Pablo vivo hoy en el mundo
Un sano realismo
nos advierte que ningún hombre es necesario en el mundo, pero
también que algunos son únicos. Uno de éstos me parece ser el
P. Santiago Alberione (1884 1971). Conocido hasta hace poco,
casi exclusivamente, como un profeta de la comunicación social,
hoy se le descubren también otras facetas de su rica
personalidad.
Una de las más fascinantes es, sin duda, la de ser el padre y el
fundador de la Familia Paulina: una institución más bien
compleja, que abarca a cinco congregaciones religiosas, a cuatro
institutos seculares y aun movimiento apostólico laical.
La fundación y organización de su obra necesitó mucho tiempo,
aún cuando su intuición, la tuvo tempranamente. La lectura de
los escritos de San Pablo lo habían impactado mucho, en
particular su visión universal del mundo, no limitada a lo
simplemente geográfico, sino abierta a todos los sectores de la
vida y de la cultura. Sintió a Pablo como "el verdadero
apóstol", capaz de suscitar, animar y orientar todas las
formas del apostolado y a cualquier apóstol. Sin este trasfondo
paulino, es difícil comprender la raíz de las numerosas
fundaciones del padre Alberione y apreciar "las abundantes
riquezas", con que Dios lo ha favorecido. Gracias a eso, las
diversas ramas paulinas son "genéticamente" familia, y llamadas
a actuar como familia, en una gran fidelidad dinámica, para
hacer realidad el "sueño" de su padre y fundador.
Esta familia se articula en diez ramas que, con servicios
diferentes, apuntan a un mismo fin: "dar a conocer a
Cristo, Maestro, camino, verdad y vida, a los hombres de hoy con
los medios de hoy". En orden de fundación son: la
Sociedad de San Pablo (1914) y las Hijas de San Pablo
(1915): ambas realizan la evangelización con los medios de
comunicación social. Siguen las Pías Discípulas del Divino
Maestro (1924), que sirven en la Iglesia con su triple
apostolado: eucarístico, sacerdotal y litúrgico. Las Hermanas
de Jesús Buen Pastor, o Pastorcitas (1938),
cuya labor se desarrolla en la pastoral parroquial, colaborando
e incluso a veces sustituyendo, a los párrocos en la
evangelización. El Instituto Reina de los apóstoles (1957),
cuyo servicio específico es la promoción de las vocaciones en la
Iglesia a todos los niveles.
Siguen los Institutos seculares: Jesús Sacerdote
para los sacerdotes diocesanos, San Gabriel Arcángel para
varones consagrados, Anunciación de María para mujeres
consagradas, y Santa Familia para las familias
consagradas. Los cuatro institutos (1957) son "agregados"
a la Sociedad de San Pablo y son parte de la Familia Paulina.
Cierra la lista la Asociación Internacional de Cooperadores
(1918); se trata de laicos que se comprometen a vivir el
carisma paulino en el corazón del mundo. Todas las ramas
paulinas comparten la misma espiritualidad, alimentando con ella
sus servicios apostólicos específicos, en la unidad de la única
familia.
¿Qué quiso, en síntesis, el padre Alberione, con su familia
"paulina"?
Ni más ni menos
que realizar las diferentes facetas del apóstol Pablo, para
provocar un "nuevo impulso misionero" en la Iglesia y en el
mundo actual. Pensó en Pablo misionero universal y
comunicador del Evangelio a todas las culturas: hombre como
pocos de oración, fundador y animador de las primeras
comunidades cristianas, suscitador de vocaciones, orientador de
hombres y mujeres insertos en las realidades terrestres para
plenificarlas en Cristo... Un hombre que, con sus Cartas, ha
trascendido su tiempo para convertirse en el prototipo del
apóstol enamorado de Cristo y apasionado por la salvación de los
hombres.
Era el deseo
constante del padre Alberione: que las diferentes ramas de la
Familia Paulina hicieran realidad ese proyecto. Y el mismo, como
ya Pablo, indicaba el camino: "Amar, amar siempre más. Amar como
Jesús, y por el hecho de que formamos una sola Familia: tengamos
el corazón de san Pablo".