio de los hombres. Esta situación se presenta aún en nuestros tiempos, y nos obliga a actuar para erradicar el mal desde su raíz.

Oración sobre las ofrendas

Atiende con bondad, Señor, las súplicas que te dirigimos con la intercesión de santo Domingo, y por el poder de este sacrificio confirma con la protección de tu gracia a quienes defienden la fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona      cf. Lc 12, 42

Éste es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su casa para distribuir la ración de trigo en el momento oportuno.

Oración después de la comunión

Padre, en la fiesta de santo Domingo, otorga a tu Iglesia la fuerza del sacramento celestial con el que hemos sido alimentados, y te pedimos que reciba la ayuda de quien la enriqueció con el ministerio de su predicación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Liturgia


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