Familia Paulina

 

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Familia Paulina
Santiago Alberione
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Librerías SAN PABLO

La Familia Paulina nace, en expresiones del Padre Alberione, desde "el Pesebre, como en Belén" el 20 de agosto de 1914, en Alba, Italia, cuando se inicia la Scuola Tipografica Piccolo Operario, primer núcleo de la primera congregación religiosa; la Pía Sociedad de San Pablo.

Constituida por 5 Congregaciones Religiosas, una masculina y cuatro femeninas; 4 Institutos de vida secular consagrada y un Movimiento laical.

 

Pablo vivo hoy en el mundo

Un sano realismo nos advierte que ningún hombre es necesario en el mundo, pero también que algunos son únicos. Uno de éstos me parece ser el P. Santiago Alberione (1884 1971). Conocido hasta hace poco, casi exclusivamente, como un profeta de la comunicación social, hoy se le descubren también otras facetas de su rica personalidad.

Una de las más fascinantes es, sin duda, la de ser el padre y el fundador de la Familia Paulina: una institución más bien compleja, que abarca a cinco congregaciones religiosas, a cuatro institutos seculares y aun movimiento apostólico laical.

La fundación y organización de su obra necesitó mucho tiempo, aún cuando su intuición, la tuvo tempranamente. La lectura de los escritos de San Pablo lo habían impactado mucho, en particular su visión universal del mundo, no limitada a lo simplemente geográfico, sino abierta a todos los sectores de la vida y de la cultura. Sintió a Pablo como "el verdadero apóstol", capaz de suscitar, animar y orientar todas las formas del apostolado y a cualquier apóstol. Sin este trasfondo paulino, es difícil comprender la raíz de las numerosas fundaciones del padre Alberione y apreciar "las abundantes riquezas", con que Dios lo ha favorecido. Gracias a eso, las diversas ramas paulinas son "genéticamente" familia, y llamadas a actuar como familia, en una gran fidelidad dinámica, para hacer realidad el "sueño" de su padre y fundador.

Esta familia se articula en diez ramas que, con servicios diferentes, apuntan a un mismo fin: "dar a conocer a Cristo, Maestro, camino, verdad y vida, a los hombres de hoy con los medios de hoy". En orden de fundación son: la Sociedad de San Pablo (1914) y las Hijas de San Pablo (1915): ambas realizan la evangelización con los medios de comunicación social. Siguen las Pías Discípulas del Divino Maestro (1924), que sirven en la Iglesia con su triple apostolado: eucarístico, sacerdotal y litúrgico. Las Hermanas de Jesús Buen Pastor, o Pastorcitas (1938), cuya labor se desarrolla en la pastoral parroquial, colaborando e incluso a veces sustituyendo, a los párrocos en la evangelización. El Instituto Reina de los apóstoles (1957), cuyo servicio específico es la promoción de las vocaciones en la Iglesia a todos los niveles.

Siguen los Institutos seculares: Jesús Sacerdote para los sacerdotes diocesanos, San Gabriel Arcángel para varones consagrados, Anunciación de María para mujeres consagradas, y Santa Familia para las familias consagradas. Los cuatro institutos (1957) son "agregados" a la Sociedad de San Pablo y son parte de la Familia Paulina. Cierra la lista la Asociación Internacional de Cooperadores (1918); se trata de laicos que se comprometen a vivir el carisma paulino en el corazón del mundo. Todas las ramas paulinas comparten la misma espiritualidad, alimentando con ella sus servicios apostólicos específicos, en la unidad de la única familia.

¿Qué quiso, en síntesis, el padre Alberione, con su familia "paulina"?

Ni más ni menos que realizar las diferentes facetas del apóstol Pablo, para provocar un "nuevo impulso misionero" en la Iglesia y en el mundo actual. Pensó en Pablo misionero universal y comunicador del Evangelio a todas las culturas: hombre como pocos de oración, fundador y animador de las primeras comunidades cristianas, suscitador de vocaciones, orientador de hombres y mujeres insertos en las realidades terrestres para plenificarlas en Cristo... Un hombre que, con sus Cartas, ha trascendido su tiempo para convertirse en el prototipo del apóstol enamorado de Cristo y apasionado por la salvación de los hombres.

Era el deseo constante del padre Alberione: que las diferentes ramas de la Familia Paulina hicieran realidad ese proyecto. Y el mismo, como ya Pablo, indicaba el camino: "Amar, amar siempre más. Amar como Jesús, y por el hecho de que formamos una sola Familia: tengamos el corazón de san Pablo".

     

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