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Editorial SAN PABLO
 
Reflexión

Devoción | 16 de junio de 2007
Solemnidad del nacimiento de San Juan Bautista
Por María Gloria Ladislao

No es habitual que en la Iglesia festejemos el nacimiento de los santos y santas, sino que a todos ellos los recordamos en el día de su muerte. La única excepción está dada por la Virgen María, cuyo natalicio celebramos el 8 de septiembre, y por Juan Bautista, el 24 de junio. Estos dos nacimientos, junto con la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo el 25 de diciembre, son los únicos nacimientos que celebramos en la Iglesia.

En la liturgia siempre se le busca dar preeminencia a la celebración del domingo, el día del Señor. Por eso, cuando la fiesta de algún santo o alguna otra memoria cae en domingo, “se corre” de día para no opacar la celebración dominical de la resurrección del Señor. Es muy extraño que ocurra, como en este caso, que en día domingo tengamos como fiesta central la memoria de un santo. Esta decisión eclesial de celebrar el nacimiento de San Juan Bautista, inclusive en día domingo, nos habla de la importancia de este acontecimiento.

Esperar un niño, esperar un cambio
 
El evangelio nos dice que Zacarías e Isabel, los padres de Juan, “eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor” (Lc 1,6). En ellos, el evangelio evoca la figura de tantos hombres y mujeres que, fieles a la fe de Israel, confiaban en Dios y esperaban su manifestación. La llegada del niño que se anuncia no viene a colmar solamente las expectativas de ellos, sino las de todo un pueblo.
Para el pueblo sencillo, para los “anawim” (los pobres de Yavé), muchas de las circunstancias que marcaban sus vidas potenciaban la expectativa por la llegada del Salvador que trajera la justicia de Dios.
  • Por un lado, estaba la cuestión de la ocupación romana, el imperio que impedía que Israel fuera una nación libre como en los tiempos del rey David.
  • También se vivía el descontento del pueblo hacia sus autoridades religiosas. El mismo Zacarías, sacerdote, se veía afectado por la forma en que los Sumos Sacerdotes, los de principal jerarquía, manejaban las cuestiones referidas al culto. Zacarías pertenecía a la clase sacerdotal de inferior categoría,  que oficiaban en el Templo de Jerusalén sólo algunos días al año. El Templo estaba absolutamente controlado por los Sumos Sacerdotes, que administraban los rituales y se quedaban con las porciones de las ofrendas y los sacrificios. Ese grupo de la aristocracia sacerdotal había pactado con Roma sus funciones y sus privilegios. El pueblo los veía como corruptos y traidores.
  • Muy importantes en la vida religiosa de la gente eran también los fariseos, laicos instruidos en la Ley y fervientes cumplidores de todas las normas. Algunos de ellos, sumamente escrupulosos, habían multiplicado las prescripciones de tal manera que el pueblo sencillo, las mujeres, los pobres, los enfermos, siempre estaban en falta.
Dominada por Roma, olvidada por la jerarquía sacerdotal, señalada como pecadora por los fariseos, ¿qué podía esperar la gente sencilla?

Varios años antes del nacimiento de Juan, ya existían algunos grupos que buscaban una espiritualidad más auténtica, no tan ligada a rituales ni a preceptos externos. Algunos estudiosos llegan a hablar de un “movimiento bautista”, es decir, una corriente de espiritualidad que llevó a varias personas a recurrir al símbolo del bautismo en agua para expresar un cambio interior.
Juan, el futuro bautista, nace en un momento histórico en que ya habían empezado a soplar vientos de cambio. Los pobres de Yavé buscaban en la simpleza del agua la frescura necesaria para renovar su relación con Dios.
 
¿Qué será de este niño?
 
Cada vez que en la Biblia se anuncia el nacimiento de un niño, eso indica que no viene simplemente a satisfacer el deseo de sus padres, sino que cumplirá una misión a favor de todo el pueblo. El nombre del niño encierra la misión que cumplirá:"En hebreo, todos los nombres tienen un significado. Zacarías significa "Dios recuerda". Toda la gente que estaba ahí decía que ese niño iba a llamarse como su padre. Pero interviene la madre para decir que se llamará Juan, en hebreo Yohanan. No se va a llamar "Dios recuerda" sino "Dios da la gracia". Yohanan es aquel a quien Dios favorece, a quien Dios otorga la gracia, en el sentido de liberar. En esos dos nombres propios ya está explicado todo el proyecto de Dios: el hecho que se está produciendo en ese momento con el nacimiento de ese niño. Ya no es más necesario que Dios se acuerde porque ese día Dios otorga su favor." (Hna. Louise Marie NDS, Curso sobre el evangelio de Lucas)
 
Dios da la gracia, Dios otorga su favor. Las expectativas de los pobres de Yavé no quedarán sin colmarse. Se acerca el tiempo en que todos y todas, sacerdotes y laicos, letrados y analfabetos, varones y mujeres, sanos y enfermos, verán la salvación de Dios. A esto invitaba, ya adulto, Juan Bautista. Su prédica no pasaba por cumplir rituales, ni ajustarse a normas ya hechas, ni  pertenecer a tal o cual grupo mistérico de iniciados. La propuesta era sencilla y profunda: cambiar el corazón. Meterse al agua y dejar que el agua se lleve el pecado, lo viejo, lo anquilosado… y salir del agua refrescados por Dios para vivir la novedad del Reino de Dios.

Bien puesto tiene Juan el título de “precursor”. Aún antes de que Jesús empezara a predicar, ya estaba Juan trayendo una propuesta nueva, mucho más sencilla que los rituales del Templo o las prescripciones fariseas, y al mismo tiempo mucho más honda.

Sí, Dios hace una gracia, Dios hace un favor. Nos invita a zambullirnos en el agua refrescante de su gracia.


María Gloria Ladislao es catequista y teóloga. Se desempeña como profesora de Sagradas Escrituras en seminarios catequísticos y centros de estudios bíblicos. Es redactora permanente de La Liturgia Cotidiana de editorial San Pablo. Durante el mes de junio la profesora Ladislao dará un curso sobre “Los símbolos en la Biblia” en la sede de la SOBICAIN, Sociedad Bíblica Católica Internacional. Informes e inscripción a los teléfonos 5555-2447/8 o en www.san-pablo.com.ar/sobicain

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