El
Padre Alberione decía:
"La librería es un templo; el librero, un
predicador, los frutos que se buscan son la luz, la santidad, el gozo en
Jesucristo y la vida cristiana. El mostrador es el púlpito de la
verdad".
En las
librerías debe haber todo lo que es materia de apostolado: libros
sagrados, de cultura y de devoción. El
Evangelio y la Biblia deben ocupar siempre un lugar
destacado.