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Editorial SAN PABLO
 
Reflexión

Actitudes y gestos litúrgicos | 15 de junio de 2011
¿Cómo hacer un guión?
Por Celia Escudero

Hay muchas publicaciones con los guiones de las misas de cada domingo. Podemos observar que algunos son más extensos y detallados que otros. Si bien no hay un modelo único,  todos coinciden en varias partes que son las que no deben faltar. Todo guión de alguna publicación,  nos pueden servir de modelo, siempre que al utilizarlo, tengamos muy presente la realidad de nuestra comunidad concreta y no dudemos en adaptarlo a ella. La Iglesia es católica, que quiere decir universal, que no es lo mismo que uniforme. Si simplemente pensamos en el mapa de nuestro continente y en cada uno de sus países, comprenderemos que no todos pertenecemos a la misma cultura, ni tenemos la misma manera de expresarnos, todos tenemos algo propio que debe ser respetado. Ese respeto es lo propio del Evangelio, que debe hacerse presente,  en cada realidad para que sus valores alimenten la vida de la comunidad cristiana concreta.

Hay que preguntarse: ¿cuál es el objetivo de un guión de misa?  Comenta, explica los distintos momentos de la celebración, anima, ayuda a que la asamblea pueda participar mejor en la  liturgia, tratando de crear un clima especial.

Para lograr el objetivo, lo primero que hay que considerar es el lenguaje en el que se redacta el guión, y la manera en que se lee. Es un error creer que el guión debe contener palabras difíciles, acumulación de expresiones piadosas, ostentosas y grandilocuentes, o para evitar lo anterior, utilizar expresiones vulgares.  El lenguaje del guión debe ser sencillo, claro, y correcto, para que todos lo entiendan y con el respeto que merece el culto al Señor. Lo que importa es que el contenido responda al sentido de la celebración, a la intención por la cual se celebra, y  al grupo que celebra, la comunidad dominical, los jóvenes, los niños, etc.

Como punto de partida, es muy importante conocer cuáles serán los textos que se proclamarán en la Liturgia de la Palabra. Si tomamos las lecturas de algún domingo, podremos ver que siempre hay una coincidencia en el tema de la lectura del Antiguo Testamento y la lectura del Evangelio. Muchos sacerdotes utilizan esa coincidencia para desarrollar  la homilía, y señalar algo relacionado con nuestra vida de cristianos. Las ideas que brotan de la Palabra deben inspirar el guión, como deben inspirar nuestra vida. Muchas veces las lecturas presentan varias ideas, por lo que es bueno elegir la que sea más importante. Hay sacerdotes, que se preocupan de que las ideas de su homilía, se vean reflejadas, apoyadas, por el guión. Eso sería lo deseable, si no es el caso, la persona que elabora el guión, elegirá la que le parezca mejor y esa idea se hará presente en las principales moniciones. Debería figurar en la Introducción, en la presentación de las lecturas, y en la invitación a la comunión.

Hay distintas clases de guiones, unos que explican muchos momentos de la celebración y otros que no son tan detallados. Esto depende de las características de cada comunidad, del nivel de formación litúrgica que tengan  y de las circunstancias de la celebración.

Por último, será bueno que en cada comunidad, sean varias las personas que elaboren el guión, ya que si es una sola, el día que ella no pueda hacerlo, surgirán dificultades. Además, también es bueno que en cada comunidad haya un equipo de Liturgia, y que en él todos sean capaces de compartir distintos roles e intercambiarlos, que nadie se apropie de ninguno y que todo se comparta.

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