Esta devoción (“estilo de vida”)
es la herencia que el Fundador nos ha dejado:
“No tengo ni oro ni plata, pero os doy
lo que tengo: a Jesucristo camino, verdad y vida”.
Es la síntesis de la personalidad
completa del paulino: “En nuestro Instituto tiene auténtica y
recta personalidad quien vive integralmente el ideal paulino,
según su estado y aptitudes”.
"Para la Familia Paulina Jesucristo es el Maestro, en Él está la
clave y el fin de toda la historia humana"
“La
Familia Paulina tiene una sola espiritualidad: vivir
integralmente el evangelio; vivir del Divino Maestro...”
“Aspira
a vivir integralmente el evangelio de Jesucristo, camino,
verdad y vida, en el espíritu de san Pablo, bajo la mirada
de la Reina de los Apóstoles”. “Este es el gran secreto de
la vida espiritual: configuración con el Divino Maestro.
Aquí está la fuente, el camino y la corona de nuestra
vitalidad y expansión”.
Es un
principio inspirador indispensable:
Para intuir e introducirnos en
la circulación de amor de la Trinidad;
Para comprendernos a nosotros
mismos;
Para comprender la función
primaria de la comunidad en su camino de formación, en base
al modelo de Comunidad trinitaria:
comunidad de amor,
comunidad de interacción-comunidad liberadora.
Dios se expresa y se
manifiesta como “Amor” porque es trinitario.
Cristo Maestro revela la Trinidad:
- Como Verdad nos revela al
Padre;
- Como
Camino se manifiesta a sí mismo en cuanto Hijo y
Palabra del Padre;
- Como Vida,
nos revela la relación de amor entre el Padre y el Hijo, que
es el Espíritu.
Nosotros hemos sido creados a
imagen de Dios; somos nosotros mismos
“trinidad”; pero a causa del pecado, somos una
“trinidad fallida”, aun permaneciendo, por el designio
original de Dios, como “trinidad encarnada”.
Invocaciones a Jesús Maestro
Jesús, Maestro,
santifica mi mente Y aumenta mi fe. Jesús, Maestro de la
Iglesia, Atrae a todos a tu escuela.
Jesús Maestro, líbrame
del error, de los pensamientos vanos y de las tinieblas
eternas.
Jesús, camino entre el
Padre y nosotros, te lo ofrezco todo y todo lo espero de ti.
Jesús, camino de santidad,
hazme fiel discípulo tuyo.
Jesús camino,
hazme perfecto como el Padre que está en los cielos.
Jesús vida, vive en mí
para que yo viva en ti. Jesús vida, no permitas
que me separe de ti.
Jesús verdad,
que yo sea luz del mundo. Jesús camino, que yo sea
ejemplo y modelo para los hombres.
El P. Alberione hace
suya esta expresión de Dubois.
Mente, voluntad y corazón – las tres
“dimensiones” de nuestro
ser, que antes del pecado eran felizmente reconducidas a la
unidad de la persona – están con frecuencia en contraste
dentro del hombre; “El bien que
quiero hacer no lo hago; el mal que no quiero hacer, eso es
lo que hago... ¿Quién me librará de este ser mío
presa de la muerte? (Rom.) 7,19 –24).
La redención es el trabajo de
reconstrucción que Dios lleva a cabo a través de Cristo, en
esta imagen interior suya que es el hombre. Pero es un trabajo de
reconstrucción que parte de lo profundo: Cristo, por medio
de su Espíritu, se convierte en el principio unificador de
nuestras “dimensiones”:
a)
como Verdad, ilumina nuestra mente para que se
uniforme con el Padre y viva su fidelidad;
b) en cuanto Camino,
guía nuestra voluntad a fin de que sea conforme al Hijo,
cuyo único deseo era cumplir la voluntad del Padre, para
que, como él, también nosotros lleguemos a ser “palabra del
Padre”;
c)
como Vida, calienta e inflama nuestro corazón,
para un “ágape” con los hermanos y para una armonía consigo
mismo.
“Toda la vida
paulina debe injertarse en Jesús Maestro, camino, verdad y
vida.... Conformar la vida a Jesús Maestro, no es un simple
consejo, es la esencia de la Congregación; es ser o no ser
paulinos”
La cristología trinitaria
parte de la vida de comunión que debe reflejarse también en
la vida comunitaria. Cada comunidad debería, pues, reflejar
en su ser y en su actuar la vida de la Trinidad:
a)
vida de amor en sentido vertical y horizontal:
buscar el uno el bien del otro, como el Padre para el Hijo;
b) se
vive en común para que el individuo halle en la comunidad el
lugar adecuado para co–edificar y madurar espiritual y
apostólicamente; ser palabra de Dios y
transparencia suya como el Hijo;
c) en
la medida en que vivamos en comunión con Dios y caminemos en
su Espíritu, estaremos en comunión con los
hermanos: vivir el amor que libera y la comunión en el
Espíritu Santo:
También D. Bruno Forte
hace su lectura teológica del principio inspirador del P.
Alberione y de su espiritualidad, a partir de
Jesucristo comino, verdad y vida.
En cuanto camino, verdad y vida, Jesús se hace
contemporáneo.
Cristo entra en la dinámica de la historia, precisamente
bajo el aspecto que más necesita el hombre de hoy. “Si
queréis el problema de la contemporaneidad de Cristo no es
otro que el de salvar lo que Lessing, un iluminista
alemán, llamaba el “horrible foso” que nos separa de
Cristo”. Entonces, ¿cómo lograr que quien vivió a tanta
distancia de siglos, sea hoy el Maestro, el camino, la
verdad y la vida? Y ¿cómo conseguir que Cristo sea el que
vive en mí? ¡Este es también el interrogante del
P. Alberione! Es más: el
anhelo de su vida se puede compendiar en la expresión
paulina – que el P. Alberione cita ¡nada menos que 150
veces! –de Gál, 2,20: “Vivo yo,
pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí”.
¿Cómo actualizar hoy esta expresión paulina? ¿Cómo realizar
este encuentro y conseguir que el hombre de hoy pueda vivir
la experiencia de Cristo?
a) Los caminos de Dios son
numerosos porque el Espíritu sopla donde quiere. Pero
existen unos lugares privilegiados donde Jesús se hace para
nosotros Verdad: la Palabra de Dios como la trasmite la
Iglesia. Los signos de los tiempos y la necesidad y el
testimonio del amor.
b) La acción del Espíritu no
es controlable. Sin embargo, hay unos lugares privilegiados
en los que el Espíritu hace presente, contemporáneo del
hombre, a Jesús libre y liberador, Camino hacia el Padre: la
comunidad de salvación, la Iglesia, y la praxis de
liberación del hombre, abierta explícita o implícitamente al
reino futuro de Dios.
c) El Espíritu puede suscitar
y de hecho suscita formas continuamente nuevas para hacer
contemporáneo a Cristo Vida y comunicador de vida. Pero es
posible distinguir dos lugares privilegiados en los que el
Señor vivo y vivificador se hace presente en nuestro hoy:
los sacramentos de la Iglesia y la experiencia del dolor
humano.
La relectura pascual de la
historia de la conciencia, de la libertad y de la finitud de
Jesús de Nazaret, muestra, pues, que él es el profeta
escatológico, revelador del Padre; el rey – siervo,
liberador del mundo; el sacerdote de la nueva y eterna
alianza, vencedor de la muerte y vivificador: la verdad, el
camino y la vida. Sólo por Cristo, vamos en el espíritu al
Padre y sólo por él el Padre viene en el Espíritu a
nosotros. Sólo en clave trinitaria logrará la Familia
Paulina encontrar su identidad.
Actualizar y realizar este
mensaje en el presente de la historia y lograr que Cristo
sea hoy, en nuestro presente, nuestra experiencia, es decir,
el camino, la verdad y la vida, equivale para el P.
Alberione a asentarse totalmente en Jesús Camino, voluntad
nuestra, Verdad, nuestra mente, y Vida, nuestro sentimiento
Este es, pues, el anhelo del
P. Alberione: conseguir que el hombre de nuestros días pueda
vivir la experiencia de Cristo; lograr que el “foso” de los
siglos pueda superarse de tal manera que Quien estuvo vivo y
se volvió a aparecer vivo a nuestros padres en la fe siga
siendo para nosotros el Señor vivo de nuestra vida. El P.
Alberione fue un hombre que comprendió que el verdadero
drama del hombre moderno radica en la dificultad de vivir la
experiencia de Cristo vivo e intuyó que la urgencia
fundamental es el descubrimiento de Cristo camino, verdad y
vida.
Esta intuición del P.
Alberione es indudablemente un don del Espíritu a la Iglesia
y a toda la humanidad.
San Pablo apóstol
"La Familia Paulina ha
sido querida por san Pablo para continuar su obra; es san Pablo
vivo, que hoy está compuesto por muchos miembros"
La Familia Paulina reconoce y
venera a san Pablo apóstol como protector y fundador. Este es el
querer de Dios manifestado con signos claros al P. Santiago
Alberione.
Alberione presenta a san Pablo como modelo y forma: “San Pablo
es nuestro modelo. Él se propone a sí mismo como ejemplo, pero
no como ejemplo absoluto, sino en la medida y en el modo como él
imitaba a Jesucristo, que es verdaderamente el modelo absoluto
de toda perfección. Dice él: Me he hecho forma para vosotros”.
¿Qué quiere decir forma? Los paulinos y paulinas de todos los
tiempos deben hacer un calco de san Pablo.
Cuando Alberione habla de devoción
a san Pablo, la entiende en el sentido integral, como se
desprende del significado del término mismo: volcar toda nuestra
vida a un fin, para Cristo, vivido en su plenitud por san Pablo.
Alberione nos enseña cómo debemos considerar a san Pablo. Hay
que aprender tanto de su vida como de su enseñanza: “conocer
mejor a san Pablo; se ha escrito mucho sobre su personalidad
humana y espiritual; pero todavía queda mucho por decir...”
Él es el Maestro por excelencia, ya que, como Cristo, comenzó
actuando y luego enseñando”. Con toda justicia se considera
“maestro y doctor de todas las gentes”, ya que su apostolado se
extendió a todos los pueblos.
La característica de su enseñanza
es la universalidad; es el denominador de la historia.
Es el apóstol: “Vio en Pablo verdaderamente al Apóstol; por
consiguiente, todo apóstol y todo apostolado podían aprehender
de él.
Es el orante en comunión íntima con Cristo. Esta comunión
continua con la fuente llevó a Pablo a comprender a Cristo y a
sentir como urgencia personal su divina voluntad de salvación.
Así, “él no le reconoció al apostolado más eficacia que la de la
oración”; por una parte, lo ensimismaba en Cristo, hasta hacer
de él “el primer místico”, el doctor de la vida mística en
Cristo”, por otra, le permitía conocer a fondo la mente de
Cristo y ser su fiel intérprete en el ejercicio del apostolado.
Es el intérprete de Cristo. Esta es la expresión corriente del
P. Alberione cuando quiere definir el valor apostólico de san
Pablo: “Intérprete de cristo”. “El más afortunado –el más
grande-, el más completo imitador de Cristo”. En todo, san Pablo
pone siempre como centro el pensamiento de Cristo.
Oración a San Pablo
Apóstol san
Pablo, que con tu doctrina y tu amor has evangelizado al mundo
entero, mira con bondad a tus hijos y discípulos.
Todo lo esperamos de tu
intercesión ante el divino Maestro y ante María, Reina de los
apóstoles.
Maestro de los gentiles,
ayúdanos a vivir de fe, a salvarnos por la esperanza y a que
reine en nosotros el amor.
Concédenos, elegido de Dios,
una dócil correspondencia a la gracia, para que no sea estéril
en nosotros.
Danos conocerte, amarte e
imitarte cada vez mejor, para ser miembros vivos de la Iglesia,
cuerpo místico de Jesucristo.
Suscita muchos y santos
apóstoles que aviven el cálido soplo del verdadero amor,
extendiéndolo por todo el mundo, de modo que todos los hombres
conozcan a Dios Padre y a Jesús Maestro, camino, verdad y vida.
Tú sabes, Jesús, que
desconfiamos de nuestras propias fuerzas.
Concédenos, por tu
misericordia, ser protegidos de toda adversidad por la poderosa
intercesión de san Pablo, nuestro padre y maestro.
Es el misionero. Para poder
realizar el designio de Cristo, Pablo llega a ser el misionero
por antonomasia. El P. Alberione se queda fascinado por él y,
teniendo en cuenta ciertas perspectivas del apostolado moderno
(la difusión, la necesidad de ir al encuentro de los hombres
allí donde no llega la presencia del sacerdote), repite con frecuencia esta
palabra: San Pablo es el gran “caminante” de Cristo.
Por un lado, está la elección que
el P. Alberione hace de este santo, que siempre despertó en él
admiración y asombro, por el equilibrio de su vida, y por otro,
se da un cierto predominio de la gracia sobre la naturaleza, que
le lleva decir que no ha sido él quien eligió a san Pablo, sino
que ha sido san Pablo quien nos ha elegido a nosotros.
Es “arquitecto de la Iglesia”.
Tuvo una acentuada capacidad de organización. Lo define como
“sabio arquitecto”. Fundó numerosas y fervientes comunidades en
Asia Menor y en Macedonia, y en las otras ya fundadas su
presencia fue siempre significativa.
Es, sobre todo, el hombre del equilibrio. El P. Santiago
Alberione ve en san Pablo la síntesis perfecta: la integración
en admirable unidad de los elementos, aparentemente opuestos,
que hacen del hombre instrumentos de Dios. El P. Alberione
subraya en san Pablo la completa fusión de las dos formas de
vida (contemplativa y activa), de donde nace el auténtico
apóstol.
En la historia carismática de la fundación, el P. Santiago
Alberione afirma con toda certeza que la figura de san Pablo
como protector de la familia Paulina le fue "c“mo” impuesta por
una intervención inspiradora del mismo Pablo: “...todos han de
considerar a san Pablo apóstol como único Padres, maestro,
modelo y fundador. Porque de hecho lo es. Por él nació la
Familia Paulina, por él fue alimentada, él la hizo crecer, y de
él asumió su espíritu...”
María Reina de los Apóstoles
"María es la Reina de los Apóstoles porque ejerce y supera todo
apostolado, ella da a Jesús al Mundo"
Oración ecuménica a
María
Dios te salve María, madre, maestra y reina nuestra. Escucha con
bondad la súplica que te presentamos según el deseo de Jesús:
Rogad al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.
Vuelve tus ojos
misericordiosos hacia todos los hombres. Muchos andan
extraviados en las tinieblas, sin padre, sin pastor y sin
maestro.
En ti, María, encontrarán
ellos la senda para llegar a Cristo, pues el Padre te ha
constituido “apóstol” para dar al mundo a Jesús, camino, verdad
y vida.
Por ti, todos los católicos
actúen con todas las energías por todas las vocaciones, por
todos los apostolados.
Por ti, todos los creyentes
por todos los no creyentes; todos los comprometidos por todos
los indiferentes; todos los católicos por todos los no
católicos.
Por ti, todos los llamados
sean fieles a su vocación, todos los apóstoles sean santos,
todos los hombres les escuchen.
Al pie de la cruz tu corazón
se dilató para acogernos a todos como hijos. Danos un corazón
apostólico, modelado según el de Jesús, según el tuyo y el de
san Pablo, para que un día podamos estar juntos contigo en la
casa del Padre.
Bendice a tus hijos, María,
madre, maestra y reina.
“Ser para Cristo”: ésta es la
esencia espiritual de María. El P. Santiago Alberione,
organizador de obras apostólicas para los nuevos tiempos,
escruta atentamente en la palabra de Dios el sentido del
“apostolado”, y descubre en María la realización original y
perfecta esa específica tarea apostólica de todo llamado:
“engendrar” y “formar” a Cristo en los hombres.
Si el apostolado es, en sentido integral, engendrar y hacer
crecer a Cristo en los hermanos, María es la expresión misma del
apostolado: ella engendró y dio a Cristo al mundo. De esta
intuición toma todo su valor el apostolado de las ediciones en
sentido amplio: “Con el nombre de “edición” no se entiende sólo
el libro; entendemos también otras cosas. La Palabra “edición”
tiene múltiples acepciones: edición del periódico, edición de
quien prepara el guión de una película, o los temas que quiere
comunicar por otros medios de comunicación social.
María, “lleva siempre a Jesús, como la rama su fruto, y lo
ofrece a los hombres. Ella irradia a Jesús. El verbo “irradiar”
indica la naturaleza del apostolado, que es siempre y ante todo
“recepción”, “asimilación” y “testimonio” de ese Cristo que
anuncia y se da. Y sabemos que en María esto tiene sentido mucho
más profundo que en el caso de cualquier otro apóstol o santo.
María nos da a Cristo Maestro, Camino, Verdad y Vida. Y nos lo
da todo entero. Su acción no se agota en “dar a Jesús”, sino que
pretende formarlo en los hombres. Por eso, María “forma y
alimenta el Cuerpo místico”. De este modo se convierte en modelo
de todo apostolado: “María nos dio a Jesús y con él todo los
bienes; todo bien. Los santos y los corazones apostólicos
realizan un apostolado parcial: María lo realiza plenamente.
Ella es apóstol universal, en el espacio, en el tiempo y en los
individuos. Los apostolados y los apóstoles actúan en tiempos y
lugares determinados; María da siempre, da en todas partes; y
todo nos llega a través de María. Esta es su vocación y su
misión: la de dar a Jesucristo”.
Esta es la razón por la que el P. Santiago Alberione, afirma que
“la cristianización del mundo” se logrará a través de María;
éste es el camino “más fácil y seguro” para la conversión de
todos: siempre que se la reciba en la vida.
Por ser modelo fundamental para quien ha sido llamado a dar a
Jesus al mundo, María es Reina, es decir, el vértice sumo y
perfecto, la inspiradora y protectora de toda misión apostólica
y de todo grupo o persona que se mete en el campo del
apostolado.
Los maternales cuidados de María
se dirigen de manera especial a los apóstoles –sacerdotes,
religiosos y religiosas y laicos consagrados- que continúan en
la Iglesia su misión de “dar a Jesús al mundo”. Y no sólo eso,
sino que se convierte para este escuadrón de personas en
consejera, consuelo y fuente de energías, como lo fue para los
apóstoles reunidos en el cenáculo a la espera del Espíritu:
“María tiene el cometido de formar, sostener y coronar de frutos
a los apóstoles de todos los tiempos”.
De aquí nace una enérgica invitación a volver a las fuentes: la
primera devoción que encontramos en la Iglesia es la devoción a
la Reina de los Apóstoles, como se manifiesta en el cenáculo.
En un mundo en que los problemas de toda índole se multiplican
hay que multiplicar los apostolados, o sea, las posibilidades de
intervenir y de comunicar a Cristo. Es, por tanto, “la hora de
la Reina de los Apóstoles”.
Por eso se le ha confiado a ella
el cometido de llamar a los apóstoles y de suscitar apostolados.
Esta es la dinámica mariana para nuestro tiempo; y el
P.
Santiago Alberione encuentra cuatro motivos para ello:
1- María realizó y sigue realizando lo que hacen todos los
apóstoles juntos.
2- María tiene la tarea de formar,
sostener y coronar de frutos a los apóstoles de todos los
tiempos.
3- Por María se debe llevar a cabo
la cristianización del mundo.
4- María, además de las formas
generales de apostolado, ejerció y ejerce también las
particulares:
- el apostolado de la vida interior; el apostolado de la oración;
- el apostolado del testimonio; el apostolado del sufrimiento;
- el apostolado de la Palabra; el apostolado de la acción.
Durante toda su
vida, el P. Alberione cuidó personalmente el libro de la
Oración de la Familia Paulina.
Quería que fuese un instrumento de
unidad de sus diferentes institutos, para mantener el mismo
espíritu y apuntar juntos a la misma misión.
Aceptación de la voluntad de Dios
Señor, ignoro lo que hoy pueda sucederme.
Pero sé que nada me acontecerá que tú No hayas previsto y
dispuesto Para que redunde en bien mío.
Esto sólo me basta. Alabo tus santos
designios, Eternos e inescrutables, y a ellos me someto De
corazón por amor tuyo.
Te ofrezco todo mi ser y asocio mi oblación A
la de Cristo salvador.
En su nombre, y por sus méritos infinitos, Te
pido aceptación cristiana en el sufrimiento, Y sumisión
perfecta a tu voluntad, A fin de que cuantos dispones y
permites, Sea para mayor gloria tuya y santificación mía.
Para pasar bien el día
Querida y tierna madre mía, María:
Ampárame, cuida de mi mente, de mi corazón y mis sentidos,
para que no cometa pecado alguno.
Santifica mis pensamientos, afectos, palabras y obras, para
que te agrade a ti y a Jesús, mi Dios, y alcance así la
salvación.
Jesús y María, dadme vuestra santa bendición.
En
el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.