Lugares litúrgicos | 1 de marzo de 2003

El altar: lugar del sacrificio y de la eucaristía

Al entrar en una iglesia lo que más se ve es el altar se llama altar simplemente porque esa "mesa" está colocada en un lugar "alto", bien visible.

En general, todas las religiones utilizaron altares, un lugar especial, donde se derramaban o quemaban las ofrendas sacrificiales, como expresión de adoración a la divinidad.

En los primeros tiempos los cristianos no tenían iglesias y celebraban la "fracción del pan" en los domicilios particulares. Cuando la iglesia dejó de ser perseguida, se construyeron templos y también esa importante "mesa" que llamamos altar.

El altar cristiano es simultáneamente:

El ara donde se realiza el sacrificio de la cruz.

La mesa del Señor en torno a la que se congrega el pueblo de Dios para participar en la misa, sobre todo comiendo y bebiendo el cuerpo y la sangre de Cristo.

El centro de la "acción de gracias" que realiza la eucaristía.

¿Han notado que el sacerdote cuando llega al altar para celebrar la misa se inclina y lo besa?

¿A qué se debe este gesto de cariño, de amor que es el beso?

A que el altar representa, "simboliza" a Cristo. Allí, Cristo vuelve a ofrecer, sacramentalmente, el sacrificio de la cruz por toda la humanidad y sigue ofreciéndose como alimento en la eucaristía. Por eso el altar es venerable. Pero el altar también nos representa a nosotros los cristianos, "miembros del cuerpo de Cristo" y por lo tanto "altares espirituales" en los que debemos ofrecer a Dios, cada día, la ofrenda de una vida santa.

En la actualidad, la Iglesia quiere que en el templo haya un solo altar (así fue al principio), como referencia al único redentor, Jesucristo, y a la única eucaristía. También prefiere que el altar sea de "piedra", como una "roca". La imagen de Dios como "roca salvadora" recorre toda la Biblia. Ella es "símbolo" de la firmeza inconmovible de la fidelidad de Dios a su alianza. Cristo, además, es señalado como la "piedra angular", la piedra principal del edificio que es la Iglesia.

El altar semeja una mesa (por eso el mantel). Es la mesa de la comida y bebida espiritual. Jesús instituyó la eucaristía en medio de una "cena" y quiso entregarse como "alimento"en el pan y el vino (como ya vimos).

Esta mesa por lo tanto, es el lugar de la unión y la "re-unión" de los invitados a la "cena del Señor", que nos convoca como hermanos.

La figura del altar nos recuerda al Padre Dios, roca inconmovible, y a Cristo, piedra angular de la Iglesia. Pero el altar más importante donde Jesús quiere habitar es nuestro propio corazón. Es importante que allí sacrifiquemos a Dios nuestro egoísmo y todos nuestros vicios, para que nuestra vida resulte, cada día, "una ofrenda santa e inmaculada".

Como en el altar se realiza lo más sagrado que tenemos los cristianos, la eucaristía, antes de que en él se pueda celebrarla es necesario "dedicar", consagrar el altar. Esto se realiza cuando se inaugura el templo o cuando se erige un nuevo altar (en caso de haber sido sustituido el primitivo).

 

Aunque las iglesias suelen tener como "patrono" a un santo, el altar por todo lo que venimos diciendo se "dedica" a Dios. Por eso san Agustín decía bellamente:

"No levantamos altares a los mártires, sino al Dios de los mártires, aunque lo hagamos en memoria de los mártires".


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