El
que con el tiempo, llegaría a ser una
“figura gigantesca” de la Iglesia contemporánea,
Santiago Alberione, nació en un
modesto poblado del norte de Italia, San Lorenzo de Fossano, el
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de abril de 1884, en el seno de una familia campesina, profundamente
cristiana, que vivía del duro trabajo del campo.
Era el quinto hijo de
los siete hijos de Miguel Y
Teresa Allocco, y fue bautizado el día
después en la iglesia de San Lorenzo Mártir, de esa misma localidad. Era
hijo de una tierra y de una raza de santos como
Don Bosco, José Cafasso, Leonardo Murialdo, Don Orione, y de muchos
hombres ilustres.
Su vocación se manifestó tempranamente. El
mismo lo narra. Al comenzar la escuela primaria, a la maestra que había
preguntado a sus alumnos qué harían cuando grandes, él había respondido
con decisión: “¡Me haré sacerdote!”
Al comienzo de 1900 lo encontramos en el
seminario de Alba Pompeya, una pequeña ciudad de provincia. Será
precisamente en su iglesia catedral, donde el 31 de diciembre del mismo
año, iba a sentir el impulso del Espíritu “a hacer algo por los hombres
del nuevo siglo",
intuyendo así la orientación que marcaría toda su
existencia.
En 1907 era ordenado sacerdote y destinado
inmediatamente al ministerio parroquial pesar de los pocos meses que lo
ejerció, lo iba a marcar para siempre.
En 1908
se doctoró en teología y fue llamado por el obispo a la dirección
espiritual de los seminaristas.
Así tenía la posibilidad de alternar con
los jóvenes, de estimular su entusiasmo y formarse a los futuros
colaboradores para la obra que iba acariciando desde la noche de
principio de siglo.
Fue un tiempo de severa y amplia
preparación científica que lo puso en contacto con el pensamiento y la
actividad de su época.
Estudió sociología, pedagogía, incursionó
también en el campo de la política, al mismo tiempo que seguía
profundizando en las ciencias teológicas y pastorales.
En 1913
lo nombran director del periódico diocesano, y entonces comprende que su misión va a estar en el campo de la
prensa.
El 20 de agosto de 1914,
junto con los primeros jóvenes, da comienzo a su primera fundación que,
más tarde, asumirá el nombre de Sociedad de
San Pablo para el apostolado de la buena prensa.
El Padre Santiago
Alberione fue un hombre que vivió siempre en el
silencio,
casi oculto. Defendió, tras una obstinada cortina de
discreción, su soledad y su vida privada. No hubo en su
existencia hechos vistosos que llamasen la atención del
mundo. Pero nunca fue un aislado. La soledad le permitía
sintonizar mejor con los hombres, con los acontecimientos y
elaborar esas respuestas prodigiosas que han caracterizado
su misión.
La soledad le permitió
estar atento a las inspiraciones de lo alto y descubrir la
voz del Espíritu en los signos "pequeños".
En 1915
agrega a este primer grupo la rama femenina de las
Hijas de San Pablo, con la misma
finalidad.
En
1917 da comienzo al grupo de
cooperadores, personas de toda
condición social que viven en el mundo los mismos ideales apostólicos y
espirituales de las dos ramas paulinas.
En 1924 da comienzo a la futura
congregación de las Pías Discípulas del Divino Maestro, para afianzar la
obra paulina con la oración, el servicio sacerdotal y litúrgico.
En
1938, realizando una intuición que la había nacido durante su breve
tiempo de ministerio parroquial de 1908, da vida a las
Hermanas de Jesús
Buen Pastor(Pastorcitas), para la animación de las comunidades
parroquiales colaborando con los párrocos.
En 1959
pudo concretar su preocupación por las vocaciones, al fundar las
Hermanas del Instituto Reina de los
Apóstoles(Apostolinas),que se dedican precisamente al fomento de las vocaciones.
Durante los años 1958-1959, da comienzo a
los tres primeros institutos seculares:
Jesús Sacerdote, Anunciación de María,
San Gabriel,
agregados
a la Sociedad de San Pablo
y destinados a hacer presente el espíritu paulino en todos los ambientes
y clases sociales, mediante la animación cristiana de las realidades
temporales.
En 1971
se añadirá el instituto
Santa Familia para los
casados.
En 1962
tomó parte en el Concilio Ecuménico Vaticano II, un acontecimiento que tanto había propiciado
desde sus años jóvenes, y recibe la alegría de ver “canonizado” el
carisma que había ya puesto al servicio de la Iglesia;
“La
evangelización con los medios de comunicación social”.
El
decreto Inter mirifica, afirmaba que el uso de estos medios
pertenece al ministerio ordinario de la predicación de la Iglesia.
Fue ésta la mayor satisfacción de su vida,
que lo compensaba de tantas fatigas, padecimientos, incomprensiones y
obstáculos... Bien sabía él, con el apóstol Pablo, que para los que aman
a Dios, todo, aún el mal, sirve al bien; y que la hora de Dios llega,
aunque la estaba esperando desde 1921.
En
1927, (obtenida la aprobación diocesana para su obra) empieza a pensar en las futuras
fundaciones en todo el mundo. Actualmente sus Instituciones están
presentes en más de cincuenta naciones de los cinco continentes.
En la vida del P. Alberione hubo siempre
una preocupación: llegar a todos, llegar
pronto, y esto es posible solamente con los medios más rápidos y
eficaces. No era el frenesí de la acción lo que lo impulsaba,
sino el ansia pastoral, el deseo de hacer escuchar el evangelio a todos,
en un lenguaje adecuado que todos pudieran entender, dentro del
cambiante contexto socio-cultural del mundo moderno.
En toda su acción, tuvo como mira el que
la Iglesia superara el “complejo de defensa” en que había vivido por
siglos, para pasar a contactar a las masas descristianizadas.
A los paulinos, que en 1931 apenas habían
acabado de poner pie en Brasil, les recomendaba:
“Sean vuestras ediciones las más pastorales, las que san Pablo
haría si viviera ahora. Vuestra manera espiritual y material de hacerlas
ha de ser la más pastoral. Vuestro poder de difusión debe ser también la
pastoral”. No se trataba de una improvisación. Se había
preparado para ello largamente con el estudio y la práctica, la clase
pastoral lo había cautivado intensamente y la práctica de la catequesis
– en las escuelas y en la parroquia – lo había puesto en contacto con la
realidad de la gente, rica de prácticas sacramentales, pero pobre en
“instrucción religiosa”.
A las necesidades de los adultos – y como
una extensión y profundización del catecismo parroquial – responde con
tres periódicos modestos, pero de gran tiraje:
El Domingo (1921),
La Buena Palabra (1922),
La Semilla (1925). Tampoco se olvida de
los niños y de los adolescentes y para ellos,
en 1924, funda El Pequeño diario y El Aspirante. Más
adelante, en 1927, funda El Domingo Ilustrado para ayudar a las familias
a aprovechar bien el tiempo libre. En la misma línea, pero con
intenciones estrictamente formativas, inicia
en 1931 Familia Cristiana, la revista paulina de mayor éxito
en todo el mundo. Desde un principio se reveló como una fórmula
acertada, pues contiene páginas específicas para cada categoría de
personas, y ha sabido iniciar una abundante correspondencia con los
lectores, sobre los más variados temas, respondidos por especialistas
del ramo.
Su preocupación por la participación
litúrgica en la parroquia le hace dar vida en
1932 al Boletín Parroquial Litúrgico,
al paso que el sector mariano iba a ser
cubierto por la revista divulgativa
Madrede Dios, siempre en el mismo
año.
En
1933 realiza un viejo
sueño: dar a
los catequistas un instrumento que los ayudase en su trabajo y funda la
revista Doctrina y Hechos. En ella el P. Alberione anticipa el
“método integral”,
es decir un tipo de catequesis que debe interesar a todo hombre:
-
pensamiento, - compromiso
y -vivencia.
Siempre en el mismo año, constituye la
Unión para la lectura cotidiana del Evangelio, como una concreta
extensión de la obra bíblica comenzada por él en
1924.
En 1937
da comienzo a la revista para el clero: Pastor
Bonus, en latín...
Con estas iniciativas iban brotando otras
muchas en el campo del libro, primero, y después en el del cine, la
radio, los discos.
No se trataba sólo de producir una
revista, un libro que tal vez quedase en el depósito y no llegara a su
destinatario; sería como la homilía que el párroco preparara pero no
pronuncia: no sirve para nada. He aquí, entonces,
cómo inventa mil formas de "propaganda"
para difundir el mensaje y hacerlo llegar hasta las regiones más
distantes, hasta los pueblos más apartados.
¿Por qué? –Porque si el
hombre ya no viene a la iglesia, hay que llegar a él, con el evangelio
de la salvación, dondequiera que esté, con el lenguaje que le sea
comprensible hoy.
El empleo de los nuevos instrumentos
responde a esta ansia apostólica nunca apagada.
Con frecuencia, se dejaba llevar por los
sueños: hacer llegar la Biblia a todos en sus textos completos, en
ediciones para las familias o ilustrada para los niños y analfabetos...
Si no es suficiente con el libro, acudir al cine, a las filminas, al
disco...
Otras veces piensa en las iglesias –
teatro, en las salas de cine transformadas en iglesias...
El mapamundi está siempre sobre su
escritorio; lo mira, lo contempla, calcula habitantes y distancias y
sueña con centenares de miles de sacerdotes, religiosos y laicos
enamorados de Cristo y de los hombres, para reacercar las masas
descristianizadas o todavía paganas.
No quedaría completa esta reseña si no
mencionáramos los “riesgos calculados” de la misión evangelizadora como
la vivió y enseñó a sus discípulos el P. Alberione
En el sector de los medios de comunicación
prácticamente no había espacio para moverse, pues el estado había
monopolizado todo, implantando una censura severa y total.
En la situación de anarquía que se produjo
en Italia en los años '20, un militante de
izquierda blandió amenazadora una pistola contra los jóvenes paulinos
que, a raíz de una huelga, se habían ofrecido a publicar el diario
católico Il Momento , “Esta bala, dijo ese señor, era para
Alberione si se hubiera encontrado solo aquí esta noche.
“Cuando llueve, pasar entre gota y gota sin mojarse”. Y
lo logró, aunque no le faltaron ataques, vejaciones y obstáculos de todo
tipo. El P. Alberione
murió el 26 de noviembre de 1971 en Roma, a la edad de 87 años.
No olvidemos que la
mayor parte de su obra se desarrolló bajo la dictadura fascista
(1922-1945).
En ese clima adverso, el P. Alberione actúa sobre la base a una
expresión que no deja de ser paradójica:
Sus últimas palabras inteligibles fueron éstas:
“Muero... ¡Paraíso!.... ¡Ruego por todos!” Mientras estaba
en agonía, lo visitó Pablo VI
acompañado de algunos pocos íntimos. Fue el homenaje del supremo pastor
a uno de los más preclaros hijos de la Iglesia contemporánea.
En una página escrita por los años
'60, en plena lucidez, ante sus discípulos,
convocados desde todo el mundo al Primer Encuentro paulino
Internacional, se expresaba así:
“La mano del Señor está
sobre mí desde el año 1900 hasta 1960. Se ha cumplido la voluntad del
Señor, a pesar de la miseria del instrumento indigno e inepto. Desde el
tabernáculo vino la luz, la gracia, las llamadas, la fuerza, las
vocaciones: nos pusimos en camino... Siento el peso, ante Dios, y ante
los hombres, de la misión que me confió el Señor, quien, si hubiera
encontrado una persona más indigna e incapaz, la hubiera preferido. Sin
embargo, ésta es para mí y para todos la garantía de que fue el Señor el
que quiso obrar; Así como el artista toma cualquier pincel, bien barato,
en sus manos, y se pone a la obra, casi sin conocerla, aunque se trate
de un bellísimo Jesús, Divino Maestro.
“Estamos cimentados sobre
la Iglesia y el Vicario de Cristo, y esta convicción nos inspira
seguridad, alegría y valor".
En todo caso, el P. Alberione es el
instrumento elegido por Dios para esta misión, así que ha obrado por
Dios y según la inspiración y el querer de Dios; y es el instrumento
elegido porque todo fue aprobado por la mayor Autoridad que existe sobre
la tierra, y porque fue seguido hasta ahora por muchas personas
generosas.
“Nuestra vida comenzó en
Jesucristo y, como Jesucristo, en el pesebre: Gloria a Dios en los
cielos y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Puedo
atestiguar que todo fue hecho sólo y siempre con la luz que viene de la
eucaristía y en la obediencia; las aprobaciones de la Iglesia nos
aseguran que las instituciones (paulinas) son buenas y pueden llevar a
la santidad y que van de acuerdo a las necesidades de los tiempos”.
Verdaderamente él ha sido,
como Pablo, un instrumento elegido para anunciar el evangelio de Dios a
los hombres del siglo XX.
La
santidad es la virtud a alta tensión: es el impulso y la poesía del
bien...
El bien realizado de mala gana, con cuentagotas, como constreñido...
no es santidad.
El santo no es un hombre acabado, no es una conciencia a medias,
alguien incapaz de asumir su rol en la vida.
Para san Pablo, la santidad es la plena madurez del hombre;
es el hombre plenamente realizado.
El santo no se encoge sobre sí mismo; se desarrolla;
no se detiene en su crecimiento.
Su lema es progresar.
La santidad es vida, movimiento, nobleza, efervescencia de la buena,
no de la que va hacia abajo, sino de la que asciende.
Sitio Oficial
Sitio oficial de la
Beatificación del P. Santiago Alberione. Allí encontrará la historia
de su vida, fotos, testimonios, audio y toda la Ceremonia vivida el día
27 de abril de 2003, en donde Juan Pablo II lo declaró Beato.